Marruecos: a metros de una playa turística, los inmigrantes que comen en un basurero

“Mi madre estaría enferma si viera esto”, dice con tristeza Yusuf, un guineano de 20 años. AFP

En un basurero a cielo abierto, fuera de la vista de los veraneantes que se broncean en la costa marroquí, jóvenes inmigrantes sobreviven en la inmundicia, carcomidos por la vergüenza y la miseria, soñando con llegar a Europa, justo enfrente.

En cuclillas bajo un sol ardiente, Yusuf saca su comida de una pila de basura, tal como hacen las gaviotas y los perros, y como decenas de otros jóvenes, a veces menores de edad, que huyen en la desesperación de un país socavado por la pobreza y la corrupción, con la expectativa de un futuro mejor.

“Mi madre estaría enferma si viera esto”, dice con tristeza este guineano de 20 años. “Estamos pasando por un momento muy difícil, no tenemos trabajo, comemos de la basura, no tenemos otra opción”, lamentó.

Desde el basurero de olores apestosos, en lo alto de la ciudad de Fnideq, se percibe una playa de aguas de un azul profundo, a corta distancia de la costa española y a unos kilómetros de un lugar de vacaciones del rey Mohammed VI.

En el horizonte se ve el enclave español de Ceuta, última etapa a Europa para miles de inmigrantes clandestinos después de atravesar durante meses o años el continente africano.

Yusuf llegó a Marruecos hace cinco años, luego de una larga odisea que lo llevó por Malí y Argelia.

En varias oportunidades intentó cruzar la barrera que marca la frontera entre Marruecos y el territorio español de Ceuta. “Aquí cada uno tiene sus sueños, estudia, trabaja, juega al fútbol. Yo sueño con estudiar en España”, suspira.

Fintor un maliense de 22 años, encontró una máscara teatral barroca en medio de la basura. AFP

Dos de sus compañeros sacan la basura enterrada bajo tierra con una pala. “Nos hace sentir vergüenza, nuestras familias no saben que estamos haciendo esto”, dice Fintor, un maliense de 22 años. También quiere ir a España, “jugar al fútbol o hacer cualquier cosa”.

Un camión cargado con botes de basura viene a tirar su carga. Los jóvenes se arrojan para aprovisionarse antes de que una máquina llegue a enterrar los desechos. Fintor encuentra una máscara teatral barroca y se aleja, ante los rostros risueños de sus camaradas.

Antes de probar su suerte en Marruecos, Fintor contó que pasó meses en Libia, pero allí “no habían los medios para pagar la travesía”.

En Marruecos también hay que pagar para llegar a España por el mar Mediterráneo o por el océano Atlántico, en embarcaciones precarias que no están aptas para navegar en alta mar. A los riesgos de naufragar se suman los maltratos de los traficantes de personas.

Los jóvenes se arrojan para aprovisionarse antes de que una máquina llegue a enterrar los desechos. AFP

“Los migrantes clandestinos siguen siendo muy vulnerables a la trata (de personas) en Marruecos”, según un reciente informe del Departamento de Estado estadounidense, que señaló los “esfuerzos limitados” del gobierno marroquí para “perseguir el tráfico criminal” e identificar activamente a las “víctimas”.

Un documento de Europol, la agencia europea de lucha contra el crimen, describió los métodos de una red con base en España que, antes de ser desmantelada en abril pasado, organizaba cruces para migrantes menores de edad por cifras entre “2.000 y 8.000 euros”.

A su llegada, los menores eran tomados como rehenes y se extorsionaba a sus familiares pidiendo sumas de 500 dólares, “a veces haciendo uso de la violencia y de amenazas”, según el informe.

Desde el basurero de Fnideq, se percibe una playa de aguas de un azul profundo, a corta distancia de la costa española y a unos kilómetros de un lugar de vacaciones del rey Mohammed VI. AFP

Pese a los riesgos, la ruta marítima Marruecos-España ha recobrado interés después de haber sido descartada en los años 2000. Esta ruta conocida como la “occidental” está cerca de convertirse en la principal vía hacia Europa. Desde principios de año, 17.522 migrantes llegaron a través de España, contra 16.452 vía Italia, y 13.120 por Grecia, según La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Yusuf y sus compañeros no tienen “los medios de pagarse el cruce por mar”. Entonces intentan saltar la alambrada de Ceuta, una vía también muy riesgosa.

“Nos hace sentir vergüenza, nuestras familias no saben que estamos haciendo esto”, dice Fintor, que quiere ir a España, “a jugar al fútbol o hacer cualquier cosa”. AFP

Abubakar, que vive escondido en el bosque cerca de la barrera, muestra las cicatrices en sus manos que han dejado sus numerosos intentos. “He entrado tres veces y me han sacado”, dice sin rendirse este guineano de 18 años, que viste ropa rota. “Inchalá (si Dios quiere), yo voy a llegar a España”, agregó este joven que quiere “aprender a jugar fútbol en Barcelona”.

Abubakar, que vive escondido en el bosque cerca de la barrera, muestra las cicatrices en sus manos que han dejado sus numerosos intentos de saltar la alambrada de púas de Ceuta. AFP

Mientras tanto, cuenta que lleva varias semanas sin bañarse. “No es bueno para mi salud, pero no tengo otras posibilidades”, dijo.

A 80 kilómetros al oeste, en un barrio popular de Tánger, el gran puerto del norte de Marruecos, un grupo de inmigrantes senegaleses se prepara para la travesía. A falta de pagarle a un ‘pasador’, reunieron dinero para comprarse un pequeño bote inflable. Abdulá, de 28 años, conoce los riesgos, pero “no hay nada que perder”.

Agencia AFP.