Salvó a una beba al donarle médula y la pequeña llevó las flores en su casamiento

Hayden Hatfield junto a su marido Adrien (Cortesía Mark Broadway/The Washington Post).

Años atrás, Hayden Hatfield (26) donó médula ósea para ayudar a una beba a combatir una rara forma de leucemia infantil. Si bien la mujer no conocía a los padres de la pequeña, ambas familias crearon un vínculo especial: se mantuvieron en contacto a través de cartas, llamadas telefónicas y se intercambiaron juguetes. 

Por este motivo, Hatfield decidió que Skye Savren-McCormick debía, no sólo estar presente en su boda, sino llevar el ramo de flores por el pasillo. “No quería dejar de mirarla”, dijo a The Washington Post, sobre el momento en que vio a la pequeña esperando en el altar de la Iglesia Bautista Shiloh en Hartford, Alabama, Estados Unidos.

Hatfield, ahora Hayden Ryals, se registró como donante de médula ósea en 2015 y casi un año después, recibió una llamada telefónica en la que se le identificaba que era compatible con una beba de un año que estaba muy lejos. Skye necesitaba el trasplante urgente.

Según el padre, Todd Savren-McCormick, la bebé desarrolló petequias (manchas de hematomas) y, cuando creían que habían desaparecido, volvieron, lo que produjo que siga enfermándose. Cuatro días antes de su primer cumpleaños, después de meses de citas con el médico, exámenes y preguntas sin respuesta, Skye fue diagnosticada con leucemia mielomonocítica juvenil, una forma rara y agresiva de cáncer en la sangre, de acuerdo a la Sociedad de Leucemia y Linfoma.

Todd, quien vive junto a su familia en Ventura, California, explicó que su hija desarrolló una infección bacteriana y le extirparon el bazo debido a complicaciones del cáncer. Luego necesitó un segundo trasplante, lo que fue posible porque Hayden había donado suficiente médula ósea para dos procedimientos.

Hayden Hatfield se registró como donante de médula ósea en 2015 (Inside Edition).

Después, mientras Skye se estaba recuperando del segundo trasplante de médula ósea, Savren-McCormick recuerda que uno de sus ojos comenzó a hincharse. Los médicos le diagnosticaron una segunda forma de cáncer, la enfermedad linfoproliferativa después del trasplante. Le había atacado al párpado, ambos lados del cuello, el pecho y la columna vertebral.

“Si Hayden no hubiera donado su médula ósea, nuestra hija no habría podido recibir otra donación”, explicó el hombre, dado que existen regulaciones sobre las donaciones. Sin embargo, para Hayden fue al revés: “Ella me salvó. Ella es la verdadera heroína”.

Durante el año pasado, las familias se mantuvieron en contacto, pero no se conocían físicamente. La donante le envió a la pequeña un regalo muy especial para su tercer cumpleaños: una muñeca Elsa de la película Frozen, una manta de Trolls y una invitación a su casamiento.

Durante el año pasado, las familias se mantuvieron en contacto, pero no se conocían físicamente (Inside Edition).

“Dije que quería que supieran cuánto los amo”, manifestó la mujer, que aunque sabía que era una posibilidad remota, les mencionó en la carta lo lindo que sería que Skye caminara por el pasillo de  la iglesia.  El padre de la nena comentó que estaba con oxígeno en ese momento y que estaba luchando contra una complicación derivada de los trasplantes de células madre. Pero, a medida que se acercaba la fecha de la boda, Skye se puso mejor y, finalmente, la pudieron llevar a Hartford, Alabama.

Así fue como Hayden y Skye se conocieron por primera vez. Un día antes de la boda se encontraron en la iglesia y cuando la nena se acercó, la mujer cayó al suelo emocionada. Para ver si la reconocía, la madre de la menor le preguntó si sabía quién era Hayden y ella respondió “Hay-Hay”, el apodo que le había puesto a su donante. Luego, ambas se abrazaron.

El pasado 9 de junio, Skye se llevó las miradas: entro con un vestido blanco que tenía un lazo violeta en al cintura y zapatos de color celeste. Durante el trayecto hasta el altar tiro pétalos de flores. “Fue increíble para mí ver cómo ella sola había conmovido tantos corazones de una vez”, dijo la mujer.

Skye, de tres años, tirando los pétalos de flores en el pasillo de la iglesia (Cortesía Mark Broadway/The Washington Post).

Mientras se llevaba adelante la ceremonia religiosa, Skye se sentó en silencio en los escalones del altar, jugando con las hojas de un helecho que tenía al lado y tirando de la cola del vestido. “Nunca he podido describir nuestro vínculo. Nunca he sido capaz de explicarlo. Esa fue la descripción más perfecta que había visto. Parece que tenemos una nueva familia en Alabama y nos hace a todos muy felices”, remarcó.

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