María Eugenia Vidal recibe al nuevo arzobispo de La Plata

Protocolo, política y fe. Esta trilogía que compila el interés común entre lo divino y lo terrenal vuelve a reunir –por tercera vez en poco tiempo- a María Eugenia Vidal y el arzobispo de La Plata, Víctor Manuel “Tucho” Fernández, para una conversación formal sobre aspectos colaborativos de programas sociales hasta agenda futura con actualización de subsidios de institutos católicos privados. Todo con el telón gravitante de la legalización del aborto en el Senado de la Nación, que encuentra al prelado y la gobernadora en un espacio común de oposición al proyecto de ley.

Será a las 17.30, en la Gobernación, cuando el religioso presente las credenciales como nuevo arzobispo de la capital bonaerense. La formalidad recubre algo de mayor trascendencia: Vidal tiene ligazón de gestión, y de propia consecuencia, con la Iglesia. Convalida esa presunción su reciente visita al Papa Francisco, en Roma, acompañada de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. También la secuencia de presencias en la Catedral platense, en la asunción del cargo de Fernández, y en el posterior Tedeum del 9 de julio, donde el arzobispo llevó los planteamientos eclesiásticos al agravio que supone el mapa social de la pobreza en el país y el aborto como tema actual, decisivo para determinar qué grado de influencia mantiene la Iglesia en la consciencia y la razón ciudadana.

En esa homilía, al amparo de la fugacidad de una selfie, sin emitir palabra, el lunes, Vidal apareció concurrente con la prédica que minutos antes había dispensado a la feligresía el arzobispo Fernández. “Porlas2vidas La Gobernadora de la Pcia. de Buenos Aires junto a un joven, en la Catedral de La Plata. ¡GRACIAS @mariuvidal!. # salvemoslas2vidas #rechazototalenelsenado”, resultó el posteo en una cuenta de Instagram. Explícito como señal. Tanto como la foto de esta tarde en la Gobernación.

Para los seguidores de las simbologías, en el registro operativo con el poder eclesiástico, Vidal aparece muy activa, tal vez más que la vicepresidenta Gabriela Michetti y el senador Federico Pinedo, quienes están a la vanguardia del voto por el NO a la reforma. Esta sintonía de la gobernadora, además es necesidad: la retracción económica que provoca nuevos pobres requiere un entramado de asistencia institucional, territorial, en los distritos más pauperizados del Conurbano. Allí la Iglesia todavía levanta algún mangrullo. La Gobernación articula muchos planes con Cáritas. Por eso, Vidal no se impacientó cuando, hace dos semanas, en la apertura de la Semana Social realizada en Mar del Plata, el titular de la Pastoral Social del Episcopado, Jorge Lugones, advirtió que “están bien los verbos ‘estar’ y ‘hacer’, pero me parece que falta el sentir y la sensibilidad social”. El arzobispo de Lomas habló delante de la gobernadora, quien, precisamente, había mencionado el “hacer” como muletilla discursiva. La aludida tomó nota.

Es, según cercanos a la Gobernación, una de las recomendaciones de atención que Vidal aproxima en las reuniones de mesa chica con Rodríguez Larreta y los ministros Dujovne- Peña –Frigerio. La provincia de Buenos Aires concentra un tercio de los pobres del país. En algunos municipios, la desocupación ya estaría en las proximidades de los dígitos.

Ese panorama lleva “Tucho” Fernández al encuentro de esta tarde. Aunque la diáfana verba de aquellos formados en la diplomacia milenaria del culto religioso agotará el camino menos insidioso. Vidal conforme. Con el tema del aborto y las sugerencias al Ejecutivo Nacional el arzobispo es más directo. Le acaba de pedir, vehemente, al presidente Mauricio Macri, que vete la ley de aborto, en caso de sancionarse, como hizo presidente uruguayo Tabaré Vázquez, si es que “tiene una profunda convicción sobre el tema”.

Hay una pulsión indisimulada entre el Vaticano y Macri. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, puso más distancia ayer cuando confirmó que no habrá veto.

En apenas 48 horas, todo el episcopado argentino atacó el proyecto de ley con la furia de los convencidos. Incluso con una multitudinaria presencia de fieles, como el domingo en la Basílica de Luján. En ese escenario, caro al sentimiento católico de multitudes de bonaerenses,el presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea, asumía el rol cuestionador de la norma eventual al señalar que de esa manera se legitimará “la eliminación de un ser humano por otro ser humano”. Casi en simultáneo, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Aurelio Poli, en una ceremonia realiza en el Luna Park, ensayaba la novedosa equiparación de la Argentina con las naciones donde el aborto es legal como un salto claudicante; “una dependencia humillante” en la materia, disfrazada –de acuerdo con su enfoque- de progresismo.

El lunes, el arzobispo Fernández terminó admitiendo en el reportaje con Nelson Castro, en Continental, la evidencia que entre el presidente y la prédica papal existen abordajes en apariencia disímiles. El día antes, el mismo arzobispo, se había encargado de bosquejar la diferencia en todo su ancho: “Siempre dicen que confiando en este sistema tarde o temprano nos va a ir bien. Lo que pasa es que la economía no funciona de manera matemática, que haciendo esto se logra aquello. Siempre aparece una variable inesperada y el que las paga es el de abajo”, fue la mención. Y agregó que “llega una devaluación y a la gente se le vuelve a licuar el sueldo, viene el corralito y otra vez pierde adquisitivo su salario. Hay una crisis de hipotecas en Estados Unidos y otra vez lo pagamos todo sobre todos los pobres. No es que vamos a seguir los dogmas del liberalismo y que todo va a ir bien porque en unos años puede estar todo mal y la pagan los de abajo”.

Ese formato de la prédica incluye hasta la misma discusión del aborto. “Tucho” Fernández insistió esta semana con el dato de muerte materna (200 mujeres por año) por desnutrición. Según el responsable de la diócesis de La Plata, “la Iglesia no hizo lo suficiente” en ese tema. Primer mea culpa desde que asumió la diócesis.Tampoco el estado, en otras cuestiones concomitantes, como la prevención del embarazo adolescente-juvenil. .El ministro de Desarrollo Social, Santiago López Medrano, declaró al diario La Nación que “unas 21.000 de las 30.000 chicas que dan a luz cada año en la Provincia no planifican ser madres antes de los 19 años. Cuatro de cada 10 jóvenes bonaerenses no usan siempre métodos anticonceptivos”, advirtió.

En ese plano, Fernández habla de “paternidad consciente”. ¿Incluye castidad hasta la formación de pareja estable o matrimonio?, se preguntan desde la corriente sanitarista. El mismo funcionario provincial remite a la comprobación de que “la iniciación sexual promedio de las chicas es 16 años”. Uno de esos sanitaristas, el ex ministro de Salud, Ginés González García, impulsó en su momento el programa de salud sexual y reproductiva, promoviendo la prevención mediante la distribución de métodos anticonceptivos. Como se sabe, para aquellos que defienden la posibilidad del aborto legal y seguro, la Iglesia todavía no resolvió la contradicción de oponerse al uso de profilácticos y la atención solicita, amorosa en la fe, del enfermo de sida.

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