El Brexit desata las primeras divisiones en la Unión Europea

La negociación del Brexit, la salida británica de la Unión Europea (UE) decidida en referéndum hace ya dos años, fue hasta ahora una continua cesión por parte de Londres. Ante la diferente correlación de fuerzas, que beneficia a los 27 socios del Reino Unido, y la unión mostrada por estos, el gobierno de la primera ministra Theresa May lleva dos años cediendo ante las exigencias europeas. La alternativa sería una salida abrupta, ni sobre el período transitorio ni sobre la relación futura que dañaría gravemente a la economía británica.

Esa unidad de los europeos, representados en la negociación por el ex canciller francés Michel Barnier, se mostró estos dos años como una roca contra la que chocaron todos los intentos de Londres por generar divisiones en las cancillerías del continente y hacer que cada uno buscara sus intereses particulares. Hasta ahora, porque esta semana empezaron a surgir las primeras grietas.

El ministro del Interior alemán y líder de la CSU bávara, un hombre que va por libre y choca con su jefa de gobierno Angela Merkel en asuntos de vital importancia para Berlín como la política migratoria, abrió la primera fisura. Horst Seehofer envió una carta a la Comisión Europea en la que, contra la opinión de Merkel, protestaba por lo que a su parecer es la postura intransigente de Bruselas en la negociación con Londres.

Según la carta, revelada por el diario Financial Times, Seehofer considera que “garantizar la seguridad de los ciudadanos europeos debería estar por delante de todos los demás aspectos de las negociaciones de salida” y que “debilitar la arquitectura de seguridad europea afectaría a todos los ciudadanos europeos y dañaría su necesidad fundamental de seguridad”.

Seehofer se une así a la línea del gobierno británico, que en alguna ocasión ha insinuado que un salida de la UE sin acuerdos podría afectar a asuntos como la cooperación policial en materia de política antiterrorista.

La otra grieta la abrió el primer ministro austríaco Sebastian Kurz. Su país asumió esta semana la presidencia semestral protempore de la UE. Kurz no se refiere a la forma de negociar sino a los plazos, pero ahí también rompe por primera vez la unidad europea.

El 29 de marzo de 2019 será el último día de pertenencia del Reino Unido a la UE. Al día siguiente será un país tercero. Pero el tiempo para negociar –un período transitorio hasta el 31 de diciembre de 2020 y el marco de las relaciones futuras entre Londres y Bruselas- es en realidad mucho más limitado porque los tres primeros meses del próximo año deben quedar para las ratificaciones parlamentarias de los acuerdos.

Kurz considera que esos límites temporales –aceptados por Londres hasta ahora, aprobados por los otros 27 países y cuya modificación necesitaría unanimidad- son demasiado estrictos y que antes de que el Reino Unido salga de la UE sin acuerdos es preferible alargar los plazos.

Kurz dijo en el acto de presentación de la presidencia europea de su país que “tenemos que conservar buenas relaciones con el Reino Unido” y que a falta de acuerdos, está “a favor de continuar las negociaciones para evitar un ‘Brexit’ duro”.

El pedido de Kurz parece razonable pero mina una de las grandes bazas europeas en la negociación, el límite temporal que obliga a Londres a deshacer contra el reloj los lazos construidos con los otros países europeos durante los últimos 44 años. El artículo 50 del Tratado de la UE, el que regula la salida de un país del bloque, prevé un período de dos años para negociar –Londres lo activó el 29 de marzo de 2017- pero puede ser prolongado si los 27 así lo aceptan.

El gobierno británico parece que dejó de negociar consigo mismo. El viernes, el Ejecutivo de Theresa May se puso de acuerdo sobre un documento con las líneas maestras del ‘Brexit’. Les queda un detalle: negociar con los europeos. Varias de las propuestas de ese documento van contra las indicaciones que lleva dando la UE los últimos dos años, como que el mercado común del bloque es un conjunto del que no se puede participar sólo en parte.