• El 40% de los empleados públicos cobró el plus por presentismo
    • Un adelanto del ajuste, el pacto sindical y Carrió contraataca en la Justicia
    • Cristina Kirchner vs. Claudio Bonadio: recelos, favores y un cuarto round en Tribunales
    • Sigue la búsqueda de Claudio Uberti que está prófugo desde el viernes
    • Margarita Stolbizer dijo que la causa de los cuadernos "es una parte" y apuntó al flujo de dinero "en las áreas de subsidios"
    • Gerardo Morales quiere casarse pero, por ahora, no puede

El camión con robots que hacen pizzas recibe una inversión multimillonaria

Silicon Valley es el “mágico” lugar donde por cada invento trascendente como el iPhone o Google aparecen cientos o quizá miles de productos y plataformas que eran ridículas en retrospectiva pero no quita que en su momento algunas mentes brillantes decidieran invertir en ellas cantidades ingentes de dinero. El caso de Zume es curioso y, sinceramente, no sabemos muy bien en qué cesto ponerla.

La premisa es sencilla: si las pizzerías se pudieran mover y tener las pizzas listas para empezar a hornearse justo cuando el cliente aprieta un botón, todo en la vida sería más fácil. Quizá.

Zume tiene tres camiones horneadores que recorren las calles del sur de San Francisco en espera de clientes, como si de taxis se tratase. Una vez que se detecta un pedido, uno de los múltiples hornos del camión se activa y el conductor se dirige a la dirección de entrega.

Esta idea ha sido meritoria de más de 50 millones de dólares en inversión por parte de múltiples inversores, entre ellos la firma de Jerry Yang, fundador de Yahoo! y miembro de la vieja guardia de Silicon Valley. Pero la cifra está a punto de verse pequeña en comparativa con una nueva giga-ronda de financiación procedente de SoftBank, el cañón financiero de Masayoshi Son, de entre 430 a 650 millones de euros según cuenta Bloomberg.

Aunque las conversaciones aún no se han rubricado con un documento final, están muy avanzadas y situaría a la compañía en una valoración estratosférica. El sector del transporte, la logística y la entrega a domicilio está de moda, y nadie quiere quedarse atrás.

La startup con mayor valor en el mercado privado, Uber, cifrada en más de 55.000 millones de euros, consigue un 10% de sus ingresos de su división de reparto de comida UberEats, sin poseer ni un solo restaurante. SoftBank recientemente adquirió el 15% de Uber y posiciones en otras compañías del sector, con Zume solo redobla su apuesta.

¿Pero qué hace distinto a Zume Pizza de las pizzerías tradicionales? Su proceso de creación no parece revolucionario, quizá excesivamente simple. Y la venta de pizza a domicilio es un negocio increíblemente austero con márgenes reducidos.

Zume presume de tener robots con tecnología patentada especial que les darían una ventaja a la hora de cocinar grandes cantidades, pero en sus propias demostraciones los robots apenas tienen una labor testimonial.

La mayor parte del trabajo está hecha por humanos, desde el conductor del camión al cocinero que pone los ingredientes sobre la masa. La labor automatizada está reducida a la extensión de la salsa de tomate y a la recepción de pedidos que está íntegramente operada por una app para móviles.

Quizá el objetivo de Zume sea utilizar esta nueva gran dosis de financiación para expandir sus brazos robóticos a más partes del proceso, o incluso cubrirlo de forma íntegra. Seguirá necesitando que alguien la suba hasta la vivienda y de momento el camión debe ser operado por un conductor humano. Este último punto es clave y múltiples compañías están intentando crear vehículos autónomos de reparto que se encarguen de la tarea.

Si Zume consigue automatizar absolutamente todo el proceso podría revolucionar la comida a domicilio reduciendo gastos, aunque sea comenzando con una receta tan sencilla como la pizza.

De momento es una compañía con tres camiones y un par de docenas de empleados que hacen el trabajo de una forma posiblemente más costosa que en su versión tradicional y con un acabado culinario peor.

Las probabilidades de éxito en el emprendimiento son siempre reducidas, pero en ocasiones las ideas más revolucionarias fueron en sus comienzos las más absurdas.