Un viaje a la intimidad de la familia Trump y una pregunta obligada: ¿quién será el heredero?

Imagen del Donald Trump junto a su familia en Nueva York. De izquierda a derecha: Tiffany Trump, Donald Trump Jr., Kai Trump, Melania Trump, Donald Trump III, Ivanka Trump y Eric Trump. / DPA

“Son como mini-bots, o mini-Voltrons. Entre todos, forman un conjunto”. Las palabras de Michael Cohen, el ex abogado de Donald Trump ahora caído en desgracia, respecto de los hijos del mandatario son una pista valiosa para pensar una cuestión que hoy intriga a quienes ya están pensando en qué pasará con la actual primera familia de EE.UU. una vez que finalice la aventura presidencial del ex conductor de realities. ¿Alguno de ellos se dedicará a la política? ¿Quién dirigirá el imperio inmobiliario? ¿Ivanka buscará afianzarse en el mundo de la moda y saltar al de los medios? Si bien todavía parece quedarle bastante tela por cortar a Donald padre, las especulaciones han empezado hace rato. 

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La revista Vanity Fair acaba de publicar un extracto del libro “Born Trump: Inside America´s First Family” (Nacer Trump: un viaje por dentro de la primera familia de Estados Unidos), escrito por Emily Jane Fox. Allí, la periodista recorre tramos de la infancia y juventud de los herederos de Trump, como así también ciertos momentos y circunstancias para tratar de entender un poco mejor la personalidad de cada uno.

Las palabras de Cohen citadas más arriba forman parte de ese extracto, y ayudan a ilustrar una cuestión central: ninguno es una réplica de su padre; sino que más bien la personalidad del presidente parecería haberse dividido entre los tres. Don Jr. es un negociador implacable, dispuesto a todo con tal de ganar. Ivanka es una show-woman por naturaleza, siempre en busca de las cámaras, mientras que Eric es a quien más le atrae la tarea de ampliar el imperio inmobiliario de la familia. Entre todos, pueden llegar a formar un conjunto de temer.  

No es de extrañar que la infancia de los tres hijos mayores de Trump, cuya madre es la ex modelo checa Ivana Trump, haya transcurrido entre niñeras, subiendo y bajando los pisos de la Trump Tower para ir desde la oficina de su padre hasta el penthouse que la familia ocupaba en el piso 68. Don Jr. (40), Ivanka (36) y Eric (34) fueron criados por una sucesión de institutrices alemanas y suizas durante su niñez hasta la adolescencia, que fueron enviados a un colegio internado.

Fox detalla que cada uno de los niños tenía un cuarto propio, a lo que había que sumarle una inmensa sala de juguetes lleno de bloquecitos legos, camioncitos, videojuegos y televisores gigantes, una oferta tan gigantesca que hacía que inclusive Michael Jackson, vecino de los Trump por esos años, fuera al penthouse de visita (según Fox, a los hijos del presidente nunca se los dejó solos con el rey del pop). 

De acuerdo a los recuerdos de Don Jr, Ivanka y Eric citados en el libro, su padre no estaba muy interesado en la disciplina, pero Ivana no tenía problemas en castigar a sus hijos, inclusive físicamente. En una entrevista que brindó al Evening Standard que Fox recoge en su libro, Ivanka Trump afirmó: “mamá es europea. Ella no te deja pasar una”.

A pesar de todo esto, la vida en Nueva York durante la semana, sumado a excursiones a Florida los sábados y domingo a la residencia de Mar-A-Lago, pasaba sin sobresaltos. Don Jr prefirió siempre los deportes y la vida al aire libre, pero Eric tomó clases de dibujo particulares en el Museo de Arte Moderno (MoMA). Ivanka estudió piano y danza, e inclusive llegó a participar de una puesta en escena de “El cascanueces” en el Lincoln Center, de la cual Michael Jackson fue espectador tras bambalinas. No fue hasta un viaje de fin de año a Aspen en 1989 que el castillo de ensueño finalmente se vino abajo. 

Hay varias versiones de cómo se produjo el encontronazo entre Ivana Trump y Marla Maples, en ese momento amante de Donald Trump, en el popular restaurante Bonnie’s.

Si bien nadie parece ponerse de acuerdo acerca de quién empezó la discusión (los testimonios recogidos hablan de gritos de ambas partes, y a Maple declarando, “Soy Marla Maples, ¡y amo a tu marido!), lo cierto es que resultó ser un bochorno que avergonzó profundamente a todos los presentes, e introdujo una brecha entre los niños y su padre que tardaría años en cerrarse. 

