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Por qué la abdicación del emperador puede descontrolar a las computadoras de Japón en 2019

El 1 de diciembre de 2017, Akihito anunció al mundo que dejaría el trono de Japón en 2019. (EFE)

En el año 1999 el mundo se la pasó hablando del efecto que podía tener el gran cambio de calendario en las computadoras.

El “Y2K”, como se lo conocía, amenazaba con un descalabre global en los sistemas que usaban empresas e industrias enteras (financieras, de servicios) cuando la fecha gregoriana pasara a terminar en 00 por primera vez en la historia de la informática.

Al final, se gastaron miles de millones de dólares en todo el mundo (incluso en la Argentina) y no pasó nada.

Ahora, Japón enfrenta a un fantasma similar. Y la razón es nada menos que la abdicación de su emperador.

A fines del 2017, Akihito (de 84 años) anunció que se convertirá en el primer emperador en abdicar el trono en 200 años. Y la fecha del traspaso de la corona a su hijo Naruhito será el 1 de mayo de 2019.

La llegada de cada nuevo monarca en Japón marca el comienzo de una nueva era en el calendario. En 1989, Akihito había puesto fin a la era Showa e iniciado la era Heisei. Su heredero abrirá una nueva era.

Allí el problema. Akihito ha reinado Japón durante casi toda la historia de las computadoras personales e internet. Y los softwares adaptados a su país están configurados para trabajar con el nombre de la era que él comenzó.

La pregunta, entonces, es cuál será el nombre de la próxima era. Y, desde ya, todavía no se sabe.

Las costumbres japonesas dictan que, por respeto a un emperador saliente, no se puede anunciar el nombre de la era que lo sucederá. Se estima que el nombre de la próxima era podría conocerse, con suerte, a fines de febrero de 2019.

“La magnitud de este evento en los sistemas informáticos que usan el calendario japonés puede ser similar al evento del Y2K con el calendario gregoriano”, señaló Shawn Steele, un especialista en la globalización de productos en Microsoft. Y advirtió: “Una vez que cambie la era será demasiado tarde para evaluar problemas de compatibilidad”.

Para Windows 10 su empresa ya tomó precauciones para mitigar el efecto e incluyó una función para que los usuarios puedan evaluar si los programas con los que trabajan funcionarán después del 1 de mayo del año próximo. “Cuando el nombre final sea anunciado, se brindará una actualización (…) con el nombre oficial de la nueva era”, adelantó Steele.

“Varios sectores podrían enfrentar problemas, como el servicio de correo, las máquinas que venden pasajes de transporte público y los bancos”, recalcó Anne-Léonore Dardenne, una experta en asuntos públicos de Japón, al sitio Digital Trends. 

Por ejemplo, amplió, “el registro de pago de impuestos podría ser problemático, así como la impresión del Juminhyo, un registro de domicilios residenciales que mantienen los gobiernos locales”. De todos modos, la agencia tributaria anunció en mayo que después de la abdicación seguirá usando el nombre de la era Heisei para evitar confusiones.

“También podría volverse imposible sacar plata de cajeros automáticos. El calendario japonés es usado en casi todos los documentos oficiales”, señaló Dardenne, y agregó: “Por razones políticas, el gobierno, las entidades públicas y las organizaciones financieras usan este calendario”.

Además, estimo que fuera de Japón no habría de sentirse el impacto, porque la mayoría de las empresas japonesas con relaciones con el extranjero ya están adaptadas al calendario gregoriano. Pero, advirtió que podrían surgir nuevas estafas en relación al cambio de era.

Una peor secuela podría sufrir Unicode (UTC), la organización de estándares internacionales que, entre otras cosas, controla los emojis. Las eras imperiales de Japón están representadas en un carácter especial, y deberá ser actualizado para todo el mundo cuando se conozca el nombre de la era.

Hoy, la era Heisei se simboliza con el carácter ㍻, cuyo punto de código es el U+337B. 

“El problema, en este caso, es que aunque ya sabemos el punto de código para el nuevo carácter, U+32FF, que UTC ya reservó desde enero, no podemos saber cuál será el contenido de ese código hasta que se anuncie el nombre de la era”, explicó Ken Whistler, en un memorando de Unicode.

Allí señaló que el problema para la organización es que actualizar sus estándares le supone un uso intensivo de recursos. “El equipo necesario para cumplirla con simpleza no va a tener los tiempos disponibles para ejecutar una actualización de Unicode completa y normal como para conseguir agregar rápidamente sólo este carácter”, recalcó Whistler, adelantándose a las discusiones que llevará la organización en su próxima cumbre de septiembre.

Fuentes: Microsoft, Unicode, Digital Trends, The Guardian