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Space Invaders: el clásico inoxidable de los fichines cumple 40 años

El japonés Tomohiro Nishikado, el padre de Space Invaders.

Unos extraterrestres descienden en formación dispuestos a destruir la Tierra. Desde la parte inferior de la pantalla, el jugador, parapetado entre unas defensas que poco a poco se van haciendo añicos, debe disparar con precisión para evitar que los invasores alcancen su objetivo. En el verano de 1978 los extraterrestres de Space Invaders cambian para siempre la historia del videojuego.

La llegada de los “marcianitos” —como así eran conocidos coloquialmente en habla hispana—, unida a los avances tecnológicos de aquel momento, como la estandarización de los microchips, propiciaron el comienzo de una de una época de efervescencia que inundaría los salones recreativos de todo el mundo. Fueron años de innovaciones tecnológicas, de personajes icónicos y de negocios multimillonarios. Las consolas domésticas empezaban a llegar de forma masiva a las casas, pero sus simplones juegos nada tienen que ver con aquello que los jugadores podían experimentar frente a una máquina arcade.

Años después de que la norteamericana ATARI lanzase PONG (1972), el primer juego de recreativa de éxito comercial de la historia, muchos ya estaban cansados de puntos moviéndose por la pantalla y de jugar una y otra vez a variantes de este título. Es entonces cuando un nuevo juego removió los cimientos de la incipiente industria del ocio electrónico y, por sorprendente que parezca, ese juego no vino de los Estados Unidos, sino de Japón.

Entre las razones que hicieron que Space Invaders fuera un descomunal éxito podría citarse su mecánica de juego, tan sencilla como tener que vaciar la pantalla de enemigos, pero al mismo tiempo tan intensa como adictiva. Una mecánica que acabaría dando forma a un género entero, los shoot ‘em ups, juegos de disparos en los que el jugador debe controlar a un personaje o a un vehículo, generalmente una nave espacial, que debe disparar a un enjambre de enemigos que se le vienen encima al tiempo que evita ser abatido.

Con la llegada de Space Invaders se revitalizó toda la industria del videojuego, pero, Taito, su compañía responsable, no era precisamente nueva en este negocio. Desde los años cincuenta llevaba dedicándose a la fabricación y distribución de máquinas electromecánicas, un sector que siempre había estado ligado al del videojuego. De hecho, el primer arcade japonés, Elepong (1973), una copia del PONG de ATRAI, estaba producido por esta compañía.

Un año después del estreno en cines de Star Wars (1977), la fantasía galáctica surgida de la mente de George Lucas ya formaba parte de la cultura popular. Tomohiro Nishikado ha citado en más de una ocasión la influencia de esta película en Space Invaders , como también de la clásica novela de ciencia ficción La Guerra de los Mundos (1987) del novelista inglés H.G. Wells, o incluso de Break Out , el popular juego producido por ATARI al que este ingeniero japonés se propuso superar con su nueva creación.

Como muchos desarrolladores de esta época, Nishikado era un auténtico hombre orquesta. Fue capaz de encargarse del diseño del hardware, la programación, el sonido y el arte del juego, en este caso unos extraterrestres pixelados que acaban convirtiéndose en un verdadero icono de la cultura popular. Space Invaders fue el primer gran videojuego creado en Japón y sirvió de inspiración para toda la generación de brillantes creadores en este país.

Con alrededor de 350.000 máquinas vendidas y 2.000 millones de dólares de facturación en todo el mundo (¡en 1982!), Space Invaders es el segundo arcade de más éxito de todos los tiempos, solo por detrás Pac-Man (1980). Su éxito en Japón fue tal que propició la apertura de establecimientos consagrados únicamente a este juego. Un fenómeno que el mismo 1978 se extendería por todo el planeta y que culminaría con la llegada del juego a los sistemas domésticos. Sin ir más lejos, la versión de Space Invaders para la consola Atari 2600 fue el primer videojuego en alcanzar el millón de unidades vendidas.

La fiebre desatada por los marcianitos a finales de los setenta propició la aparición de decenas de títulos clónicos con invasores del espacio y mecánicas muy similares. Tanto es así, que aun hoy, siguen apareciendo nuevas versiones. Una de las últimas es Space Invaders Gigamax , una espectacular vuelta de tuerca sobre este clásico pensada para que diez jugadores cooperen entre sí, y que desde principios de 2018 puede jugarse en Tokyo proyectado sobre grandes edificios. Cuarenta años después, proteger la Tierra de una invasión sigue siendo algo muy divertido.

(Fuente: La Vanguardia)