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Guerra contra las cucarachas, “pesas tumberas” y sahumerios: cómo es vivir en la cárcel según Amado Boudou

Sabe el ex vicepresidente Amado Boudou lo que le espera en Ezeiza, en el mismo penal en el que estuvo recluido durante poco más de dos meses y al que volvió este martes, después de ser condenado a cinco años y diez meses de prisión por ser encontrado culpable de los delitos de cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública en el caso Ciccone.

Fue él mismo quien tiempo atrás contó con minuciosos detalles sus experiencias desde el 3 de noviembre de 2017 hasta el 12 de enero de este año, el período que permaneció preso.

“Las condiciones de detención eran muy duras, muy duras. El afuera no existe para vos”, dijo, entre otras cosas, el ex ministro de Economía, que fue juzgado por el Tribunal Oral Federal 4, que ordenó su detención inmediata.

En una entrevista con Radio Del Plata, el ex funcionario contó: “Me había hecho un plan de trabajo para dos años, porque creía que tenía que aprovechar ese tiempo lo mejor posible. Y no me iba a dejar caer ni a doblar, sino que muy por el contrario yo pensé: ‘Tengo que salir más fuerte de lo que entré, más fuerte de la cabeza, más fuerte de lo físico’. Entonces tenía un plan de trabajo vinculado a lo intelectual, que eran tres turnos de lectura distintos, y un trabajo físico que iba variando”. 

Entre los detalles que hizo públicos, Boudou enumeró que las “pesas eran los tachos de agua llenos de lavandina, un palo de escoba que los unía, tachos de pintura que usábamos para hacer flexiones de brazos”, y siguió: “Eran pesas tumberas, como dicen, con tarros de lavandina de cinco litros. Uno los llena de agua y los usa para hacer diversos ejercicios, o un palo de escoba para hacer bíceps, o te los atás al tobillo para hacer glúteos”.

Sobre las comidas, Boudou contó que en su estadía en Ezeiza tenían dos, “una cerca del mediodía y otra a las siete de la tarde”, y señaló que “eran relativamente buenas: pollo con verduras o pizza con verduras”.

Precisó que él y sus compañeros de pabellón eran “engomados” -así se dice en la jerga tumbera al momento en el que los reclusos son encerrados en sus celdas- entre las 19 y las 20, en el momento de la cena, y después a partir de la medianoche y hasta las 8.

Boudou debió convivir y luchar contra las cucarachas, y en esos dos meses en el penal lo hizo con un trabajo conjunto que acordaron con los otros internos: “Empezamos ahí una guerra contra las cucarachas y contra la suciedad muy colectiva, trabajando todos juntos (…). La Constitución nuestra dice que las cárceles tienen que estar limpias y demás, pero la verdad es que a cada pabellón lo tienen que sostener los internos, los detenidos. Y funciona así y me parece que está relativamente bien que funcione así”, precisó.

Difícilmente haya olvidado Boudou el olor del penal de Ezeiza, al que no dudó en definir como “espantoso”.

“Es una de las cosas que me parece que te quedan grabadas adentro porque es una mezcla de humedad, tierra, mugre. Es muy feo. Yo pedí que me trajeran sahumerios y los ponía en la celda, porque la verdad es muy feo”, explicó.

La rutina de los presos K en Ezeiza