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Los piqueteros buscan despegar la marcha de San Cayetano de la polémica por el aborto

Una imagen de la última marcha de San Cayetano, el 7 de agosto de 2017.

Designios del destino o pura casualidad política, la nueva marcha de San Cayetano, que promueven los movimientos sociales y que este 7 de agosto tendrá su tercera edición, cae justo el día anterior a que el Senado defina si será ley o no el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo que viene con media sanción de Diputados.

El paralelismo no es casual habida cuenta de la articulación entre la Iglesia y los sectores “de la Economía Popular”: los dirigentes sociales, incluido Juan Grabois de llegada directa al Papa Francisco, tienen ida y vuelta diaria con múltiples sectores eclesiásticos y especialmente con monseñor Oscar Ojea y el obispo Jorge Lugones; ambos críticos al Gobierno y muy allegados a Jorge Bergoglio.

De ahí las duda: ¿la marcha desde la Basílica de San Cayetano en Liniers a Plaza de Mayo quedará teñida por un sentimiento antiabortista en coincidencia con el pensamiento de los obispos? Los referentes piqueteros aseguran que no. A días de la movilización, Clarín conversó con Daniel Menéndez (Barrios de Pie), Juan Carlos Alderete (CCC) y Esteban Castro (CTEP). Y mostraron particular preocupación porque el reclamo quede acotado a lo social.

“El vínculo nuestro con la Iglesia es por la pobreza y por trabajar por los más humildes y ese es el eje que nos lleva a movilizarnos. Nosotros somos damnificados por la falta de trabajo y de hambre que hay en el país”, desmarcó Menéndez. Castro sumó: “En nuestras organizaciones hay diversidad: nosotros nunca planteamos ni lo vamos a hacer respecto a que los compañeros vengan con pañuelos de uno u otro color”. Alderete cerró: “Esta coyuntura del 8 no nos puede definir: nosotros vamos el 7 con Tierra, Techo y Trabajo y no al Fondo”.

Bajo ese lema, esperan una movilización contundente: los dirigentes pintan una situación “muy crítica” y piden al Gobierno adelantarse a diciembre, mes clave en inconsciente argentino desde 2001. Consideran que este es el año más complicado desde que asumió Mauricio Macri: “Fijate que algo tan técnico como es recurrir al FMI tiene un rechazo popularizado entre los más humildes porque saben que va a traer problemas”.

En la movilización reclamarán por los cinco proyectos que promueven: “Emergencia Alimentaria” para garantizar los requisitos nutricionales; “Integración Urbana” que legislará sobre futuras expropiaciones de las tierras y acceso a los servicios básicos (ya tiene media sanción de Diputados); “Infraestructura Social”, que exige al Gobierno que se destine un 25% de los fondos de la obra pública a las cooperativas del sector; “Agricultura Familiar” que contempla la constitución de un fondo fiduciario público para facilitar el acceso a créditos. Y la “ley de Adicciones” que busca la creación de un fondo para campañas de concientización y atención para menores.

¿Hasta dónde está complicada la situación social?, consultó este diario. ¿No exageran los que pronostican un estallido como en 2001? Para Castro, “lo del estallido es como si tuvieras la bola de cristal de lo que va a pasar. Nosotros dimos una pelea en el 2016 (por la Emergencia Social) y con mucha lucha logramos 30.000 millones de pesos y ellos van a ahorrarse 300.000 millones. Con esto digo que no es que el estado de ebullición dependa solamente de los más pobres o de lo que pueda pasar en el conurbano: hay una situación dramática para las Pymes, para los trabajadores formales porque hay conflictos por todos lados. Esto es el estado de ebullición”. Menéndez completa: “Lo que discute el Gobierno es que la situación no estalle. El hartazgo de la gente es una variable muy difícil de manejar y eso se agrava porque este es un Gobierno que pretende que estemos todos mal y callados”.

Hay gente que los apunta con que “cobran del Estado y se quejan del Estado”. ¿Qué opinan de eso?, consultó también Clarín. “El problema es que el sistema te excluye y te echa la culpa vos. La primera reacción del que queda afuera es salir a buscar trabajo”, coinciden.

Y cuando uno recibe un plan durante años, ¿no desincentiva a que la persona vuelva a trabajar? Responde Menéndez: “Es mentira que el plan resuelve el ingreso…. En la salida de la crisis de 2001 cuando se reactivó el mercado interno se generó más trabajo y cayeron los planes. Cuando preguntás si querés ganar 20 lucas en blanco o 5 en un plan la gente no lo duda, quiere trabajar”.