Nicaragua: Ortega rechaza adelantar las elecciones y llaman a un paro nacional

Seguidores de Daniel Ortega, con banderas sandinistas, en Managua, Nicaragua. (AP /Alfredo Zuniga)

Al descartar este fin de semana un eventual adelanto de las elecciones previstas para el año 2021, el presidente Daniel Ortega cerró las puertas a una pronta y negociada solución a la violenta crisis que envuelve a Nicaragua desde hace dos meses y medios. Ortega, de 72 años, rechazó el sábado de un tajo, sin mencionar a la opositora Alianza Cívica, una propuesta planteada en el diálogo nacional para convocar a comicios presidenciales en marzo próximo.

La Alianza Cívica aplazó para el próximo jueves una marcha que tenía prevista para el sábado y llamó a un paro nacional el 13 de julio, el segundo convocado en la crisis, luego del realizado el 14 de junio con gran acogida de empleados y trabajadores.

“Aquí las reglas las pone la Constitución de la República, a través del pueblo. Las reglas no pueden venir a cambiarlas de la noche a la mañana porque se le ocurrió a un grupo de golpistas”, dijo ante simpatizantes Ortega, que no escatimó calificativos para sus adversarios, a quienes también llamó “asesinos”, “delincuentes” y “terroristas”.

Según la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos, merecedora del Premio franco-alemán de Derechos Humanos, la cifra de muertos supera las 309 personas, en su inmensa mayoría jóvenes heridos por armas de fuego, además de casi 2.000 heridos y cientos de detenidos y desaparecidos. El Gobierno sólo reconoce 47 muertos.

“Ya habrá tiempo, tal como manda la ley, habrá tiempo para elecciones, todo tiene su tiempo”, agregó el ex comandante en un discurso precedido por canciones de combate de la década de 1980, cuando gobernó por primera vez durante la revolución sandinista y un conflicto bélico que dejó decenas de miles de muertos. La propuesta de adelanto de elecciones fue planteada por los obispos de la Conferencia Episcopal, mediadores en el diálogo, como única salida a la crisis y después de que la prensa informara sobre una supuesta anuencia de Ortega a la misma, en una reunión con un enviado de Estados Unidos hace aproximadamente un mes.

Lejos de acceder al reclamo de miles de personas que exigen su salida del poder, el gobernante arremetió incluso contra los empresarios que apoyan las protestas y contra las “instituciones religiosas” que lo “maldicen”, según dijo, en evidente alusión a las autoridades católicas comprometidas en la mediación. También dijo que tendrán que “desaparecer de toda Nicaragua” los “tranques”, como se conoce a los más de 100 retenes de protesta de estudiantes y campesinos que mantienen bloqueadas varias carreteras del país y el acceso a numerosas ciudades del interior.

La aparente orden presidencial fue cumplida casi de inmediato, debido a que la noche del sábado fuerzas paramilitares atacaron a balazos a manifestantes en la ciudad de Matagalpa (sur) y en las primeras horas de este domingo otros grupos fuertemente armados hicieron lo propio en las ciudades de Diriamba y Jinotepe, con un saldo preliminar de varios muertos y heridos. “El presidente Daniel Ortega quemó los últimos puentes que le ofrecían la posibilidad de entablar una negociación política para lograr su salida del poder en condiciones de gradualidad”, escribió el periodista Carlos Fernando Chamorro en la publicación que dirige, Confidencial, uno de los medios más críticos.

“Es probable que al subir la parada, Ortega se está preparando para negociar con el Gobierno norteamericano, al que hace un mes ofreció adelantar las elecciones y ahora debe rendir cuentas, después de las sanciones impuestas contra tres operadores de su círculo íntimo”, señaló Chamorro.

Los sancionados por la Ley Magnitsky, que supone entre otras restricciones el congelamiento de cuentas bancarias en Estados Unidos y el retiro de la visa norteamericana, son el secretario general de la Alcaldía de Managua, Fidel Moreno; el subdirector de la petrolera Albanisa, Francisco López, y el segundo jefe de la Policía, Francisco Díaz, que además es consuegro del presidente.

“El mensaje inequívoco de Ortega es que el régimen ha llegado a un punto de no retorno y por lo tanto, todos sus allegados deben proclamar su lealtad absoluta, descartando cualquier posibilidad de negociación con la salida que ofrece la rebelión cívica”, señaló Chamorro.

Fuente: DPA