Inmigración: el presidente de Italia Sergio Mattarella desautoriza al xenófobo Matteo Salvini

Los inmigrantes a bordo del barco de la guardia costera italiana “Diciotti” desembarcan en Trapani./ AP

La agitación y los desequilibrios que provoca el vicepremier y ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, un extremista de derecha jefe de la xenófoba Liga que conquista el consenso de millones de italianos, causaron el peor tropezón y caída del hombre fuerte del nuevo gobierno populista nacido a comienzos de junio.

Salvini es ahora un hombre fuerte debilitado por su propio estilo de búsqueda permanente de nuevos shows para mostrar un gran carácter en la lucha contra los desesperados inmigrantes ilegales. El escándalo que Salvini promovió impidiendo que desembarcaran en el puerto siciliano de Trapani 67 migrantes, entre ellos mujeres y niños, de la nave de la Guardia Costera italiana “Diciotti”, un barco militar retenido doce horas en medio de la furia creciente de los militares y la ministra de la Defensa, Elisabetta Trenta, lo desbloqueó con una rápida llamada telefónica al primer ministro Giuseppe Conte el presidente de la República Sergio Mattarella.

Mattarella le dijo secamente al premier Conte, un abogado semidesconocido puesto allí arriba por los líderes de los dos partidos populistas que se reparten el poder real, que era necesario desbloquear la situación inmediatamente. Dejó claro que el ministro del Interior no tenía competencia para sustituirse a los jueces y arrestar a nadie a bordo de una nave institucional de la Marina, a la cual no podía darle órdenes de esperar su permiso para atracar en Trapani y desembarcar a los inmigrantes.

Conte estaba acorralado y dijo que sí. Llamó a Matteo Salvini, quien se encontraba en Innsbruck, Austria, en una reunión de la Unión Europea sobre el tema de la inmigración. No le pidió permiso, le informó que ya había dado la orden porque era imposible tener bloqueada en un puerto nacional a una nave militar italiana en medio de un cuerpo a cuerpo peligroso entre poderes del Estado.

Los 67 migrantes bajan en el puerto de Trapani, Sicilia. / AP

Salvini hizo saber que se sentía “estupefacto” por la acción del presidente de la República. Pretendió explicar sus razones imposibles: había anunciado que nadie bajaría al puerto de Trapani sin que los promotores de un amotinamiento de los náufragos encabezaran la fila esposados y rumbo a la cárcel.

Tres días antes el remolcador italiano “Vas Thalassa” había salvado a los 67 náufragos en el canal de Sicilia, donde coinciden las aguas territoriales del Mediterráneo de Italia, Libia y Malta. Salvini dio la orden de que de los libios se ocuparan de los refugiados, pues los migrantes estaban en un gomón que se hundía en aguas del país árabe.

Pero el ministro de Transportes italiano Daniele Toninelli aclaró que se había producido un imprevisto: apenas vieron que se acercaba un barco de la Guardia Costera libia, los náufragos se agitaron y gritaron: “¡Mejor muertos que volver a Libia!”, donde los centros de detención son campos donde se violan impunemente los derechos humanos. Los libios obran por cuenta de los italianos, que los han forrado con mucha ayuda y mucho dinero para los jefes tribales y burócratas ansiosos de cobrar coimas.

El barco de la Guardia Costera italiana “Diciotti” en el puerto de Trapani, Sicilia./ EFE

Ante el peligro que los doce miembros del remolcador italiano sufrieran violencia por parte de los amotinados, según contó el ministro d Toninelli, la nave “Diciotti” de la Guardia Costera italiana, que se había avecinado, decidió trasladar a bordo a los 67 prófugos para restablecer el orden.

Allí empezó a pleno el “show” del ministro del Interior prometiendo represalias inmediatas y reclamando por los culpables, so pena de dejar en el agua o sin un puerto de llegada a los migrantes.

Llevado por su carácter para mostrar lo que vale un combatiente, Salvini corrió a imponer la línea dura hasta chocar ruinosamente con el Estado profundo italiano. Sucede en todos los países que existen las instituciones permanentes que moderan los desbandes e imponen el equilibrio subyacente de los poderes. El ministro del Interior embistió al presidente de la República, los ministros de Transportes y Defensa, los militares, los jueces, los grupos de las Naciones Unidas que emitieron declaraciones dramáticas pidiendo que dejaran desembarcar a los prófugos. Y perdió.

Los náufragos a bordo del Diciotti, antes de desembarcar en Italia./ ANSA

Hoy el vicepremier se lame las heridas y jura que “iré a fondo”, mientras que sus socios del Movimiento 5 Estrellas festejan con risitas contenidas que Salvini se haya roto la crisma, políticamente hablando.

Algunos apuntan que como consuelo, el debilitado hombre fuerte puede presentarse ante los electores como un Cristo sacrificado por su defensa contra la invasión de los inmigrantes, aunque los datos digan lo contrario: en doce meses el número de arribos por el Mediterráneo a Italia ha bajado en un 80%. No hay ninguna invasión.

Los magistrados que intervienen en el caso no han ordenado el arresto de ninguno de los sospechados y las investigaciones revelarían que no hubo un verdadero amotinamiento a bordo del remolcador italiano. Pero las indagaciones siguen en curso.

Roma, corresponsal

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