Vivía abajo de un puente, pero hoy estudia abogacía y trabaja

Yohana Mercado.

La historia de Yohana Mercado salió en Clarín a fines de 2006. Entonces ella era una nena de doce años que vivía con sus padres y sus cinco hermanas —una de ellas con retraso mental— debajo del puente Maipú de la ciudad de Córdoba, con la amenaza de despertarse empapada por la crecida del río Suquía o ante la pesadilla de un nuevo desalojo.

Pero lo que la hacía diferente a otros chicos en situación de calle es que ella caminaba 30 cuadras de ida y 30 de vuelta, sola y con dos zapatillas del mismo pie, para ir a la escuela.

Casi sin inasistencias y con excelentes notas, la nombraron escolta de la bandera en la escuela Grecia, del barrio San Vicente, adonde llegaba cada día con una bolsa de plástico haciendo las veces de mochila.

Aquella exposición en los medios más de once años atrás, le cambió la vida a su familia. El entonces gobernador de la provincia, Juan Manuel de la Sota, le regaló una casa en el barrio 16 de Abril, días antes de la Nochebuena de 2006.

El 9 de diciembre de 2006, Yohana le dijo a este diario que, a falta de libros para leer, ella escribía sus propias historias. Ahora, con su padre preso y una madre a la que —como dice— “no se le pude pedir mucho”, la “escolta que vive debajo de un puente” mostró otro capítulo de la historia que está escribiendo. Con 23 años y embarazada de seis meses, estudia abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba y trabaja en Tribunales.

“En la villa ven como algo imposible ir a la Facultad. No me creo un ejemplo. Hice lo imposible para poder estudiar, lo logré y, además, supe aprovechar las oportunidades que aparecieron. Tuve un ángel o algo que me guió a que estudiar era el camino”, dice Yohana a Clarín.

Ella fue noticia por primera vez cuando sus maestras llamaron a los canales de televisión de Córdoba al sospechar que la nena estaba viviendo en la calle. “Nunca se los dije, porque en la escuela yo me sentía relajada. No me quería acordar de nada. Era mi momento de dispersión. Pero ellas se dieron cuenta. Una vez, una amiga me prestó su pantalón, porque el mío estaba muy sucio, no podía pasar a la bandera así”, recuerda.

Gracias a la temprana difusión de su historia, Yohana recibió, además de la casa —que su madre terminó perdiendo—, una beca para estudiar en el secundario privado Sarmiento, de San Vicente. Ahí volvió a ser noticia: la nombraron abanderada de la provincia. 

Mientras, en su casa las cosas no iban bien. Ella prefiere no dar detalles, pero lo cierto es que su padre fue preso (aún lo está). Con él habla poco y “sólo por teléfono”. Yohana se hizo cargo entonces de sus tres hermanas más chicas. “Mi mamá no ayudaba, cuando estaba en tercer año, le pusieron una orden de restricción para que no se acercara a nosotras. Era un clima de violencia”, narra.  

Desde ese momento, ella vivió con familias sustitutas, y sus hermanitas, en institutos de menores. “Con la primera a la que me mandaron pasé Año Nuevo, pero me hablo con todas. Están muy orgullosas de mí, sienten que les devolví lo que me dieron”, relata Yohana.

Su madre hoy cuida coches en la plaza San Martín de Córdoba y a veces va a ver cómo está. Y pese a que las separaron de chicas, jamás dejó de ver a sus hermanas.

“Teníamos que ser siete hermanas, pero una murió en la panza de mi mamá por mala praxis, y eso me hizo saber que quería ser abogada. Porque muchas mujeres pobres pasan por lo mismo y nadie las defiende. Quiero dedicarme a lo penal juvenil”, afirma. El ingreso a la universidad lo hizo el año pasado, aprobó todas las materias a tiempo y el 20 de julio rendirá el primer final de las materias de la carrera de grado.  

“Mirá, no me veo como un ejemplo, me lo dicen todos. Pero no. Siento que estudiar es lo que hay que hacer, enfrentar la vida así, es lo que me liberó. No todo es tan fácil, ya sé. Pero no hay que elegir el camino fácil”, cierra. Hoy alquila con unas amigas; ellas la ayudarán a cuidar a su bebé.

En Tribunales, atiende a los abogados que van a buscar su matrícula. Ahí empezó hace dos años. Cuando tenga a Augusto, en septiembre, será una mamá soltera y, avisa, seguirá estudiando y trabajando.

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