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“Funcionarios infieles”: el eufemismo K para intentar salvar a Cristina

Si el razonamiento fuera cierto, Cristina Kirchner se convertiría en la mujer más engañada de la política. Como en el caso de José López, en el kirchnerismo buscan instalar por estas horas una hipótesis inverosímil para salvar a la jefa: la teoría de los “funcionarios infieles”.

La corrupción explícita y filmada con el ex secretario de Obras Públicas, revoleando bolsos con plata en un convento del conurbano, sacó a la luz el entramado oscuro de las coimas K. Fue más obsceno, incluso, que la imagen de uno de los hijos de Lázaro Báez y otros de sus socios contando plata negra y fumando habanos y tomando whiskys en una cueva financiera.

¿Imposible de superar? Parecía que sí, hasta que aparecieron los cuadernos del chofer infiel. Y como en el caso López, en un reflejo automático para salvar a Cristina, en el kirchnerismo hablan de “funcionarios infieles”. Este lunes lo hicieron en tándem uno de los abogados de la ex presidenta, Gregorio Dalbón, y uno de sus ex jefes de Gabinete, Jorge Capitanich. 

“Pudo haber funcionarios infieles, pero de ninguna manera Cristina es corrupta”, bajó línea el abogado. “Puede haber ocurrido que haya habido funcionarios infieles en el gobierno de Cristina Kirchner. En el ejercicio de la política se pueden cometer errores”, aportó el intendente chaqueño.

La defensa, ¿estéril?, se suma a la primera reacción K con los cuadernos de las coimas: que todo se trataba de una operación macrista-judicial-mediática para tapar los problemas económicos. Una jugada que incluiría al primo del Presidente admitiendo pagos ilegales desde una de las empresas clave de la familia Macri.

La teoría del “funcionario infiel” choca, además, con un elemento clave de los cuadernos, que por supuesto deberá confirmar con pruebas la Justicia. Y es el rol central de Cristina en la recaudación de las coimas para la campaña electoral. Hasta ahora, el trazo grueso del relato K admitía la afición de Kirchner por la plata, blanca y negra, pero buscaba preservar a la ex presidenta del delito. 

El relato que más convence al fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadio, sin embargo, no admite diferencias: ambos, Néstor y Cristina, fueron los jefes alternativos de una asociación ilícita. Y los infieles eran los que no cumplían con los encargos.