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Los presos zombies: la terrible droga Spice y abusos de todo tipo en las cárceles de Inglaterra

“Perdido en un sistema.”

Cuando salga de prisión, mi principal objetivo es que mis padres estén orgullosos de mí.

Así arrancaba la carta que escribió Robert Morris antes quedar libre de la cárcel inglesa The Mount en septiembre de 2016.

Hablaba de corregir sus problemas de carácter para reconstruir el vínculo familiar. De su severa depresión. Y de dejar la droga.

Es un lío tener tantos viajes y una cabeza inestable.

Ese era el final de la carta. 6 meses después, el 3 de marzo de 2017, Rob apareció despatarrado en una silla, muerto: se había ahogado con su vómito tras una borrachera. Tenía 25 años.

Este caso le sirve a la BBC para destapar una trama carcelaria que incluye abusos de toda clase condimentados por Spice, una droga sintética creada en los 80 para reemplazar a la marihuana pero que, según expertos, puede ser hasta 100 veces más potente.

─Es la peor droga que vi ─resume un guardia con 20 años de experiencia─. Y si no viste lo que causa, cuesta imaginarlo: los presos lucen absolutamente paralizados y hablan igual… Es algo extremo.

En 2012 Spice empezó a correr en las cárceles británicas y en 2015 ya estaba por todos lados ─dice el informe de la BBC─. En mayo de 2016 fue considerada ilegal a partir de la ley de Sustancias Psicoactivas.”

La mamá de Rob lo vio así en una de sus últimas visitas a The Mount, una prisión ubicada 40 kilómetros al noroeste de Londres:

─Caminaba como un zombie, con la espalda arqueada, totalmente fuera de sí ─dice Alison.

Hacía calor pero Rob tenía demasiada ropa. Al tratar de sacarle la remera, Alison vio en el pecho de su hijo una palabra escrita en birome: “BOLUDO”.

El bullying es apenas uno de los problemas alrededor del consumo de Spice: más allá de los “ataques zombies” que padecen, los presos son capaces de hacer cualquier cosa por la droga. Incluso suicidarse.

De acuerdo con cifras oficiales, entre junio de 2013 y septiembre de 2016 murieron al menos 79 detenidos que consumían cannabinoides sintéticos.

En The Mount, que se construyó en 1987 para delincuentes jóvenes y tiene unos 1.000 prisioneros, detectaron innumerables formas de abuso. Por ejemplo:

* presos adeudan tanto dinero por comprar Spice que cometen más delitos a propósito así los aíslan o los transfieren;

* Rob se dejaba golpear para pagar, según constató el servicio médico interno;

* algunos deudores son obligados a hacer el ridículo, como decirles “Te amo” a los guardiacárceles;

* “Miran a los drogadictos como un espectáculo, para entretenerse”, dice Ben, uno que pasó por 6 cárceles y conocía a Rob. “Y otros los abusan sexualmente.”

Alison dice que también eso sufrió su hijo: los registros mencionan un tratamiento por violación.

─Nunca le pregunté porque podía humillarlo aún más.

Esto pasa en el sistema carcelario inglés:

* El Ministerio de Justicia asegura que ha frenado el avance de Spice con unos 300 perros especializados y escáneres.

* El jefe de prisiones Peter Clarke afirma que es “escandalosamente alto” el número de gente que adopta el hábito de la droga durante su detención.

* “Las cárceles no son un lugar seguro: alguien con una enfermedad mental es muy vulnerable”, dice Andrea Albutt, titular de la Asociación de Agentes Penitenciarios.

La entrada a The Mount. (Google Maps)

Esto pasa en The Mount:

* El mes pasado hicieron pruebas aleatorias: un tercio había consumido drogas. Esas cifras en todo el sistema penal se reducen a 1 de cada 5.

* De octubre de 2015 a junio de 2017, no hubo ni un solo mes sin que confiscaran algo de Spice.

* Hasta en drones llegaba la droga, aprovechando que no había redes de contención.

Eso es parte de lo que le pasó a Robert Morris. Por encima.

“Mientras estuvo detenido sufrió abusos significativos pero su severa enfermedad mental no parece haber sido reconocida o atendida”, decía el informe del forense.

─La prisión lo mató ─afirma su excompañero Ben─. Al sistema no le importó Rob: si hubiera tenido 1% de ayuda correcta, estaría vivo.

No me da vergüenza mi hijo. De hecho, estoy bastante orgullosa: sufrió horrores en su vida. Y en su funeral había 200 personas que lo recordaron bien.”