Los militares piden una recomposición salarial y una reconversión estratégica

El jefe del estado mayor conjunto de las Fuerzas Armadas, el teniente general Bari Sosa, escuchó el viernes una serie de pedidos de generales y coroneles con destino en Buenos Aires. Estaban referidos principalmente al polémico aumento salarial del 8 por ciento, que se suman a otros que van aumentando el malestar castrense.

Mientras los oficiales del Ejército en actividad esperaban conocer el viernes una definición sobre si se los iba a equiparar o acercar a los sueldos de la Gendarmería, el ministro de Defensa, Oscar Aguad, “partió a Córdoba y dejó a Bari Sosa sin respuesta”, revelaron fuentes militares a Clarín. Pero el problema salarial y la suspensión del desfile del 9 de Julio en la capital por restricciones presupuestarias son apenas la gota que rebalsó el vaso. 

En declaraciones a radio Mitre, Aguad se hizo responsable el jueves de la resolución que le dio solo un aumento del 8 por ciento. “Hemos cometido un error. Las sumas fijas en las FF.AA. no pueden funcionar en la razón de que se achica la pirámide y la jerarquización. Se va a dar el aumento a todos por igual y va a haber un plus de jerarquización”, manifestó el viernes, tal como adelantó Clarín.

​ En la nota, el ministro de Defensa señaló que las Fuerzas Armadas “fueron estigmatizadas durante diez años a partir de no aumentar los salarios de los militares, que quedaron totalmente desfasados”. “Un comisario de la Policía Federal cobra dos veces más de lo que gana un general. El 40% de los recursos que cobra el militar estaban en negro hasta el 2015. El Presidente se comprometió a blanquear esa suma en negro hasta llegar a cero. Hoy bajamos a la mitad esto”, afirmó.

En el reportaje a Aguad fue analizado detenidamente por altos oficiales en actividad que aguardan una respuesta. En la reunión del viernes, Bari Sosa se quejó por una filtración de una propuesta salarial de mínima que el había escrito en la que se omitió su propuesta de máxima elevada al Gobierno. “Fui víctima de una operación política”, dijo. Ahora cuando le preguntaron sus subordinados si sabía que el aumento iba a ser solo del 8 por ciento, contestó “no, me enteré por los diarios”. ​El malestar con esta situación está lejos de situaciones de insubordinación o reclamos como los de los carapintadas, aclaran. “Es la pérdida de esperanza por las expectativas que teníamos”, comentaron oficiales que pidieron mantener su nombre en el anonimato.

En ese y otros contactos, los militares vienen reclamando por el retraso en enviar los ascensos de coroneles y generales de brigada al Senado -lo mismo pasa en la Fuerza Aérea y la Armada-, los nombramientos de agregados militares, la asignación de partidas presupuestarias para apoyar, a partir del 1° de agosto, a las fuerzas de seguridad en el nuevo operativo Escudo Norte y el apoyo a la seguridad de la cumbre del grupo de los 20 en noviembre. Pero lo que más los desanima -la mayoría de los militares habían votado por Cambiemos en el 2015, cansados de la estigmatización a que los sometió el kirchenrismo- es el freno que el equipo del jefe de gabinete, Marcos Peña, le pone a la derogación del decreto presidencial de Néstor Kirchner 727 impulsado por la ex ministra de Seguridad, Nilda Garré. Este solo permite intervenir a las fuerzas armadas ante el ataque de otras fuerzas armadas que respondan a un estado. Así, por ejemplo, los militares no podrían responder un ataque terrorista de Al Qaeda porque no tiene un estado detrás. “Macri nos hizo esa promesa y dijo que solo le iba a costar dos tapas de Página 12”, recuerdan. Sin embargo, “en la jefatura de gabinete lo frenaron porque molestaría a políticos del kirchnerismo”.

“Lo mismo con la aprobación de una nueva Directiva de Política de Defensa Nacional (DPN, en la jerga). No quieren aceptar que la Argentina tiene hipótesis de conflicto, como las Malvinas, u otras amenazas”, se quejaron los altos oficiales.

En la cúpula del Ejército admiten que el jefe del arma, Claudio Pasqualini, hizo saber con buenos términos que ” iba a pedir el pase a retiro sino se cambiaba la política salarial”. Pasqualini, un militar de bajo perfil, hace seis meses que es jefe pero con el grado de general de brigada. “Debería ser teniente general o general de división pero nadie lo asciende”, dicen.

En el plano de la indefinición también están los proyectos de reconversión del Ejército que anunció Macri, el mes pasado, en el día del Ejército en el Colegio Militar de la Nación. El Ejército tenía 100 mil efectivos hasta 1983 y hoy tiene 40 mil, con prácticamente la misma estructura. “Sabemos que tenemos que achicarnos pero con un plan y acceso a la mejor tecnología”, señalan. Se quejan porque los funcionarios “parece que a altos funcionarios les interesa saber qué unidades proponemos desmantelar en las ciudades”. “Sospechamos que lo hacen para prevenir por las quejas que vendrán de los gobernadores o intendentes o por el negocio inmobiliario que habrá detrás”, afirman.

En sus análisis, los militares salvan a Macri. Creen que sus órdenes son frenadas en la burocracia del Gobierno y apoyan una frase del presidente que publicó Ambito Financiero. “Quiero que le retransmita a las Fuerzas Armadas mi agradecimiento y les pido un esfuerzo patriótico, sé de la situación difícil por la que están pasando, la falta de medios y recursos para las maniobras; sé que cuento con el apoyo de cada una de las fuerzas, me hubiera gustado otra situación pero espero de ustedes la contribución en la recuperación del país”, le habría dicho Macri a Bari Sosa y a Aguad, hace dos semanas atrás en la quinta de Olivos. Pero, advierten, “no entendemos cómo crean crisis innecesarias sacándoles, por ejemplo, fondos propios a colegios militares, como el Dámaso Centeno, solo porque no saben que dependen de Defensa desde la guerra del Paraguay”.