Así fue el más brutal caso de violación en la India, que ahora culmina en la horca

Mukesh Singh, condenado a muerte.

Es posible que Mukesh Singh, de 29 años, termine su vida con una soga al cuello, los ojos hinchados y los pies en el aire. Es el precio por linchar y violar durante 45 minutos junto a un grupo de hombres a una joven estudiante de Medicina en un colectivo en Nueva Delhi, en 2012. 

La misma suerte correrían Pawan Gupta y Vinay Sharma. La Corte Suprema de la India ratificó esta semana la muerte para los tres. Ram Singh, el presunto cabecilla del grupo, se suicidó presuntamente en marzo de 2013 en la cárcel, mientras que un sexto, menor de edad, fue condenado a tres años de reclusión en un correccional y liberado en diciembre de 2015 tras cumplir la sentencia.

La noche del 16 de diciembre de 2012, los seis atacaron a la estudiante que iba acompañada por un amigo. La violaron y torturaron en un autobús en marcha. Y 13 días más tarde murió en un hospital de Singapur, un caso que conmocionó a la India y provocó protestas sin precedentes sobre la indefensión de la mujer. También llevó a modificar las leyes indias sobre agresiones sexuales. Poco pasó en los hechos porque el país sigue sufriendo una epidemia de violaciones.

El nombre de la víctima no fue revelado en un principio. Se llamó llamó “Bitiya”, que significa hija. Pero su nombre real era Jyoti Singh.

En un documental que en su momento emitió la BBC y que se prohibió en la India, uno de los violadores, Mukesh Singh, defendió en una entrevista con la cineasta inglesa Leslee Udwin su atroz crimen.

“Cuando era violada, no debió haberse defendido. Debió mantenerse en silencio y permitir la violación. Entonces la hubiesen dejado después de hacérsela y sólo habrían golpeado al chico”, declaró Singh en la entrevista filmada en prisión.

El condenado comentó además que una mujer “decente” no anda por la calle “a las 9 de la noche” y que una chica es “mucho más responsable” de una violación que un hombre.

Las declaraciones de Singh, quien condujo el autobús en el que se produjo la violación, levantaron ampollas entre las activistas por los derechos de la mujer.

Los seis violaron a la joven. Se turnaron. La golpearon. La vejaron con una barra de acero y literalmente le arrancaron las vísceras con las manos.

Singh describió a Udwin cada detalle de la violación en 16 horas de entrevistas. En su defensa alega que nunca dejó el volante. Pero los fiscales afirman que todos tuvieron su turno esa noche.

“Las tareas del hogar son para las chicas, no andar por boliches y bares a la noche, haciendo cosas malas, usando la ropa equivocada”, dijo el violador.

La estudiante y un amigo habían ido al cine esa noche. Y cuando subieron al colectivo, se encontraron con los seis atacantes.

Sobre su condena, Singh reflexionó: “la pena de muerte hará las cosas más peligrosas para las chicas. Ahora cuando las violen, no las van a dejar como hicimos nosotros. Las van a matar. Antes, las violaban y decían: ‘dejala, no le va a contar a nadie’. Ahora cuando las violen, especialmente los tipos criminales, van a matar a la chica. Muerte”.

De acuerdo con cifras de la Agencia Nacional de Registro de Delitos de la India (NCRB), en 2016, el último año en que se contabilizaron, se produjeron en el país 38.947 violaciones, de las cuales 2.167 fueron en grupo.

Cuando Udwin le leyó a Singh la lista de heridas y lesiones que la joven sufrió creyó que iba a encontrar algún tipo de arrepentimiento. Pero no halló nada.

Udwin entrevistó a cuatro violadores más. Durante tres horas entrevistó al atacante de una nena de cinco años “alta hasta mis rodillas”. Cuando le preguntó cómo fue capaz de violarla, el violador la miró perplejo, sin entender cómo se le ocurría preguntar algo así: “Era una mendiga. Su vida no valía nada”.

Al año siguiente del ataque, el diario The Wall Street Journal contó cómo fueron aquellas horas de espanto en Nueva Delhi, basándose en el testimonio de familiares, amigos y testigos.

Todo empezó después del mediodía, poco antes de Navidad. La idea era pasar un día divertido. Ir al shopping y ver una película.

A la una de la tarde, del 16 de diciembre, la joven llamó a su amigo, un ingeniero en software de 28 años, quien todavía dormía. “Despertate, despertate, ya es tarde”, le dijo. Y acordaron verse en el shopping de moda de Nueva Delhi, el Select Citywalk. Miraron vidrieras y vieron la película “Life of Pi”, en el mismo lugar donde habían visto “Los viajes de Gulliver”.

La película terminó y a Bitiya le encantó, contó su amigo. Y emprendieron el camino a casa. Tomaron un carro de tres ruedas, una suerte de taxi barato que los llevó hasta la autopista de Nueva Delhi, donde está la parada del autobús que los llevaría hasta la casa de ella.

Esa misma tarde, reconstruye siempre el Wall Street Journal, en una villa de 300 habitantes, conocida como el campamento de Ravi Dass, los hermanos Ram y Mukesh Singh, tenían su propia pequeña fiesta, con pollo y alcohol. Ram era chofer de autobús.

Se les unieron Vinay Sharma, asistente en un gimnasio local, y su amigo Pawan Gupta, verdulero.

El grupo, que incluyó a otro adulto y a un menor, decidió -según palabras de la policía- “salir de parranda” en el autobús de Ram.

Alrededor de las 21.15, el colectivo paró en una parada en la que Bitiya y su amigo subieron.

Cuatro de los atacantes iban sentados como pasajeros. Y uno de ellos cobró 40 centavos a la pareja para el boleto.

Primero empezaron a burlarse de la joven con comentarios lascivos, que terminaron en una pelea. El amigo contó que lo dejaron inconsciente de un golpe con una barra de hierro.

A ella la violaron en la parte de atrás del autobús, mientras el vehículo seguía avanzado incluso por barrios acomodados de la capital, como Vasant Vihar, sede de embajadas. Después de 40 minutos, según la policía, el micro se detuvo cerca de una línea de hoteles y la pareja fue arrojada, desnuda, sobre el pasto seco. Ella todavía estaba consciente, pero apenas. Su amigo, con la cabeza ensangrentada empezó a pedir ayuda a los autos que pasaban. Nadie paró. Al menos durante casi media hora, nadie se detuvo.

Finalmente, empleados de la autopista los asistieron y llamaron a la policía. Cuarenta y cinco minutos después de ser tirados a la calle, llegó un patrullero.

Ahora llegó la pena de muerte. Pero aunque en la India existe la pena capital, la aplicación es muy restrictiva.

La última ejecución se produjo el 30 de julio de 2015, cuando Yakub Memon fue ahorcado por su participación en los atentados que en 1993 dejaron 257 muertos en Bombay.

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