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“No queremos que a nuestra escuela se la trague la corrupción y la desidia”

El elocuente cartel que está pegado en el paredón de la la escuela n 49 Nicolas Avellaneda. Foto: Rolando Andrade

Reina la incertidumbre y el desasosiego en los cien metros de una callecita humilde al oeste del Gran Buenos Aires. “Desidia” es la palabra que se repite en distintas cartulinas pegadas junto al portón principal de la escuela clausurada. Jarrones con flores construyen un torpe pero sentido santuario. Ahí nomás una nena en cuclillas escribe en una hoja blanca rectangular: “Dos ángeles salvaron a 400 chicos”. Tan simple como contundente.

La calle Casimiro José Davaine, en el barrio San Carlos, de Moreno, es un polvorín. Allí conviven un crisol de estados alterados, luego de la explosión por un escape de gas el jueves último, en la escuela primaria 49 Nicolás Avellaneda, donde murieron dos personas. Casi en la esquina de Belisario Roldán, Silvia y Víctor -todavía azorados- muestran a vecinos curiosos el malherido tejido alambrado de su casa donde cayó Sandra Calamano, la vicedirectora, luego de volar más de cincuenta metros. “Yo la encontré casi dentro de mi casa. No podía creer lo que estaba viendo. La conocía hace añares, cinco hijos míos fueron a esta escuela. No salgo del shock”, balbucea Silvia con los ojos rojos. “Nadie vino a decirnos si arreglarán nuestro frente”, larga escueto Víctor.

A unos cincuenta metros, un grupo de nenas, de entre 8 y 11 años, alumnas de la escuela, juegan un picado surrealista en el campito a un costado del establecimiento, mezcladas entre gallinas y gansos que van detrás de la pelota. Desde el corner de la improvisada canchita se ven las ventanas laterales de las aulas clausuradas. Desolación e impotencia se filtran por un ventanuco. “Yo quiero volver a mi escuela. Tengo miedo que la tiren abajo y que nos muden a otro lado”, susurra Ariana (10), con la pelota en la mano. “Pero sabemos que nada será igual sin la vice”.

Provincia de Buenos Aires localidad Moreno 5 agosto 2018 La esciuela n 49 Nicolas Avellaneda en calle Davaine 1804
foto Rolando Andrade Stracuzzi ley 11723 – FTP CLARIN RAS_3620.jpg Z Invitado

En el medio de la calle Davaine, entre la puerta principal de la escuela y la Iglesia Familiar Cristiana -justo enfrente-, un grupo de mujeres con gesto aguerrido espera a Clarín. ​Se presentan como la Comisión de Madres de la Escuela 49, quien de aquí en más será la voz para reclamar justicia y acción. “No queremos olvido ni perdón. No queremos que ver un cartel que diga ‘Esta escuela reabre en 90 días’. Necesitamos ver a gente trabajando desde el lunes, albañiles picando paredes, electricistas revisando cables y gasistas controlando las tuberías”, exige Gisela Navarro (35), quien junto con Jésica Borba (36), Margarita Almirón (34), Alicia Sánchez (30), Alicia Quaglia (56), Vanesa Bourquet (29), Karen Monzón (25), Mabel Zerda (45), Silvia Méndez (50), Lourdes Ramírez (30), Soledad Romero (30) y Sabrina Silva (30) conforman este cuerpo femenino unido, dispuesto a pelear hasta donde sea necesario para que se reabra la escuelita de sus amores. 

“Por suerte encontramos la solidaridad y el compromiso de los otros colegios de Moreno”, grita con autoridad este masa humana que se enorgullece de la unión y el consenso”, para honrar a estos héroes que fueron Sandra y Rubén”. Se refieren al levantamiento de las clases de todos los establecimientos educativos de Moreno, en una inédita asamblea resuelta por cada uno de los directivos.

La desidia envolvente enciende la impotencia, pero también la vehemencia, de estas madres que, como pueden, intentan buscar explicaciones y pedir respuestas urgentes. “Esto no puede quedar así. Todos nosotros, padres, alumnos y maestros hemos puesto tiempo, dedicación y plata de nuestro propio bolsillo para sostener las paredes. Sangre, sudor y lágrimas… Y de un plumazo, esta tragedia nos roba la vida de dos de las personas que más hicieron por esta escuela, cuyo futuro está en jaque”, escupe Jésica.

Este grupo de madres de alumnos afirma que la Escuela 49 quedó marcada con una cruz, “representa el símbolo del abandono de todas las instituciones escolares de Moreno. Juntamos firmas que presentamos al Consejo de Educación, además de las ocho denuncias en las que avisábamos que las aulas estaban impregnadas de gas. Y nada. Pero hay dos muertes y esto tiene que marcar un cambio. Porque no fue una desgracia mayor de milagro”, dicen muchas voces.

El temor de estas madres desencajadas es la inacción de las autoridades y la resolución facilista: que desparramen a los 400 alumnos por los 230 establecimientos de Moreno y que “al Nicolás Avellaneda se lo trague la corrupción”, vociferan Sabrina, Vanesa y Lourdes. “¿Cuál es la solución que nos dará la Dirección de Escuelas? ¿Donde van a estudiar los nenes desde este lunes? ¿Dónde van a comer?”, se preguntan Alicia y Soledad. “Nadie nos da una respuesta. Nadie sabe nada, y estamos como bola sin manija”, exclaman vehementes Gisela y Margarita.

Este lunes los padres de los alumnos de todas las escuelas de Moreno marcharán, a las 10, rumbo a Plaza San Martín para luego dirigirse a la Jefatura Regional en busca de respuestas a las autoridades educaciones. Mientras que los maestros -unos cuarenta- de la Escuela 49 deberán presentarse en el Rotary Club para determinar los pasos a seguir. “Nadie nos dijo nada, sólo que vayamos a las 9”, hizo saber una docente.

Alan tiene 11 años y está en el medio de las mamás, pero no es un mero observador. Corren lágrimas por su rostro y pide la palabra. Su voz disfónica produce un inmediato silencio. “La vice (Sandra Calamano) venía todos los días en bicicleta, pedaleaba como una hora y pico, y se ponía barrer, a pasar el trapo y no tenía drama en meter la mano para destapar el inodoro. Y Rubén nos cuidaba siempre, hasta cuando jugaba a la pelota con nosotros. Es más, cuando faltaba alguna maestra, él se hacía cargo del grado y nos enseñaba. Era un hombre que nos quería como si fuéramos sus hijos. Para Rubén esta escuela era todo”.

Las palabras de Alan quiebran de emoción las almas de estas mamás que parecen invencibles. Lo besan y lo abrazan. “No quiero ir a otra escuela, por favor, les pido a las distintas personas de la política (sic) que no dejen morir este lugar. Quiero terminar de estudiar aquí”, concluyó el chico que conmovió a todos.