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Mendoza y Rosario: dos realidades y la misma urgencia por la falta de médicos

El Centro de Salud Número 16 de Guaymallén, en Mendoza.

Mendoza cuenta con 350 centros de salud para casi dos millones de habitantes. El 75 por ciento son administrados por el Ministerio de Salud de la provincia y el resto por las comunas. En una recorrida por centros de primera atención de Guaymallén, el municipio más poblado del Gran Mendoza, puede verse como los pacientes aún tienen que madrugar si necesitan atenderse en algunas especialidades como pediatría, oftalmología o dermatología; debido a la gran demanda y el insuficiente personal. “Llegamos a las 5.30 para sacar turno para el oculista”, dice María, una mujer que está con su hija en la fría madrugada del último viernes, en el centro de salud 16.

Desde hace un año, el gobierno del radical Alfredo Cornejo implementó la línea telefónica 148 para que las familias soliciten turnos y no tengan que estar por horas en la guardia. “El 50 por ciento de los turnos llega por el sistema telefónico, pero el resto son emergencias que tenemos que atender en el día y los pacientes deben esperar al médico en la guardia”, explica Susana Rastaco, del centro de salud 14, de Pedro Molina. En esa zona, hay cada vez más villas de emergencias y la mayor demanda sanitaria es en el servicio de Pediatría, más aún en los meses de invierno. “Hace 20 años atrás teníamos seis pediatras, ahora sólo tres y un médico de familia que también atiende chicos”, afirma la directora del centro de salud.

“El 50% de los turnos llega por el sistema telefónico, pero el resto son emergencias que tenemos que atender en el día y los pacientes deben esperar al médico en la guardia”

El subsecretario de Salud de Mendoza, Oscar Sagás, admite que hay recursos humanos más difíciles de conseguir como pediatras, emergentólogos y médicos de terapia intensiva. La razón es que “los médicos prefieren otras especialidades y trabajos en la zona metropolitana y no en localidades alejadas”. Un médico pediatra en Mendoza cobra por 24 horas de trabajo, un sueldo base inicial de 24 mil pesos que con adicionales supera los 40 mil. Además, el gobierno otorga subsidios para conseguir una vivienda cerca del centro médico de las localidades alejadas.

El año pasado, quedaron 90 plazas vacantes de residencias médicas en especialidades como pediatría, neonatología, terapia intensiva y medicina de familia.

El director de Recursos Humanos del Ministerio de Salud, Pablo Pérez Diez, dijo que muchas veces el residente “prefiere elegir ramas de la medicina que son mejor pagas, de ahí que existan más anestesistas que médicos de familia”. Las menos tentadoras, como remarcó el propio funcionario, son terapia intensiva, pediatría, neonatología, medicina de familia. “En el caso de los médicos de familia, por ejemplo, la cantidad de inscriptos es sumamente inferior en relación a la cantidad de plazas que se ofrecen”, detalló Pérez Diez.

El decano de la Facultad de Medicina de la UNCuyo, Pedro Esteves, explicó por qué cuesta cubrir algunas vacantes en las residencias que se ofrecen: “Existen especialidades que están en detrimento como la pediatría, los médicos de familia o clínicos. Esto ocurre por los bajos salarios, es la única realidad”. Y precisó que los médicos que egresan se han abocado a especialidades que poseen mucha tecnología como cardiología, anestesia y cirugías específicas, como la oftalmológica”.

En la UNCuyo el 60 por ciento de los aspirantes a la carrera de Medicina son mujeres y el 40 por ciento varones.

LARGAS ESPERAS EN ROSARIO

La guardia del Hospital de Niños Victor Vilela, de Rosario, llena gente. Las esperas son mas dos horas. Foto: JUAN JOSE GARCIA

A Belén (29 años) la espera se le hace interminable. Está sentada con Bianca, su nena de 7 años, en la guardia del Hospital de Niños Víctor J. Vilela de Rosario. En el enorme corredor que separa el hall de los consultorios hay decenas de padres que esperan ser atendidos. La demanda, como suele pasar en esta época del año, creció con las bajas temperaturas y complicó un panorama de por sí delicado por la crisis económica: en los primeros seis meses del año la salud pública local atendió a 20 mil personas respecto al mismo período de 2017.

Bianca ya se curó de un feo refrió que, por suerte, no necesitó de atención médica. Está en la guardia junto a su mamá por una urgencia. Se cayó jugando y se hizo un corte profundo en la cara. “Nunca imaginé tanta espera por una sutura. Hace tres horas que estamos acá. Nos dicen que los consultorios están ocupados y que hay que esperar”, dice entre molesta y resignada.

“Nunca imaginé tanta espera por una sutura. Hace tres horas que estamos acá. Nos dicen que los consultorios están ocupados y que hay que esperar”

La mujer asegura que la atención es “mucho más rápida” en otras época del año. “Tengo otro nene que me está esperando en casa. No pretendo que nos atiendan a los diez minutos, pero tampoco podemos pasar toda la tarde acá dentro”, explica. La queja solo apunta a la variable tiempo. En el hospital, aclara, los médicos “siempre atienden de primera”.

La situación más grave ocurre en el otro Hospital de Niños de la ciudad, ubicado en la zona norte. El secretario general de la delegación local de la Asociación de Médicos de la República Argentina (Amra), Eduardo Taboada, denunció la falta de pediatras y planteó que el personal con el que cuenta el efector “no es suficiente para atender la demanda invernal”. “En este momento lo que sucede en el Hospital Zona Norte es la incapacidad del reunir la cantidad de médicos pediatras. Hay un déficit de pediatras en general, no sólo en ese hospital”, afirmó.

Semanas atrás, el secretario de salud municipal Leonardo Caruana reconoció que hay 20 mil nuevos pacientes en los nosocomios públicos, de las cuales la mayoría perdió el empleo o dejaron de pagar la obra social. Tenemos que reacomodar o empezar a estudiar refuerzos presupuestarios para atender la demanda. El objetivo prioritario es asistir a los más vulnerables que son los que se quedan fuera del sistema”, subrayó el funcionario.