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Conmoción por una serie de ataques con balas de goma a inmigrantes y gitanos en Italia

Atacante. En febrero, un joven neonazi atropelló con su vehículo y disparó contra un grupo de inmigrantes africanos en la ciudad italiana de Macerata y dejó 6 heridos. /EFE

En un mes, seis casos de tiros con carabina o pistola al inmigrante con balines de aire comprimido son demasiados para pensar en las casualidades, como sostiene el “señor Marco” (el apellido no fue difundido). Hace tres días, este ex empleado del Senado de Italia disparó desde la terraza de su departamento, en un séptimo piso de Roma, contra una señora de etnia gitana rom, que llevaba en brazos a una beba de un año. El balín casi mató a la pequeña, incrustrándose en una vértebra a pocos centímetros el corazón.

La nena debió ser trasladada al hospital pediátrico del Bambino Jesús, operada de urgencia y salvada por un pelo, pero se teme que no pueda caminar. La policía hizo un muy buen trabajo, investigó entre los clientes con armas de aire comprimido de los vendedores de armas de la zona e identíficó al “señor Marco”, de 59 años, que jura y perjura que no quería centrar a la pareja madre-hija de gitanos rom. “Probé el arma, pero sin mirar a ninguno”. Demasiada casualidad, las armas no se prueban tirando desde un séptimo piso a la calle, muy concurrida porque está cerca de Cinecittá, la ciudad del cine. El señor Marco fue preso y ahora, una magistrada lo procesa por lesiones gravísimas y se investiga si habrá que agregar el odio racial.

En Italia se vive un clima peligroso desde que en junio se instaló el gobierno populista, dominado por el hombre fuerte Matteo Salvini, vicepremier y ministro del Interior, notoriamente ultraderechista. En Caserta, al sur, cerca de Nápoles, dos adolescentes negros del Mali recibieron el 1 de junio varios disparos de balines de aire comprimido por parte de unos “ragazzi” que iban a bordo de un auto, reían y cantaban esloganes racistas con vivas a Salvini.

En Nápoles, el chef también del Mali Konate Bouyagui, de 22, recibió un disparo de balín en el estómago disparado por un automóvil con dos jóvenes a bordo, el 20 de junio mientras regresaba del trabajo a casa. “Hay un clima de intolerencia contra nosotros por culpa de la campaña electoral”, afirmò Bouyagui a la policía.

Los investigadores dicen que es imposible saber por ahora si se trata de una campaña organizada, pero hay un nuevo “espítu del tiempo” en Italia, como señala el diario La Repubblica, fomentado por los tonos violentos del populismo de ultraderecha y sus amigos neofascistas y el creciente racismo de muchos italianos a raíz de la cruzada contra los inmigrantes que lleva adelante Salvini. El jefe de la Liga Norte, que antes era separatista y despreciaba a los “terrones” del sur de Italia, hoy es nacionalista y proclama “los italianos primero”.

El clima xenófobo explica también lo que ocurrió en Forli, en el centro de Italia. El 5 de junio un inmigrante regular de Costa de Marfil que recorría una calle céntrica en su bicicleta recibió un balinazo en la boca del estómago, disparado desde un auto que se le puso a flanco y del cual por una ventanilla salíó una mano con una pistola de aire comprimido.

Tres días más tarde, siempre en Forlí, una joven negra también de la Costa de Marfil sufrió un disparo similar en un pie.

El 11 de este mes, dos nigerianos que esperaban en la parada el ómnibus que los llevara de Latina a la cercana Roma, también fueron blanco de balinazos disparados desde un automóvil. El alcalde de Latina asegura que “es clara la voluntad discriminatoria”.

En los seis atentados solo la beba gitana de Roma centrada por el “tiro de prueba” del señor Marco, corrió un serio riesgo de perder la vida.

Muchos se preguntan qué va a pasar si este clima continúa agravándose y se producirá el salto del balín de aire comprimido a las armas de fuego.

Los grupos neofascistas que proclaman su adhesión al gobierno y al hombre fuerte Matteo Salvini están más activos que nunca. Hace una semana, una pareja de muchachos gay fue a almorzar a un restaurante y al pagar la cuenta la factura llegó acompañada de un insulto homófobo. La denuncia ha causado un vendaval y el restaurante terminó cerrando sus puertas y anunciando que despidió al camarero responsable. Al otro día frente al restaurante se leyó un tenebroso cartel de Fuerza Nueva, uno de los más grandes y belicosos grupos neofascistas, proclamando su adhesión al autor de la bravata y lanzando advertencias contra los gays, que se habían limitado a cenar en paz. La atmósfera es inquietante.