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El Gobierno, frente a los números de Cristina y a un escándalo con final abierto

-Cristina todavía tiene fuerzas y va a tener fuerzas durante un buen tiempo. No es disparatado pensar que pueda ganar en 2019. Si por alguna razón fracasa la política económica, eso es posible.

La sentencia pertenece a Jaime Durán Barba. El estratega presidencial tal vez no imaginaba en febrero, cuando desnudó lo que revelaba sus trabajos de focus group, que el escenario sería hoy incluso peor que entonces: aún la expectativa inflacionaria era del 15 por ciento, la economía exhibía señales de recuperación, la pobreza tendía a la baja y la oposición postergaba sus ambiciones para 2023. Federico Sturzenegger estaba firme en el Banco Central, Nicolás Dujovne era un ministro con poder recortado, Juan José Aranguren se veía puertas para adentro como el ejemplo que Mauricio Macri quería diseminar en el resto del Gabinete y nadie imaginaba que la Argentina iba a tener que apurar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en medio de una fuerte devaluación del peso.

¿Eso quiere decir que hoy Cristina tiene más posibilidades de ser competitiva el año próximo inclusive en medio del escándalo de los cuadernos? Conviene ir por partes. La crisis existe y se siente, pero todavía no altera comportamientos o al menos no los altera drásticamente. La caída de Macri en todos los sondeos a su piso más bajo desde que asumió no logró ser capitalizada por ningún referente opositor. El asesor histórico de las campañas macristas no ha vuelto a hablar en público desde que se desató la tormenta cambiaria, pero los trabajos de campo que él monitorea -en especial los cualitativos, que acaban de ser analizados por la estrella de su equipo, el sociólogo Roberto Zapata- no han mostrado variación en la consideración de la ex presidenta, como sí sostienen encuestadores que no trabajan para el macrismo.

Así, las primeras conversaciones que se dieron en la Casa Rosada después de que se publicó la investigación del periodista Diego Cabot llevaron alivio, pero no euforia. En el círculo más cercano a Mauricio Macri anticipan que la imagen de la ex presidenta no saldrá dañada dentro de su electorado. “No tiene seguidores, tiene fanáticos”, confían.

Los simpatizantes cristinistas se dividen entre quienes creen que aún con errores su gestión es lo mejor que le pasó al país (refuerzan esa idea frente a los errores macristas) y quienes están propensos a interpretar cada embestida judicial contra su líder como una operación funcional al Presidente. “Son votantes duros, durísimos. Ni aun apareciendo videos de Cristina trasladando bolsos dejarían de creer en ella”, consideran. Otros aseveran que la ex mandataria representa una “expresión cultural” firme e inmovible.

El mensaje que baja hacia los ministros y operadores que ya trabajan con la mente en la reelección de Macri exige no distraerse en la nueva geografía política. Para ser más precisos: no hay por qué pensar que la curva sobre el accionar de los votantes de Cristina tenga razones para modificarse. Esa curva no ha mostrado saltos desde que Macri asumió el poder. Sube dos puntos, baja dos puntos. No más que eso. No es cierto -siempre según los números que maneja Durán Barba- que Cristina se haya beneficiado con su silencio. Del mismo modo, tampoco ahora se especula con una baja considerable, pese a que los textos del chofer Oscar Centeno echan por tierra al relato de que la esposa de Néstor Kirchner era una víctima de la corrupción que la precedió en el poder. Todo indica que el juez Claudio Bonadio va a procesarla. Cristina pasará a acumular la inédita cifra de seis procesamientos y embargos por más de 11 mil millones de pesos.

El nuevo estallido de corrupción es a todas luces un impasse en la acuciante realidad argentina. “Esto que está pasando es muy sano”, les dijo Mauricio Macri a los integrantes de su mesa judicial. En su entorno aseguran que es consciente de todo lo que está en juego con los arrepentidos y que incluso podría verse afectada gente conocida y que hasta pudo pasar por empresas que dirigió Franco Macri. La detención del ex CEO de Iecsa, Javier Sánchez Caballero, salpica a su primo, Angelo Calcaterra, que ya fue citado por la Justicia en la causa Odebrecht. Calcaterra es un familiar muy querido por Macri.

En la mesa judicial del Gobierno se jactan de haber renovado parte del sistema. Hablan de las salidas de Eduardo Freiler, Eduardo Farah y Jorge Ballestero y del nombramiento de más de 300 jueces. “¿Si ganaba Scioli esto hubiera ocurrido o hubiera seguido la joda de los bolsos?”, preguntan. El diálogo con el Poder Judicial es permanente. A Marcos Peña, por ejemplo, lo esperan cada 30 días en la Corte Suprema. Se reúne con los cinco jueces y hablan de todo.

En términos de agenda pública, Macri no ignora que las nuevas denuncias de corrupción irrumpen en circunstancias difíciles para las clases medias y bajas. Y justo después de que se acumularan denuncias por aportantes truchos en la última campaña de Cambiemos. El caso afectó y mucho a María Eugenia Vidal. Por primera vez su imagen se ve afectada y se teme hacia dónde puede escalar la causa. Esta semana la gobernadora recibió otra noticia de alto impacto: la muerte en una escuela de dos personas. Fue una tragedia. Pudo ser muchísimo peor.

La aparición de los cuadernos arroja dinamita sobre los puentes que estaba tejiendo la oposición. Los coqueteos entre el Peronismo Federal, el massismo y el propio kirchnerismo podrían verse nuevamente afectados. El dato más significativo fue la súbita y efímera reaparición de Sergio Massa. Luego de muchos meses sin hacer declaraciones (no hay antecedentes de tanto silencio en el conductor del Frente Renovador) se vio forzado a fijar posición. Lo hizo respetando su lógica de los últimos años: hablo de la necesidad de que haya “presos por los bolsos y los cuadernos”, pero a la vez reclamó que haya un cambio en la política económica porque “la gente está triste y desanimada porque la plata no alcanza”. La célebre avenida del medio. Casi un lanzamiento de campaña. Ese será su discurso cuando al ruedo.

En la Casa Rosada no hay una posición unánime sobre el futuro judicial de Cristina. La oposición tampoco lo tiene claro. Miguel Angel Pichetto se niega a apoyar los pedidos de desafueros de la Justicia. Para Macri quizá no sea una mala noticia. “La queremos a tiro de 2019”, reconocen a su lado. Hay un pacto no escrito con Cristina: ella también necesita dar señales de que va a ser candidata. La foto con Hugo Moyano tras 7 años de enemistad habla por sí sola.

El azar quiso que, el día que detuvieron a los empresarios, Peña tuviera que ir a al Congreso para brindar el informe de gestión. El rebote mediático previo le aseguró un desplazamiento más cómodo del que imaginaba. El nuevo capítulo de corrupción fue un desahogo para la primera línea del poder. Ahora se los ve algo más relajados y chispeantes. Un colaborador le propuso a Peña que asistiera al recinto con un cuaderno Gloria. Bastaba con apoyarlo en el atril, sin emitir palabra, para que los fotógrafos lo tomaran. El jefe de Gabinete lo pensó, pero no se animó a tanto.