• Dos dirigentes muy cercanos al Papa Francisco acompañaron a Cristina Kirchner
    • Empresarios involucrados en "retornos" ofrecieron hacer obras gratis para evitar el juicio y la cárcel
    • Un imputado por los cuadernos de las coimas pedirá pericias psiquiátricas a Norberto Oyarbide: "No está en sus cabales"
    • En su defensa, Cristina Kirchner pide la declaración testimonial de Mauricio Macri y señala a Angelici
    • La vida después de los cuadernos para la ex pareja de Centeno: desempleada y con cambios de rutina
    • Oscar Parrilli busca avanzar con su recusación a Bonadio y se suma otro acusado

Papeles, dinero, venganza y el misterio de los almuerzos de Oyarbide

Qué cosa…? No tengo la más pálida idea; es una sorpresa absoluta. ¿Millones de dólares?, ¿bolsos?, ¿de qué están hablando?”. La perplejidad, algo histriónica como es su costumbre, dominó la primera respuesta del ex juez Norberto Oyarbide cuando se le preguntó sobre su aparición en los cuadernos escritos por el chofer Oscar Centeno con detalles insospechados sobre las coimas del kirchnerismo.

Algo parecido le sucedió con las consultas que le hicieron sobre Roberto Baratta, el hombre que fue mano derecha de Julio de Vido, y que fue detenido esta semana en el inicio del escándalo que ahora se conoce como la causa de los cuadernos. “Al señor Baratta sí lo conozco; todos recordarán que entre las tantísimas causas que tuve está el tema de Sueños Compartidos. En esa oportunidad -señaló Oyarbide- en mi propio despacho me alcanzaron documentación que yo solicité, altamente importante y delicada, y consideré valioso la gentileza de que me la alcanzara. Pero el señor Baratta, yo no sé…, pensaba que era mudo porque hablaba lo indispensable y nada más”.

Al menos ante la prensa, Oyarbide se mostró ansioso por presentarse a declarar ante la Justicia que integró hasta hace poco. “Quisiera ir a declarar ahora mismo al juzgado. Me siento con muchas expectativas de decir las cosas verdaderas. Imagínense que no es nada grato: una cosa es declarar como testigo y otra es declarar como sospechado de haber cometido un hecho que se reputa criminoso”, explicó, con léxico de hombre de leyes.

Ayer, seguramente, el hombre que fue una de las estrellas de la Justicia Federal durante años comenzó a concentrarse más en la cuestión. En las páginas de la acusación que su colega Claudio Bonadio preparó para citarlo como sospechoso surgen datos y precisiones para los que deberá tener respuestas convincentes. En el punto E del párrafo titulado “Quienes recibían los fondos ilegales”, el nombre y el apellido de Oyarbide aparecen bajo el rubro “Otros”, después de Néstor, Cristina y otros tantos. Señala una fecha exacta (el 3 de setiembre de 2013) y un almuerzo en el restaurante Sagardi del barrio de San Telmo. Allí habrían estado compartiendo el momento el magistrado junto al ex ministro De Vido, y al ahora célebre Baratta. Hoy los dos ex funcionarios están presos.

Hasta allí todo bien. Pero después el texto judicial, confeccionado en base a los testimonios del remisero Centeno y a las declaraciones de su ex pareja, Hilda Horovitz, a la de los periodistas del diario La Nación que dieron con el cuaderno de las coimas y a las revelaciones de un testigo de identidad reservada, se vuelve mucho más interesante. Y cuenta una trama tan impactante que ha puesto a la defensiva a toda la dirigencia argentina.

Dice a continuación que el 26 de setiembre de 2013 Oyarbide recibió a Baratta en el despacho que tenía en Comodoro Py. Y que el 17 de octubre de ese mismo año, el día de la lealtad peronista, interrumpió su almuerzo en Estilo Campo para darle una resolución al hoy detenido Nelson Lazarte. Tuvo que pasar casi un año y el 22 de junio de 2015 el mismo Lazarte pasó por la casa del juez.

“Retira papeles luego de ir varias veces a llevar dinero”, afirma el texto tipeado en la Justicia que le dio cuerpo a la citación indagatoria que recibió Oyarbide el último miércoles. Apenas figura un encuentro más en Estilo Campo el 14 de octubre de 2015 para que el juez le entregara otra resolución al ejecutivo Lazarte. Parece una anécdota pero no lo es. Cuarenta días después, Mauricio Macri se impuso a Daniel Scioli en el ballotage y se convirtió en presidente.

Bonadio jamás lo reconocerá públicamente pero los datos sobre los encuentros furtivos de Oyarbide que figuraban en el cuaderno de Centeno le permitieron poner en marcha una vendetta personal. Lo citó de inmediato al ex juez como también citó a otro de los peces gordos de la Justicia: el abogado Javier Fernández, uno de los operadores judiciales más eficaces durante la épica extensa del kirchnerismo.

En las 29 páginas del expediente de la imputación, Fernández solo consigue protagonismo en cuatro líneas. Allí describen que el mencionado Lazarte “le lleva dinero a su casa” el 2 y 7 de agosto de 2013. Y agrega que es Baratta quien va al domicilio de Fernández el 19 de octubre de 2015, sin especificar el motivo ni otros detalles de la visita. La austeridad de la descripción sobre los movimientos del operador judicial le bastó a Bonadio para incluirlo en el listado de citaciones a indagatoria que incluyó al entonces secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli; al ahora malogrado De Vido y a Cristina, el encuentro que tendrá lugar el 13 de agosto y le puso tensión a la Argentina.

Las cuentas pendientes entre Bonadio y Javier Fernández se remontan a los días del 2014. El juez federal que ahora tiene en un puño a algunos de los dirigentes y empresarios más influyentes del país cree que el abogado al que citó a declarar es quien condujo la ofensiva que casi lo deja afuera de la Justicia. Bonadio resistió varios pedidos de destitución ante el Consejo de la Magistratura; debió ceder la sensible causa Hotesur en julio de 2016 tras un fallo de la Cámara Federal y se le llegó a descontar el 30% de su salario, una de las afrentas simbólicas que más irritación generan en los integrantes de la Justicia. Si hay algo que Bonadio disfruta en estas horas, es la citación de Oyarbide y de Fernández.

Empresarios presos y uno de ellos a esta hora arrepentido. Dirigentes políticos y operadores judiciales que lo combatieron. Y, sobre todo, la reedición de su encuentro con Cristina, una confrontación que se volvió clásica y que se va a repetir dentro de diez días. Bonadio ha vuelto a estar en el centro de la escena y, al parecer, se siente a sus anchas en esta situación. “Esto es una avalancha; tiré la primera piedra y estoy convencido de que esto va a seguir creciendo”, les había dicho a sus colaboradores el mismo miércoles en que comenzó la saga de los cuadernos. La Argentina se sumerge una vez más en una de las tentaciones que nunca puede resistir. La de llevar la tensión institucional por los extremos del sistema nervioso.