Italia: el Papa Francisco da misa con refugiados y Matteo Salvini ordena “menos permisos humanitarios”

El papa Francisco ofició misa con inmigrantes en San Pedro. /EFE

Mientras en una misa que celebró en la basílica de San Pedro por los refugiados, el Papa argentino dijo que la única respuesta a las migraciones “es la solidaridad”, el hombre fuerte del régimen populista que gobierna Italia, el ultraderechista Matteo Salvini, vicepremier y ministro del Interior, afirmó que en Italia hay “demasiados permisos humanitarios” y ordenó reducirlos en una circular que disminuye la protección del Estado a los extranjeros en fuga.

Se va haciendo cada vez más dramática la contraposición entre la defensa de los derechos humanos, la acogida de los desesperados que tratan de llegar a Europa, cuyo número ha disminuido en un año en una 85%, y la línea rígida de las posiciones “soberanistas”, en los países europeos, que proclaman una emergencia que los números contradicen.

Las posiciones ultras para reducir la acogida de los inmigrantes va acompañada de un alarmante crecimiento de la xenofobia, el racismo y los grupos neofascistas en Europa, en unos niveles desconocidos después de la Segunda Guerra Mundial. Se cree que las elecciones europarlamentarias del próximo año van a cambiar netamente los equilibrios de fuerzas en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, con la creación de un grupo de partidos “patriotas” y “soberanistas” de extrema derecha que afectarán el tradicional predominio liberaldemocrático del partido Popular Europeo, conservador, y los socialdemócratas de la Internacional Socialista.

El Papa Francisco es plenamente consciente de este retroceso en la solidaridad y el repliegue nacionalista en muchos países europeos. Por eso Jorge Bergoglio condenó en la misa el aumento de los muertos en el Mediterráneo, en gran medida debido a la campaña de los populistas italianos contra las naves de las organizaciones humanitarias, prácticamente expulsadas del Mediterráneo central y el canal de Sicilia.

El papa Francisco celebra misa este viernes en San Pedro./ EFE

El Papa recordó sus palabras cuando hace cinco años visitó, el 8 de julio, la isla de Lampedusa, extremo territorio italiano frente a las costas nordafricanas. “¡Cuántos pobres hoy son pisoteados!”, “¡Cuántos pequeños son exterminados!”.

En el aniversario de su primer viaje fuera del Vaticano tras haber sido elegido el 13 de marzo de 2013, el Papa celebró la misa ante 200 refugiados sobrevivientes a los viajes a Europa, que estaban acompañados por gentes que los asisten y socorristas del Mediterráneo, a los que expresó su agradecimiento como ejemplo actual del Buen Samaritano.

Pero han pasado cinco años y “nos encontramos hoy llorando miles de muertos”. Pese a que se ha reducido drásticamente el número de arribo de migrantes, se mantiene alta la cantidad de náufragos que mueren en las travesías en los gomones sobrecargados de desesperados. En dos décadas se han ahogado en el Mediterráneo 35 mil hombres, mujeres y niños que querían llegar a la soñada Europa, corridos de sus países pobres por las guerras, los conflictos políticos sangrientos, el hambre y la pobreza extrema.

Francisco en su homilía denunció “el silencio cómplice de muchos” y “la hipocresía estéril de quien no quiere ‘ensuciarse las manos frente a lo desafíos de la inmigración de hoy”.

La respuesta sensata, afirmó el Papa argentino, “es la solidaridad y la misericordia”.

Francisco durante la misa de este viernes en San Pedro. / EFE

Los migrantes y refugiados son todas víctimas de “esa cultura del descarte que en varias ocasiones ha sido denunciada”.

Finalmente el Papa denunció “la tentación, tan presente en nuestros días, que se traduce en cerrarse ante los que tienen derecho como nosotros a la seguridad, a una condición digna y que construye muros, reales o imaginarios, en vez de puentes”.

El ministro del Interior italiano, y hombre fuerte del gobierno, Matteo Salvini, come una hamburguesa en la residencia del embajador de EE.UU., en Roma./ AP

En la posición opuesta a la de Francisco y los que sostienen la necesidad de mantener alta la defensa de los derechos humanos y la sensibilidad humanitaria, se encuentra el xenófobo Matteo Salvini, quien ya aspira a convertirse en un futuro no lejano en el líder de los nacionalistas de Europa, fundando una internacional de los “soberanistas”, decididos a construir la llamada “Fortaleza Europa”, blindando las fronteras a la entrada de los inmigrantes.

Salvini anunció la línea dura con los migrantes con una restricción general de los permisos de estadía por motivos humanitarios. La circular que envió como ministro del Interior, estuvo dirigida a los prefectos, a las comisiones que estudian los derechos de asilo y a los presidentes de las secciones territoriales italianas para el reconocimiento de la protección humanitaria.

La noticia de las nuevas reglas causó mucha alarma porque en las medidas quedan comprendidas las mujeres embarazas y los niños que llegan en las barcazas a las costas italianas.

Pero Salvini advirtió que esa interpretación no era verdadera “porque las mujeres embarazadas y los niños podrán quedarse en Italia”. La aclaración no tranquilizó del todo.

El hombre fuerte del régimen populista de Roma señaló que era necesario el torniquete porque hay un crecimiento del pedido de permisos humanitarios, que llega al 28%, cuando las solicitudes de asilo son solo del 7%.

Roma corresponsal