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Salvavidas para refugiados africanos: se instalarán en un convento de Palma de Mallorca

(Foto: Clara Margais/dpa)

El barco de rescate Aquarius pasó varios días en junio vagando sin destino por el Mediterráneo, cargado de refugiados, hasta que España accedió a recibirlo. 23 de sus ocupantes ahora buscarán olvidar los traumas de los que huyeron en un escenario bien diferente: un convento vacío en las Islas Baleares.

El sitio que los espera queda en el barrio Son Rapinya de la ciudad de Palma de Mallorca. Es un edificio que pertenece a la congregación de las Hermanas de la Caridad y en la recepción hay una consigna pintada en la pared con letras rojas: “Hoy es un buen día para sonreír”.

Es el espíritu que se respira.

Un pintoresco patio ofrece la sombra consoladora de un árbol. Las habitaciones, aunque austeras, son claras y acogedoras.

Cuarto confortable. (DPA)

Las ventanas del piso superior, con sus postigos verdes típicos de Mallorca, miran a la sierra Na Burguesa.

“Creo que los 23 llegarán a fines de esta semana”, cuenta Tomeu Miralles, de 41 años y coordinador del flamante centro gestionado por la Cruz Roja.

Miralles, listo para ayudar. (DPA)

El convento fue renovado hace solo 10 años. “Lo único que tuvimos que hacer fue amueblarlo”, comenta.

La historia detrás de los refugiados tuvo en vilo a Europa. Comenzó cuando el barco Aquarius, de la organización SOS Méditerranée, rescató en junio último a 629 migrantes en la costa libia. La mayoría eran sudaneses, eritreos y nigerianos que huían de la guerra y el hambre.

Tanto el xenófobo Matteo Salvini (ministro italiano del Interior) como el Gobierno de Malta se negaron a recibirlos. Y el barco siguió navegando, sin destino y con una situación a bordo cada vez más precaria.

Hasta que se ofreció a darles una mano el Gobierno del socialista Pedro Sánchez, quien asumió a principios del mes pasado. El Aquarius hizo otros 1.500 kilómetros y llegó a Valencia con 106 personas; los demás habían sido trasladados en 2 barcos italianos.

Los acogieron el 17 de junio. (SOS Méditerranée)

Así España se convirtió en referente de la política europea de refugiados: la semana anterior superó a Italia como principal país receptor, según el relevamiento de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

En lo que va del año, la cantidad de gente que intentó llegar a Europa por la ruta del Mediterráneo occidental se triplicó en comparación con el mismo período de 2017. Y sólo el fin de semana pasado hubo más de 1.100 personas rescatadas por Salvamento Marítimo español ante las costas andaluzas, en el sur.

Un abrazo, una salvación. (SOS Méditerranée)

A diferencia de Alemania o Italia, España no tiene partidos de ultraderecha o xenófobos en el Congreso. Y la sociedad parece comprender el drama de los refugiados: un sondeo de la ONG Oxfam Intermón reveló en junio que un 80% de españoles se muestra preocupado por el aumento del racismo en el mundo.

Además, un 87% considera que los gobiernos europeos podrían hacer algo más para ayudar a los migrantes. Y un 65% desearía que Madrid modificara las políticas de asilo para evitar más muertes en el Mediterráneo.

“La mayoría de españoles da más importancia a sus valores que a sus miedos”, explica Eva Garzón, experta de Intermón. “Reclaman una política de migración mejor y más humana.”

La mayoría de los refugiados que se instalarán en el convento de Mallorca escapó del conflicto en Sudán.

“Durante los primeros 6 meses intentamos cubrir sus necesidades básicas y prepararlos lentamente para la vida en la isla”, explica el coordinador Miralles.

Tomeu Miralles. (DPA)

Tendrán asistencia médica y psicológica, cursos de idioma, yoga, teatro y talleres para buscar vivienda y trabajo o hacer trámites. Además, les van a dar 50 euros por mes (58 dólares, unos 1.600 pesos).

Según el plan diseñado, deberán encontrar una tarea remunerada a más tardar en 18 meses.

“Ninguno quiere estar realmente aquí. Si tuviesen una oportunidad en su patria, se habrían quedado”, observa Miralles. “Y eso genera frustración.”

Frente a una nueva oportunidad. (Foto: SOS Méditerranée)

Fuente: Patrick Schirmer Sastre y Carola Frentzen, DPA