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Un gran número de genes desempeña un importante rol en los logros educativos

En el mayor estudio genético que se haya dado a conocer en una publicación científica, este lunes un equipo internacional de investigadores identificó más de 1.000 variantes de genes humanos que influyen en el tiempo que permanece la gente estudiando en establecimientos de enseñanza.

Los logros educativos han captado un gran interés por parte de los investigadores en los años recientes porque están ligados a muchos otros aspectos de la vida de las personas, entre ellos sus ingresos en la edad adulta, el estado general de salud e incluso la expectativa de vida.

Las variantes genéticas recientemente descubiertas explican apenas una fracción de las diferencias en educación observadas entre distintos grupos de personas. Las influencias medioambientales, que pueden comprender el bienestar económico familiar o la educación de los padres, constituyen en conjunto un factor de mayor incidencia.

En cualquier caso, hace mucho que los científicos saben que la composición genética explica parte de las diferencias relacionadas con la duración de la asistencia a clases. Su esperanza es que los datos puedan emplearse para obtener una mayor comprensión acerca de lo que deben hacer los educadores para prolongar la trayectoria de aprendizaje de los alumnos.

Con una comprensión mayor de la influencia que ejercen los genes, los científicos piensan que van a poder evaluar mejor lo que ocurre cuando tratan de mejorar el entorno de aprendizaje de los chicos.

El nuevo estudio, aparecido en la publicación especializada Nature Genetics, detecta que muchas de las variantes genéticas implicadas en los logros educativos están relacionadas con el modo en que las neuronas se comunican en el cerebro.

Un número sorprendente está vinculado con transmitir señales de las neuronas y hacer que lleguen a neuronas vecinas por medio de conexiones llamadas sinapsis.

Los hallazgos del estudio se basan en la secuenciación genética de más de 1.100.000 personas. Pero todos los individuos fueron blancos de ascendencia europea. A fin de maximizar las posibilidades de descubrir vínculos genéticos, los investigadores dijeron que necesitaban una muestra muy grande y homogénea.

Cuando el equipo intentó utilizar estas variantes genéticas para explicar las diferencias de permanencia de estudios escolares entre afroamericanos, las predicciones fueron erróneas.

Los investigadores también encontraron que los genes no tienen un efecto uniforme: las influencias de los genes varían de un país a otro. Los científicos no pudieron señalar la causa de estas diferencias.

Pero calculan que si los educadores de un país ponen énfasis en la memoria por sobre la resolución de problemas en las clases de matemática, por ejemplo, ciertas variantes de genes pueden otorgar mayores beneficios a algunos alumnos que a otros.

Una comprensión verdaderamente global de estas influencias genéticas requerirá de estudios similarmente extensos en personas de otros orígenes, según los investigadores.

Los datos no pueden usarse para predecir los logros educativos de ningún alumno en particular. Advirtieron los investigadores que los patrones genéticos se observan solo en grupos grandes; en cada chico, la genética solo juega un rol pequeño respecto de cuánto va a permanecer estudiando en la escuela.

“No es realmente significativo en cuanto a los individuos”, afirmó Aysu Okbay, genetista de la Universidad Libre de Ámsterdam y coautor del nuevo estudio.

En 2011, Daniel J. Benjamin, un economista conductual de la Universidad del Sur de California, y colegas suyos pusieron en marcha una expedición en gran escala hacia el ADN humano. Formaron el Consorcio de Asociaciones Genéticas y de Ciencia Social para reunir información sobre miles de temas.

Se sirvieron de investigaciones médicas para su investigación educativa. Cuando algunas personas se ofrecían como voluntarios para un estudio genético sobre, por ejemplo, presión sanguínea, por lo general llenaban formularios sobre distintos aspectos de su vida. Una de las preguntas más comunes era acerca de cuánta educación habían recibido.

Al estudiar el ADN de estas personas, Benjamin y su equipo encontraron una cantidad de variantes genéticas inusualmente comunes en gente que había terminado gran parte de sus estudios escolares y otras que eran más comunes en individuos que habían dejado la escuela tempranamente.

Con frecuencia los científicos no pudieron excluir el azar como explicación. Pero 1.271 de las variantes estaban tan estrechamente ligadas a la educación que no se las podía descartar.

Aun así, la asociación entre cada variante genética y la educación era muy débil. Cuando los investigadores comparaban grupos de personas con o sin una variante particular, el tiempo de permanencia en la escuela difería solo en algunos días.

Los investigadores escanearon el ADN que rodeaba estas variantes influyentes y encontraron un modelo inquietante.

“No están simplemente esparcidas al azar alrededor del genoma”, dijo James J. Lee, genetista de la Universidad de Minnesota y coautor del nuevo estudio.

Las variantes están vinculadas con genes activos en el cerebro que ayudan a que las neuronas establezcan conexiones. Una clave acerca de los logros educativos puede no ser lo rápidamente que se obtiene una información sino lo rápido en que esa información puede compartirse entre varias regiones.

“Tal vez no se trate de lo rápidamente que una señal pueda trasladarse a través de un cable”, dijo Lee. “Se trata de la complejidad de las conexiones entre los puntos A y B.” Pero los vínculos genéticos sugieren otra posibilidad quizá más extraña: algunas variantes relacionadas con la educación no funcionan en el cerebro de los estudiantes, sino en las personas de quienes heredaron esas variantes: sus padres.

Incidiendo de algún modo en el comportamiento de los padres, estas variantes pueden alterar el entorno en el que los chicos crecen, de manera de favorecer o alterar el tiempo que pasan en la escuela.

Basándose en sus descubrimientos, Benjamin y sus colegas vieron el modo de calcular un “puntaje” genético de los logros educativos. Cuantas más variantes relacionadas con permanecer más tiempo en la escuela, más alto puntaje individual.

Los investigadores calcularon el puntaje de un grupo de 4.775 estadounidenses, dividiéndolos en cinco grupos. Encontraron que un 12% de las personas de la quinta parte más baja terminaron la educación secundaria. Entre los integrantes de la quinta parte más alta, terminó el secundario un 57 por ciento.

Surgió un resultado similar cuando los científicos se fijaron en cuántas personas de cada grupo debieron repetir algún grado en la escuela. En la quinta parte inferior, repitió el 29 por ciento, mientras que en la quinta parte superior, solo repitió un 8 por ciento.

Pero cuando Benjamin y sus colegas calcularon los puntajes de los afroamericanos, no consiguieron predecir hasta qué punto se habían desempeñado bien escolarmente. Una razón posible es que los marcadores genéticos no son guías confiables en cuanto a cómo los genes influyen en diferentes poblaciones.

Los investigadores esperan extender su estudio a 2 millones de personas o más y esperan encontrar miles de genes más vinculados a la educación.