Una mirada desde el Sur al arte global reabre el Moderno

“Targets” del estadounidense Jasper Johns. / Gentileza.

En una pared está colgada la pintura Targets (1966) del estadounidense Jasper Johns. Se ve un objetivo de rayas circulares, como los que se usan en el tiro al blanco. “Es un ícono de los comienzos del arte pop, todavía con resabios del expresionismo abstracto norteamericano”, explica Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Al lado, Colombia (1976), del artista de ese país Antonio Caro, en el que el nombre de su nación se presenta con tipografía y colores icónicos de la marca Coca-Cola. “Hace una crítica al capitalismo y a todo un cambio civilizatorio”, amplía la directora. Una obra latinoamericana transforma el sentido de otra estadounidense. La resignifica. Y el pop global se vuelve más político.

Esa es una de las apuestas con la que el museo de la avenida San Juan se reinaugura el jueves: vincular trabajos del siglo XX que casi en simultáneo se realizaban en América del Sur, Europa y América del Norte. El discurso creativo de la región incorporándose a los cánones globales, sin que sea visto como exótico. Muy cerca de las obras de Caro y Jaspers aparece, en el suelo, una mancha de sangre -hecha con resina-, creada en 1966 por el argentino Ricardo Carreira. En estas tierras, se vivían épocas de violencias y de dictaduras.

La megaexposición Historia de dos mundos presentará 500 obras en el renovado edificio: 100 pertenecen a la institución de San Telmo, 105 vienen de la colección del Museo de Arte Moderno de Frankfurt (MMK), y más de 300 de colecciones públicas y privadas de Europa, EE.UU. y el país. Entre noviembre y abril, la propuesta ya se exhibió en Alemania.

“Colombia”, del bogotano Antonio Caro. / Gentileza.

Pero el próximo jueves no sólo abre puertas una ambiciosa muestra internacional. El Museo de Arte Moderno porteño culmina diez meses de refacciones que lo llevarán a ocupar 11.000 metros cuadrados, duplicando el espacio dedicado a las exposiciones, unos 4.000 metros cuadrados. Pasa a tener, en total, la misma superficie que el Museo Nacional de Bellas Artes y a ser uno de los más grandes en la ciudad.

En medio de los trabajos hubo un ajuste: en 2017 se había informado que, al sumar una parte de la manzana que había pertenecido al Museo del Cine (sobre San Juan y Defensa), pasaría a tener unos 14 mil metros cuadrados. En aquel momento, se publicó un presupuesto de 62 millones de pesos, con 18 provistos por el sistema de mecenazgo porteño. El presupuesto final se confirmará en los próximos días.

Mientras avanzan los últimos retoques, en su interior ya se ven pasillos largos que conducen a nuevas salas. A la escalera tradicional, en el ingreso, se suma otra a modo de escultura sobre uno de los laterales que facilitará la circulación. También nace un café vinculado arquitectónicamente con la tienda de recuerdos.

Noorthoorn explica la exposición como un hito, ya que un museo europeo abrió su patrimonio a curadores argentinos. “Fue una invitación a revisar la colección del MMK (tiene fuerte presencia de obras de los ‘60 y ‘70) y a ponerla en diálogo con la nuestra. Con el curador Javier Villa, propusimos estudiarla a través de una perspectiva sureña: cómo la historia del arte latinoamericano puede aportar otras miradas y otros discursos”. El vínculo nació por un programa de la Fundación Federal de Cultura Alemana.

Un desnudo pintado por Bacon. / Gentileza

“Imagen agonica de Dorrego”, de Yuyo Noe.

Pero, ¿por qué la exposición Historia de dos mundos se presenta como particularmente atractiva? Incluye obras clave y abarca un período que va de 1944 a 1989 en el arte occidental. Villa explica: “Mientras Europa está en la Segunda Guerra Mundial, acá nace una vanguardia”. Muchos artistas habían suspendido viajes al Viejo Continente para desarrollar aquí nuevos lenguajes: el recorrido se abre con el arte concreto rioplatense. El momento en que “la obra empieza a romper el formato tradicional moderno, a partir del ‘44, algo que después se dará en Europa”, agrega.

En ese tiempo, surgen las pinturas de marco recortado que permitían la relación de la obra con su espacio circundante. Menos límites. También, las esculturas articuladas, que dejan que el espectador modifique la pieza, sumando las dimensiones tiempo y movimiento. La muestra evoca ese movimiento surgido en Buenos Aires y Montevideo y se verán trabajos como la escultura móvil en madera Röyi (1944) de Gyula Kosice.

Se verán piezas de León Ferrari, Antonio Vigo, Warhol y On Kawara, entre otros.   

También, una sala con nueve obras del ítalo-argentino Lucio Fontana (1899-1968), puente entre lo local y Europa. El artista que cambió la superficie al hacerles largos tajos a sus pinturas. Fontana, cuyos trabajos cotizan en millones, creó en el país entre 1940 y 1947. Apenas regresado al Viejo Continente publicó el Primer Manifiesto del Espacialismo e influyó en artistas como el francés Yves Klein y el italiano Piero Manzoni.

Un diálogo fuerte que se verá: Desnudo (1960), pintura del británico Francis Bacon e Imagen agónica de Dorrego (1961), de Luis Felipe Noé -ambos trabajos en las reproducciones que acompañan esta nota- . “Las dos muestran cómo en los ‘60 se empieza a romper la figuración y a deformar la figura humana, también en relación con la violencia de la época”, señala Villa. “Se ven dos ideas distintas de la nueva figuración en Euroa y América Latina.” No es casual que muy cerca se presente una serie de retratos de personas afectadas por la explosión nuclear, Thanatophanies (1955-56), que el artista japonés On Kawara realizó antes de radicarse en Nueva York.

Las conexiones entre obras de distintos continentes serán constantes. Por ejemplo, un “estudio de la pincelada” ilustrado con el vínculo de tres obras en color negro, una del argentino Kenneth Kemble, otra del alemán Gerard Richter y la tercera, una ironía pop del estadounidense Roy Lichtenstein.

“Hubiera sido lindo que se conocieran”, introduce Noorthoorn. Se refiere al artista de La Plata Eduardo Antonio Vigo y a On Kawara. Se exhibirán juntas Biopsias, un archivo privado del argentino en el que documentó temporalmente todas sus obras y proyectos, y las pinturas de campo monocromo tituladas Hoy del japonés, que desde 1966 hasta 2014 documentaba el día y el lugar en el que estaba pintando. Dos maneras de analizar el tiempo y su huida.

Las obras dialogan sobre contextos políticos difíciles, sobre la historia del arte, sobre rupturas. En una sala, la argentina Margarita Paksa traza mapas sobre hipotéticos movimientos de las guerrillas, mientras que el alemán Franz Mon propone un alfabeto que se va ennegreciendo hasta que deja de verse.

Hay obras de insoslayables: Andy Warhol, León Ferrari y Alberto Greco, entre otros. Menú suculento.

Historia de dos mundos.

Con curaduría de Klaus Görner (MMK), Victoria Noorthoorn y Javier Villa.

Visitas.

Se inaugura el jueves 12, a las 19.30, en el Moderno, Av. San Juan 350. Luego, martes a viernes, 11 a 19. Sábados, dom. y feriados, de 11 a 20. Entrada: $ 30.