Afganistán quiere desterrar la práctica del test de virginidad

Hay cárceles con niñas y jóvenes, de entre 13 y 21 años, encerradas por no haber superado el denigrante test. EFE

No hay ciencia que avale el test de virginidad que imponen policías, jueces y abogados en Afganistán. Sin embargo, miles de jóvenes afganas han sido encerradas tras haber “fallado” la prueba que se emplea en el país para demostrar que una mujer virgen ha tenido relaciones sexuales con un hombre fuera del matrimonio o ha sufrido una agresión sexual. Tras las constantes denuncias de grupos de defensa de los derechos humanos contra una práctica que conlleva consecuencias nefastas para las afectadas, el Gobierno afgano la ha prohibido, pero los estos exámenes ginecológicos siguen ejecutándose, casi todos, sin el consentimiento de la mujer.

“La realidad es que muchas mujeres se encuentran en situaciones muy difíciles debido a los tests de virginidad”, explica a La Vanguardia, el director de país de Marie Stopes Internacional en Afganistán, Fahrad Javid. “Enfrentan el acoso, la cárcel, la repulsa de la familia y, en algunos casos, la pena de muerte”, advierte el activista, que conoció el drama de cerca cuando visitó una cárcel con niñas y jóvenes, de entre 13 y 21 años, encerradas por no haber superado el denigrante test.

“A pesar de que se supone que solo deben estar ahí tres meses, muchas son retenidas durante un año o año y medio. Cuando salen, sus familias las han desheredado; están en una posición muy precaria”, detallaba Javid en otra entrevista para The Guardian.

Los invasivos tests de virginidad consisten en introducir dos dedos en la vagina de una mujer para verificar si el himen sigue intacto, un método tan poco fiable que la Organización Mundial de la Salud ha negado que tenga ninguna validez científica y ha advertido a los trabajadores de la salud que nunca deben realizarlos.

“Muchas personas creen erróneamente que la virginidad se puede determinar porque el himen siempre se rompe cuando una mujer o niña tiene relaciones sexuales por primera vez. Esto simplemente no es verdad”, argumentaba la investigadora senior en la División de Derechos de las Mujeres de Human Rights Watch (HRW), Heather Barr, en un artículo de febrero de 2016. “Algunas chicas nacen sin un himen, el himen a menudo se rompe durante las actividades diarias no sexuales y algunos hímenes se mantienen intactos después de la primera relación sexual”, proseguía la investigadora.

Además, la prueba en sí misma está considerada una agresión sexual, porque en la mayoría de los casos se lleva a cabo sin el consentimiento de la mujer o niña y, en algunas ocasiones, ante la mirada de varios hombres.

Los invasivos tests de virginidad consisten en introducir dos dedos en la vagina de una mujer para verificar si el himen sigue intacto. EFE

La extendida práctica supone la punta del iceberg de una violencia sistemática sufrida por las mujeres en un país donde las desigualdades entre géneros son abismales. El severo control sobre el sexo femenino está avalado por un código penal que tipifica como “delitos morales” el sexo previo o fuera del matrimonio o la huida de él, muchas veces motivada por situaciones de violencia doméstica dentro de enlaces forzosos.

Hace cinco años, casi la mitad de las mujeres encarceladas en Afganistán (y el 95% de las niñas prisioneras en los centros de menores)  estaban allí por este tipo de “delitos”, según un informe de HRW. Añade la organización que en algunos casos aquellas que habían sido violadas fueron acusadas de haber cometido zina (haber mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio).

Los tests de virginidad fueron prohibidos el año pasado y así lo contempla el nuevo Código Penal afgano que entró en vigor el pasado febrero. Sin embargo, son todavía muchos los centros de salud que llevan a cabo la prueba por orden de autoridades policiales y judiciales. En su último informe anual, sobre Afganistán, HRW denuncia que las reformas que el presidente afgano, Ashraf Ghani, prometió para poner fin a la “abusiva práctica” no se han materializado.

Los tests de virginidad fueron prohibidos el año pasado y así lo contempla el nuevo Código Penal afgano que entró en vigor el pasado febrero. Sin embargo, son todavía muchos los centros de salud que llevan a cabo la prueba por orden de autoridades policiales y judiciales. EFE

Ahora, y después de una amarga lucha por parte de ONG, el Ministerio de Salud Pública afgano parece que ha tomado cartas sobre el asunto. Informa Marie Stopes Afghanistan que el Gobierno ha dado forma a una política que pretende erradicar la práctica en cada clínica y hospital del país. Para esta ardua tarea, las autoridades han reunido a un grupo formado por la misma ONG y líderes de la sociedad civil y religiosos.

Hace cinco años, casi la mitad de las mujeres encarceladas en Afganistán (y el 95% de las niñas prisioneras en los centros de menores) estaban allí por este tipo de “delitos”. EFE

Financiada con fondos suecos, la organización estará presente en 16 provincias para asegurarse de que la nueva política se entiende y se aplica dentro de la comunidad tanto sanitaria como religiosa, incluso en las aldeas más remotas.

“Hay esperanza, pero es un proceso largo”, reconoce Javid, sobre una política que empezó a gestarse en 2013 pero que ha costado un lustro para su puesta en marcha. El activista asume que se trata de un enorme desafío: cambiar la mentalidad de una gran parte de la sociedad afgana a través de los médicos.

Gina Tosas – La Vanguardia.