Ivana Trump, la madre de los tres hijos mayores del presidente, fue una figura fundamental en sus vidas. / AP

Tras el escándalo, Donald Trump dejó la residencia familiar, e Ivana buscó recoger los pedazos sueltos, siempre tratando de asegurarse de que sus hijos sufrieran lo menos posible. El primogénito, Don Jr, dejó de hablarle a su padre, y mantendría una actitud fría para con él por muchos años más. Ivanka, por su parte, se mostró sumamente dolida.

Para evitar el acoso mediático, Ivana y los tres chicos se mudaron por tres meses a Mar-A-Lago. Allí bucearon y jugaron al tenis, manteniéndose al día con sus deberes gracias a la asistencia de tutores particulares.

Durante este período también pasaron una gran cantidad de tiempo junto a sus abuelos Dedo y Babi, los padres de Ivana, que contuvieron a los menores en los momentos más complicados. En una entrevista publicada el año pasado, Ivana Trump afirmó respecto a la crianza de sus hijos: “Cuando el menor cumplió 21 años, lo llamé a Donald y le dije, ‘acá está el producto final; ahora te toca a vos seguir con la obra'”. 

, Donald J. Trump (c), abraza a su mujer Melania (i) y a sus hijos tras jurar como el presidente número 45 de la historia de los Estados Unidos./ EFE

La llegada de Eric Trump a su primer día de trabajo en Trump Tower en 2006 marcó la primera ocasión en 15 años en que los hermanos estaban todos juntos nuevamente. Si bien cada uno de ellos representa distintas facetas de la personalidad de su padre, a partir del tiempo que llevan en la vida pública, Fox se anima a señalar dos características comunes a los tres: una férrea ética laboral, y un deseo intrínseco de aprovechar todas las oportunidades que se les presentan por ser los hijos de Donald Trump. 

Para los tres, al menos en un principio la incursión de su padre en el mundo de la política representaba lo mismo que para él: una chance de ampliar el alcance de la marca Trump, y generar nuevas oportunidades de negocios. De hecho, según el relato de Fox, a lo largo de la campaña reinó el optimismo y el entusiasmo, una sensación genuina de que esta era una oportunidad única que no volvería a repetirse. La familia viajó junta a los debates y a los actos, y en algunos casos llevaban amigos o socios, de manera tal de que pudieran ver el detrás de escena de la política estadounidense. El triunfo de Donald Trump cambió drásticamente los planes, y generó reacciones dispares en cada uno de ellos. 

Para Don Jr, un hombre de perfil bajo y acostumbrado a moverse sin rendirle cuentas a nadie, el ascenso de su padre a la presidencia representó el trastocamiento de gran parte de su rutina. Debió consensuar con el Servicio Secreto todos los movimientos de su familia, compuesto por su esposa Vanessa y sus cinco hijos (su esposa le pidió el divorcio en marzo pasado). Las excursiones a su segunda vivienda en las montañas de Catskills, donde se perdía por hasta 10 días para cazar y pescar, debieron ser discontinuadas. 

CLAIMA20161110_0113 Melania Trump junto a los hijos de su marido, Ivanka , Eric y Donald Jr. AP

En el caso de Ivanka, por otra parte, la llegada al centro neurálgico de la política estadounidense parece haberle caído como anillo al dedo. De acuerdo a los testimonios recogidos por Fox en su libro, Melania Trump quiso suspender la tradicional caminata que los presidentes electos realizan a lo largo de la avenida Pennsylvania luego de la ceremonia de asunción, debido a razones de seguridad. Pero Ivanka estaba decidida a que pasara. Contrató un estilista, y les dijo a sus amigos que quería un “momento de princesa”. El libro cita un amigo de Ivanka, que le habría dicho: “Es una inauguración presidencial, no un coronamiento”. 

Transcurridos poco más de dos años de la presidencia de sus padre, los tres parecen tener claros sus roles dentro del esquema de armado de poder, al menos en lo que a la cara pública se refiere.

Los hijos de Trump, de der. a izq. Donald Trump Jr., Ivanka Trump, Eric Trump, y Tiffany Trump, la hija que tuvo con Marla Maples. / Reuters

Don Jr. es el ardiente conservador, el amante de las armas que representa el típico votante de Trump de los Estados rojos.

Ivanka es la cara menos ofensiva del gobierno, y el puente para llegar hasta el sector femenino del electorado, mientras que Eric es el operador en las sombras, listo para resolver cualquier problema que su padre pudiera tener.

Mientras que en el centro de todo siga Donald Trump, el sistema funciona sin mayores inconvenientes. El dilema llegará el día en que el sol naranja deje de brillar.