“Rebirthing”: respirar como una experiencia sanadora

El rol del renacedor es el del acompañamiento, y tratar de dirigir lo menos posible

Quizás por ser bastante estructurado y un poco escéptico a las terapias alternativas, nunca me di la oportunidad de formar parte de una sesión de respiración o de meditación. Hasta hoy, claro. Pero evidentemente cuando busqué algo de información sobre rebirthing, que significa renacimiento, me generó una curiosidad que nunca antes había experimentado acerca de estos temas. Lo primero que supe es que se trata de una respiración consciente, llamada así por su creador Leonard Orr, que permite liberar tensiones en el cuerpo y observar todos aquellos condicionamientos mentales que impiden vivir la vida con libertad. Esa curiosidad me motivó visitar a Karin Drexler, Profesional de Rebirthing, Terapeuta Holística y Creadora de la Escuela Libera: respira consciente.

“Te vas a sentir más vital desde el punto de vista físico, pero, para que eso suceda, esa respiración más ampliada te va a hacer aflorar bloqueos. En una sola sesión vas a sentir como una paz al final, porque es como reencontrarte con la verdad de lo que te sucede. En la primera experiencia de rebirthing vas a sentir una relajación grande, también se oxigena el cerebro, lo que te permite ver la misma situación desde un plano más trascendente. La respiración es una gran amplificadora. El rol del renacedor es el de acompañamiento y tratar de intervenir o dirigir lo menos posible”, me adelanta Karin.

No bien ingreso al pequeño cuarto donde voy a vivir esta experiencia, observo cuatro cuadros de pintura que parece abstracta, una imagen de un buda (que remite a mirarse hacia nuestro anterior), un futón que es como una colchoneta pero preparada para lograr relajarse, unas velas y varias piedritas. El ambiente es cálido y muy confortable.

Me acuesto en el futón boca arriba y coloco mi cabeza sobre una almohada. Enseguida, Karin me pone una almohadilla sobre mis ojos y me tapa con una manta. Primero me indica que la respiración debe ser circular, es decir, que no hay pausa entre la inhalación y la exhalación, que es una respiración continua, como la que realizan los bebés cuando están relajados sin contener el aire.

“Cuando retenemos el aire, estamos controlando o resistiendo una situación”. Luego, me pide que ponga atención al tomar aire, “es como decirle sí a la vida, como expandir lo que está comprimido”, y que suelte en la exhalación (con la idea de dejar ir) por la nariz.

Comienzo a respirar en forma continua y sin parar. A los cinco minutos Karin me pregunta si estoy sintiendo algo. Le contesto que me siento tranquilo y relajado. Al rato comienzo a percibir (ella ya me lo había advertido) un leve adormecimiento en los dedos de mis manos, que las tengo adentro del sweater, debajo de la manta. Enseguida, comienzo a sentir una fuerte puntada cerca del corazón. “Andá con la respiración ahí. La sensación física es la puntada, pero hay que ver el nivel emocional y mental”.

-¿Qué hay ahí? -me pregunta.

-Siento presión -digo.

-¿Hay alguna situación en lo personal en la que sientas presión?

-Sí, eso me remite a una situación de mi vida en la que tengo que tomar una decisión –le digo, y me animo a contarle brevemente de qué se trata ese tema (aburrida para el lector…).

“Lo que tenés que aceptar es que eso está porque hay una situación molesta en tu vida, que se traduce en el físico, queremos hacer de cuenta que eso no existe, por eso yo te llevo a que lo sientas, esto es lo que te pasa y es tu verdad aquí y ahora. A partir de este reconocimiento vos podés tomar una decisión. Si lo que es aquí y ahora es que sentís presión por una situación en la que estás en duda sobre qué hacer, hay que darle validez a eso que sentís. A partir de reconocer lo que te sucede se pueden abrir distintos caminos hacia la resolución de tu problema. La aceptación es el primer paso fundamental”, me dice.

“La idea es estar más recogido en vos mismo para ver si cambia algo la forma en que sentís esa puntada”, apunta Karin Drexler.

Por mi lado, me siento entregado a la respiración. Estoy tan relajado que me cuesta creerlo. Pero, a la vez, me siento muy activo a la hora de identificar qué es lo que siento en los más de 60 minutos que dura el ejercicio. Básicamente, estoy abierto a vivir la experiencia. Y a medida que pasa el tiempo siento que esa puntada que me persigue se va haciendo más intensa. En ese momento Karin me propone que me coloque en posición fetal, girando suavemente hacia la derecha. Y me quita la almohadilla que tenía sobre los ojos, aunque igualmente los mantengo cerrados. “La idea es estar más recogido en vos mismo para ver si cambia algo la forma en que sentís esa puntada”.

Efectivamente, voy percibiendo que la puntada (que permaneció por aproximadamente unos 45 minutos) va cediendo hasta que finalmente desaparece del todo. Paralelamente, Karin sale de la habitación para prepararme un té que voy a ingerir una vez que finalice la respiración. Al regresar de la cocina, me dice que cuando quiera, lentamente, puedo ir levantándome del futón. La verdad es que me cuesta mucho.

Los últimos minutos, ya sin ese dolor que sentía, pude relajarme mucho más. Me siento como nuevo. “Me pareció que te entregaste, que estabas abierto en la observación, en permitir que estuviera ahí lo que te estaba pasando”, concluye Karin mientras me voy reincorporando suavemente para tomar el té.