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Pandilleros arrepentidos en El Salvador: se la pasaban asesinando y ahora en la cárcel hacen pan, tejen y dibujan

Tintas: Biblia y tatuajes. (AFP)

Marvin Palacios mató y ahora aprende a dibujar y pintar.

Moisés Linares extorsionó y ahora se dedica a hacer pan.

En la cárcel.

En San Francisco Gotera, donde hay casi 1.600 presos aunque la capacidad es de 300 nomás. Y donde casi todos son pandilleros arrepentidos de los crímenes que cometieron para Barrio 18 y Mara Salvatrucha (MS-13), las organizaciones delictivas más peligrosas de El Salvador.

Con techos de láminas metalizadas que aumentan el calor, el penal ubicado 161 kilómetros al este de la capital San Salvador tiene estrechos pasillos y sus celdas se convierten en aulas.

Apenas 43 internos rechazaron sumarse a 2 iglesias evangélicas con pastores que eran pandilleros y ahora lideran el programa de capacitaciones en diferentes oficios para ayudar a la reinserción social.

Todo se desarrolla bajo “medidas extraordinarias” de seguridad, como la prohibición de recibir visitas.

Casi la mitad de la población carcelaria de El Salvador (43,7%) corresponde a pandilleros de Mara Salvatrucha y Barrio 18: en total son 17.000 presos en 6 cárceles.

“Estamos más que arrepentidos de haber pertenecido a la pandilla y lamentamos todo el tiempo que desperdiciamos andando en malos pasos”, declara Moisés Linares, que ya pasó 12 de sus 30 años detenido por extorsión.

Moisés era uno de los cabecillas más violentos en Gotera hasta que se transformó en instructor del taller de panadería, un oficio que aprendió a los 13 gracias a su abuela.

Y en estos días le preocupa otra cosa: que no se vea el número 18 que se tatuó en la frente con tinta negra. Quiere presentarse limpio ante sus hijos Nathali (6) y Benjamín (4).

Moisés Linares. (AFP)

Algo parecido le pasa a Marvin Palacios, de 31 años: “Qué más quisiéramos que ir a la máquina para la remoción de tatuajes… ya no los queremos seguir tapando”, dice el estudiante de dibujo y pintura.

Marvin (que ya purgó 13 años por homicidio) espera su carta de libertad en agosto y ha tratado de borrar las 2 letras que tiene, una en cada brazo: la M y la S de Mara Salvatrucha.

Pinturita en la cárcel. (AFP)

Como símbolo de pertenencia se tatuaron números o letras de sus pandillas y ahora los quieren tapar: se tatúan encima y sus cuerpos ahora lucen confusas figuras. Según sus códigos de guerra, simplemente detectar el símbolo de una banda puede ser una condena de muerte.

El director de Centros Penales Marco Tulio Lima dice que el programa oficial “Yo cambio” ayuda a la rehabilitación: “Hay un deseo de abandonar la pandilla de manera definitiva: por eso piden el borrado de tatuajes”.

Según cifras oficiales, en 2017 se registraron en El Salvador 3.954 homicidios. Esto es 60 por cada 100.000 habitantes: una de las tasas más altas del mundo.

Plena clase de alfarería. (AFP)

Nacidas en calles de Los Ángeles, las pandillas cometieron la mayoría de los homicidios en El Salvador. Totalizan unos 70.000 miembros.

El sistema penitenciario salvadoreño está hacinado: al 9 de julio último sumaba 38.815 presos, de los que el 43,7% son pandilleros.

Mara Salvatrucha y su facción disidente 503 suman 8.690 presos (508 mujeres). Barrio 18 tiene 6.337 (516 mujeres). Otras organizaciones agregan 721 integrantes encarcelados.

La idea es que se rehabiliten. (AFP)

Hay 1.276 menores de edad pandilleros alojados en 6 centros de resguardo. 694 de la MS-13 y 582 de la 18.

Marlon Steward Padilla (40) perteneció a la Mara Salvatrucha y lleva cumplidos 16 de los 70 años de condena que recibió por diversos delitos. En la prisión de Gotera se reencontró con su hijo Julio Alexander (24), que estaba en la rival Barrio 18 y le dieron 20 años por homicidio.

“Me sentí alegre ─cuenta Marlon─. Lo abracé, lo besé y le dije: ‘El tiempo que no te pude dar en la calle, te lo voy a dar aquí’.”

Fuente: AFP