Brasil: descubrieron en las cloacas de una cárcel los secretos del mayor grupo criminal

La toma de una cárcel por parte del Primer Comando. Con dos guardiacárceles de rehenes.

Descubiertos en las alcantarillas de una cárcel de Brasil, centenas de fragmentos de cartas han revelado la hoja de ruta del Primer Comando de la Capital (PCC), una poderosa organización criminal que lucha por el control de tráfico de drogas dentro y fuera del estado de San Pablo.

Surgida en 1993 en un presidio de San Pablo, la mayor facción criminal de Brasil sigue un minucioso plan para extender sus tentáculos y “obtener el dominio territorial”, según una investigación abierta a partir de las pistas halladas en las cloacas de la cárcel Presidente Venceslau.

A comienzos de este año, los investigadores colocaron redes de contención en la red de alcantarillado de esta prisión situada en el estado de Sao Paulo para recuperar fragmentos de cartas depositadas por los presos en los retretes durante las fiscalizaciones de rutina.

Los fragmentos de las cartas, el principal medio de comunicación de la cúpula del PCC con el exterior, fueron secados, desinfectados y agrupados en función de la semejanza de la letra, lo que permitió a los investigadores conocer más a fondo las entrañas de la facción criminal comandada desde la prisión por Marcos Willians Herbas, alias “Marcola”.

Los manuscritos develaron la participación de miembros del PCC en la organización y ejecución de homicidios, la distribución de armas y drogas, la planificación de atentados contra agentes públicos y el fomento de la guerra entre facciones, según se extrae de la denuncia contra 75 integrantes de la facción presentada la semana pasada por el fiscal Lincoln Gakiya.

El logotipo del Primer Comando. Bordado a balazos. Pura violencia.

La denuncia llegó un mes después de que, con la ayuda de las cartas, las autoridades consiguieran desmantelar una célula vinculada al PCC que actuaba en 14 estados de Brasil y en otros países de Sudamérica y que se encargaba de ejecutar las órdenes dadas por los líderes de la organización desde dentro de los presidios, como torturas o asesinatos de rivales.

De acuerdo con la denuncia, las acciones del PCC tienen como objetivo la “obtención del dominio territorial, la imposición del miedo y el terror y la monopolización de la estructura criminal” para alcanzar ventajas financieras en “detrimento de las comunidades locales que sufren con el aumento exponencial de los índices de violencia urbana”.

“Materializamos con pruebas parte de lo que ya sabíamos”, agregó el fiscal sobre el hallazgo de las cartas.

El jefe del grupo criminal, Marcos Willians Herbas, alias “Marcola” (AP).

La principal vía de comunicación de la cúpula del PCC con el exterior son las misivas escritas a mano, ya que la mayoría de las celdas de los líderes de la organización cuentan con bloqueadores de señal que impide la comunicación a través de teléfonos móviles.

Bajo una minuciosa planificación, los documentos escritos por el alto escalón del PCC son transferidos a otros pabellones, donde los presos los codifican y envían fuera de la cárcel a través de sus familiares, dificultando la comprensión de los investigadores.

Para conseguir la información, las autoridades penitenciarias realizaron un registro “sorpresa” en uno de los pabellones, por lo que los reclusos se vieron obligados a lanzar las cartas a los retretes, siendo recuperadas gracias a las redes de contención.

El Primer Comando “gobierna” muchos presidios de Brasil.

“Los más importante de la denuncia son las cartas porque queda claro el plan de expansión, de armamento y la estrategia del PCC en relación al Comando Vermelho (un grupo criminal rival) y al Gobierno”, cuenta Gakiya .

Las cartas también condujeron a los investigadores hasta una serie de números de teléfono y las interceptaciones telefónicas confirmaron lo que ya era sabido por las autoridades: el PCC cuenta con un “código penal” propio y un “Libro Negro” en el que se registraron las admisiones y exclusiones de la organización.

Marcos Willians Herbas, alias “Marcola”, jefe del Primer Comando. Lo fundó en 1993 durante una rebelión en San Pablo (Servicio Penitenciario Brasil).

Con una estructura jerarquizada y un alto grado de profesionalización, el PCC tiene alrededor de 30.000 miembros esparcidos por todo el país y con ramificaciones en algunos países sudamericanos.

Fundado en 1993 durante una rebelión en San Pablo, el grupo, que inspiró su nombre en el equipo de fútbol de la cárcel, ha extendido en los últimos años su actividad al tráfico de drogas y armas, especialmente en las regiones fronterizas con Bolivia y Paraguay, y también al rentable robo de cargas y contrabando de combustible.

Agencia EFE.

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