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De Jack Sparrow a la realidad: piratas y corsarios de verdad

Jack Sparrow y el Capitán Barbossa, personajes de la saga “Piratas del Caribe”.

Desde el estreno de la primera película de la saga Piratas del Caribe, en 2003, Jack Sparrow es el pirata más popular. Sin embargo, el personaje de ficción, interpretado por Johnny Depp, prefiere el ingenio y la negociación a las armas y suele huir en lugar de dar pelea. ¿Cómo eran los piratas verdaderos? ¿Y los corsarios?

En efecto, los piratas y los corsarios eran más o menos lo mismo. Se trataba de capitanes de barcos que lideraban a un grupo de forajidos dedicados al abordaje y saqueo de otras naves. Hasta ahí, no se encuentran diferencias. Pero las hay. Y tenía más que ver con su legitimidad de origen que con la práctica misma de su actividad.

Un pirata era lisa y llanamente un ladrón, un delincuente que usaba la violencia para saquear barcos e, incluso, puertos. Los piratas trabajaban para sí mismos. Su patrón era la necesidad y su motor, la ambición.

Los corsarios también atacaban barcos para robar, pero su radio de acción se circunscribía a las naves que eran enemigas de su país de origen o del que los tenía contratados. Eran tipos que “robaban para la corona” y que cobraban comisiones sobre el botín obtenido. Cualquier semejanza con un mercenario no es pura casualidad.

El auge de los corsarios se dio entre el siglo XIV y el XIX, en plenas épocas de expansión colonial, cuando las potencias desplegaban por los mares todo su potencial bélico y comercial. Era una forma de de atacar a los barcos enemigos de manera extraoficial y sin declarar la guerra.

Por eso los corsarios no eran técnicamente piratas. Más allá de que de vez en cuando se salteaban un par de líneas del contrato que firmaban con los reyes y emperadores y se extralimitaban en sus acciones.

La confusión o la mezcla entre unos y otros tenía mucho más que ver con el bando que el corsario defendía que con su trabajo mismo. Por ejemplo, entre 1567 y 1596, los ingleses consideraban a sir Francis Drake como a un intrépido corsario mientras que para los españoles era un pirata sanguinario.

Las historias de piratas fueron muy visitadas por la literatura y el cine, incluso antes de Piratas del Caribe. Pero eran hombres de carne y hueso. Los más famosos fueron: Edward Teach (o Barbanegra) (1680-1718). Era un hombre imponente, de barba abundante. En 1716 dejó la Royal Navy y se convirtió en pirata. Era un gran estratega. También tuvo su época de corsario cuando llegó a un acuerdo con el gobernador de Carolina del Norte para atacar sus costas impunemente a cambio de un porcentaje del botín.

William Kidd (1655-1701). Condenado y ahorcado por piratería en Inglaterra, la prueba que lo incriminó fue un tesoro enterrado en la isla Gardiners. Su historia inspiró La Isla del tesoro, de Stevenson.

John Rackmam (o Calico Jack) (1682-1720). Asoló las costas del Caribe hasta que fue atrapado en noviembre de 1720 y condenado a la horca. Junto a él navegaron su esposa, Anne Bonny, y Mary Read, dos piratas muy famosas. Se dicen que sus últimas palabras al pie de la horca fueron: “Desdichado sea aquel que encuentre mis innumerables tesoros, ya que no habrá barco ninguno que pueda cargarlos todos”.

Anne Bonny (1698-1782). Fue una irlandesa declarada culpable de piratería en el siglo XVIII. Hija de buena familia, huyó a las Bahamas, en donde se enamoró y se casó con Jack Rackham. En uno de sus abordajes coincidió con Mary Read. Murió a los 84 años, de manera anónima y muy respetada por sus vecinos. Fue un símbolo de la libertad femenina. Inspiró muchísimas novelas y hasta juegos electrónicos.

Mary Read (1690-1721). Mientras viajaba, su barco fue atacado y capturado por el pirata Jack Rackham y Anne Bonny. Aún vestida de hombre, Mary fue reclutada por los piratas. Poco después, Bonny descubrió que era una mujer y se hicieron amigas. Read se enamoró en altamar y se casó con uno de los piratas. Atrapada en 1721 junto a Rackham y Bonny, murió cuando aún estaba en prisión.

Los corsarios de mayor renombre, además de Drake, fueron: Henry Morgan (1635-1688). Con base en Jamaica, incursionó por los mares atacando a los barcos españoles y se convirtió en multimillonario. Con su fortuna compró plantaciones de azúcar en Jamaica. Llegó a ser gobernador de la isla en tres ocasiones.

Robert Surcouf (1773-1827). Peleó al servicio de Napoleón y fue famoso por enfrentar el bloqueo inglés en el océano Índico. En ese tiempo capturó 47 naves. En 1815 se le nombró coronel de la Guardia Nacional. Fue apodado por su galantería y caballerosidad El rey de los corsarios.

Hipólito Bouchard (1780-1837). Fue un corsario francés nacionalizado argentino que luchó por la independencia de las Provincias Unidos del Río de la Plata y Perú. Sirvió bajo las órdenes de Guillermo Brown. Entre sus acciones más famosas se encuentran los asedios a los buques españoles llevados a cabo en las costas de California y Centroamérica y sus incursiones por Filipinas y Hawaii al mando de la fragata La Argentina. El 27 de junio de 1817 recibió del gobierno argentino la patente de corsario. El 20 de julio de 1819 fue apresado por el almirante Thomas Cochrane y debió afrontar cargos de piratería, de los que fue absuelto. Fue asesinado durante uno de los tantos motines organizados por sus tripulantes.