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Carles Puigdemont vuelve a Bélgica y desafía: “No tardaré 20 años en pisar suelo catalán”

Cuatro meses después de su detención en Alemania, el ex presidente catalán Carles Puigdemont volverá este sábado a Bélgica para instalarse de nuevo en la mansión de Waterloo que llama “Casa de la República”, esa entidad política que declaró el pasado 27 de octubre, antes de fugarse de España para huir de la Justicia, y que ningún país del mundo reconoció.

La retirada de las órdenes de extradición por parte de la Justicia española después de que los jueces alemanes aceptaran extraditar a Puigdemont únicamente por el cargo de malversación de caudales –no por rebelión- deja al ex mandatario catalán en un limbo jurídico. Es libre en Alemania y Bélgica y en teoría podría moverse por cualquier país europeo, aunque España podría reactivar la orden de extradición en cualquier momento y el entorno de Puigdemont sabe que en ciertos países del bloque, como Francia, los jueces le serían menos amables.

El sábado se espera en Waterloo a Puigdemont con una especie de fiesta que incluirá música en vivo y la presencia del actual presidente catalán Quim Torra, un hombre elegido por el propio Puigdemont y uno de sus fieles más acérrimos. Un títere del ex mandatario, para sus críticos.

Puigdemont habló este miércoles a la prensa desde Berlín. Según varios cables de agencias, el ex presidente catalán dijo que el “cambio de gobierno español es un cambio de estilo, de clima y de lenguaje”, pero que “ahora tiene que venir el tiempo no de los gestos sino de los hechos”. Puigdemont pretende que el nuevo gobierno del socialista Pedro Sánchez maniobre para que la Justicia deje de perseguirle. Insiste en que ahora “hay que abordar lo esencial, las relaciones entre Cataluña y España”.

El ex presidente también hizo unas declaraciones que en París no deben sentar muy bien. Aseguró: “No sé si voy a tardar 20 años (los delitos de los que está acusado en España prescriben en ese plazo) en pisar suelo español o no; lo que sí sé es que no voy a tardar 20 años en pisar suelo catalán”. Añadió: “Lo que pasa es que sería parte de lo que hoy es territorio francés, pero no deja de ser Cataluña”. El nacionalismo más radical considera que la región francesa colindante con Cataluña es “Cataluña norte”, un territorio ocupado por Francia.

Puigdemont también dijo que “la decisión del pueblo catalán (se refiere al referéndum ilegal en el que votó menos de la mitad de la población catalana, sin garantías legales, sin censo y sin autoridad electoral) de constituirse como república independiente es un hecho”.

En Bélgica se dedicará a intentar seguir internacionalizando la causa del separatismo catalán: “Este fin de semana volveré a Bélgica, que era el lugar donde iba hace cuatro meses, allá es donde tenemos la casa de la república y donde tenemos que empezar a trabajar en el consejo de la república. Mi voluntad es continuar con el mandato de la gente”.

Puigdemont sigue defendiendo el europeísmo del nacionalismo, en una Unión Europea que se fundó principalmente para evitar que los nacionalismos siguieran ensangrentando el continente como hicieron dos veces en la primera mitad del siglo XX. Dice que el nacionalismo es “profundamente europeísta”, aunque hace unos meses dijo que la Unión Europea era un “club de países decadentes”.

El ex mandatario sigue criticando a la Unión Europea, que le trata como un apestado político. Mientras los presidentes de otras regiones españolas –o de regiones de otros países del bloque- viajan a Bruselas y son recibidos por los más altos funcionarios del bloque, Puigdemont siempre encontró en la capital belga las puertas cerradas hasta el punto de que sus comparecencias ante la prensa tuvieron que hacerse en locales privados y que el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker llegó a decir que “el nacionalismo es veneno” para referirse al movimiento separatista catalán.