En el largo camino hacia la justicia siguen brotando piedras e intrigas

Si algún desprevenido aún no había notado el freno que las causas judiciales por corrupción tuvieron en los últimos meses, esta semana debería haber acabado con su ingenuidad. A la razonable resistencia de los acusados e imputados, se sumó el olor a empate que empiezan a emitir las feromonas de algunos jueces y funcionarios, cuya enjundia principista se ralentizó hasta el congelamiento.

Hace apenas unas semanas, el intento de la defensa de Amado Boudou por desplazar al presidente del tribunal que lo está juzgando por el escándalo Ciccone 48 horas antes de la sentencia habría chocado con un rechazo terminante e inmediato. Ayer, en cambio, esa negativa dejó abierta una puerta para que el ex vice suba con el reclamo hasta la Cámara de Casación, cuyo rebote está casi asegurado. Pero mientras, la sentencia en el caso más emblemático de la corrupción kirchnerista -no el más gravoso, sí el más famoso- ahora llegará a mediados de agosto.

La cuña que los abogados kirchneristas Rúa y Peñafort metieron ayer en el juicio a Ciccone le apuntó a Pablo Bertuzzi, presidente del Tribunal Oral Federal 4 y candidato a ser trasladado como vocal a la Cámara Federal porteña, el estratégico tribunal que recibe las apelaciones de los doce juzgados federales de Comodoro Py. En otras palabras: abre y cierra la barrera de todos los expedientes por corrupción de funcionarios nacionales.

La mudanza ya estaba casi sellada, pero el viernes recibió un inesperado golpe con el rechazo de la mayoría de los jueces de la Cámara, que por ahora son tres para ocupar seis sillas. Mientras avanzan los concursos para cubrir las vacantes, el traslado de Bertuzzi fue objetado por el juez Martín Irurzun y el recién llegado Mariano Llorens. Debajo de los argumentos jurídicos, y aunque su opinión no es vinculante, la tarjeta amarilla a Bertuzzi refleja la voluntad de Irurzun por no perder el control de la Cámara que preside. La sintonía de ese prestigioso juez con el jefe de la Corte, Ricardo Lorenzetti, es casi total.

El tironeo debe definirse en el Consejo de la Magistratura, donde ya se siente la ola polar que sopla sobre la agenda de transparencia. El expediente Bertuzzi quedó en suspenso, al igual que unos dieciséis concursos de jueces que venían a todo vapor y ahora de golpe quedaron bajo la suela del consejero juez Luis María Cabral. La comisión de Disciplina y Acusación del Consejo, que entre otras investiga denuncias contra los jueces federales Ariel Lijo y Rodolfo Canicoba Corral, entró en un oportuno estado de sopor. El Gobierno tampoco hace olas ni reclama acción.

En Comodoro Py también se lleva a cabo el juicio a José López por sus bolsos nocturnos preñados de dólares. El Tribunal Oral 2 lleva un mes cavilando si acepta o no como querellante a la Unidad de Investigación Financiera, paso previo a la indagatoria de los acusados, que recién ocurriría a mediados de agosto. En esa molicie, la jugada contra Bertuzzi halló suelo fértil. Los abogados de Boudou lo acusan de haber arreglado su traslado con el Gobierno, lo que aún si fuera cierto poco tiene que ver con su rol en este juicio. No importa: de noche, todos los gatos son pardos.

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