Mary Tapia, la Pachamama Prêt-à-porter

Ideas autóctonas. La moda, a partir de antiguas culturas locales. / David Fernandez

Hay una hermosa exposición en el Museo Nacional de la Historia del Traje (Chile 832), sobre esa chica que llegó a Buenos Aires desde su Tucumán natal en los años 60 para ser actriz, pero a quien el destino y el azar le tenían reservada otra cosa: terminó revolucionando el mundo de la moda argentina. Se trata de Mary Tapia, había nacido en 1936 y murió en Buenos Aires en 2011, algunos la reconocían como “la Coco Chanel criolla”. A fuerza de hilo, aguja y originalidad -y siguiendo las herencias de una madre española, modista, y de un padre bien tucumano (“soy octava generación de tucumanos”, proclamaba con orgullo su padre)-, la diseñadora amó los tejidos y textiles del norte de nuestro país, llegando a crear con ellos algo único, que algunos llaman “línea folclórica sudamericana” o “glam criollo”.

Tapia mezcló, en sus modelos, esos tejidos autóctonos –agendados en su memoria desde su primera infancia, recuerdos de los viajes familiares por el norte de nuestro país, para los carnavales, por los diferentes pueblitos-, con otros europeos, siguiendo y armando diferentes tipos de sastrería. Pero lo que puede percibirse en la muestra Íntima, Mary Tapia no es sólo esto sino, además, el máximo cuidado, la total atención, el primor con el que cosía -a mano y a máquina- cada una de sus prendas; la ternura y atención que dedicaba a la combinación de los elementos y textiles que utilizaba: desde terciopelos unidos a barracanes (un tejido de telar típico de nuestro norte) y tapetes ecuatorianos, hasta botones y bordados parisinos mezclados con tejidos de Otavalo (característicos de esa región tan rica culturalmente, de Ecuador).

En Buenos Aires, la última moda no llega nunca. Porque recién seis meses después hay que ponerse lo mismo que usan las europeas”.

Dividida en distintos sectores a lo largo del museo, la muestra abarca desde un espacio donde se narra la vida de Tapia (y aparece aquí un enorme mural con fotos, recortes de periódicos y otros documentos), hasta salas mostrando sus modelos. Son sofisticados vestidos realizados en telas rústicas en los que aparece, de vez en cuando, el detalle: exquisitamente cosidos, bordados imaginativamente y a mano, utilizando telas surgida del norte de nuestro país, toma el protagonismo la modesta “chagua”, esa tela que tejen los pobladores del Chaco con fibras vegetales teñidas (generalmente nosotros la vemos en la actualidad en carteritas, por ejemplo) transformada en un sofisticado vestido.

Tapia contó -en una carta donde dejaba entrever su deseo de preparar un “gran libro” sobre su obra- que cuando llegó a Buenos Aires la impresionaron dos cosas: primero, los “hippies” de los 60 vestidos con colores e indumentaria de la India. La diseñadora y modista inmediatamente pensó: “Esto es algo que no tiene nada que ver con nosotros. Se me vino el norte a la cabeza”.

La artista. Mary Tapia murió en 2011. /Lucía Merle

Luego, un segundo momento que marcó su vida como diseñadora fue cada vez que a sus 14 años, mientras caminaba por la calle Santa Fe, pasaba frente al local de otra diseñadora mayor que ella, la ya reconocida, Fridl Loos (Viena, 1905-Buenos Aires, 2000). “Había una foto hermosa de Tilda Thamar, una actriz rubia con un poncho de Salta rojo con rayas negras, y cada vez que pasaba me paraba a mirar”, comentó Tapia alguna vez. Loos también conocía el norte argentino: luego de haber llegado a nuestro país huyendo de la Segunda Guerra Mundial, viajó por Salta, Jujuy… Lo que vio allí se sumó a sus conocimientos sobre las vanguardias europeas de comienzos del siglo XX. Loos absorbió una visión del arte donde la indumentaria, la pintura, la escenografía, el teatro y el dibujo estaban unidos: todo era considerado una creación artística. Estas influencias fueron percibidas por la joven Mary Tapia a través de esa fotografía, que la abrió a mundos nuevos.

Un recorrido por la vida de Mary Tapia. En el Museo de la Historia del Traje. / David Fernandez

Lo primero que hizo Tapia como diseñadora original fue ir a un vernissage del Instituto Di Tella -donde se aglutinaba la vanguardia- con unos jeans a los que les había agregado unas “fajitas” con motivos del norte argentino. Era la época de una Mercedes Sosa joven, de Cosquín, del puro folclore nacional; del hippismo y del pop. Los jeans tuvieron éxtio: en seguida los demás artistas le encargaron modelos. Ya en 1966, Tapia realizó su primer desfile en la galería El Laberinto. Al años siguiente –y con el apoyo de Jorge Romero Brest, director del Di Tella y poderoso crítico de arte-, armó otro desfile más llamativo: juntó a las modelos con fisicoculturistas: caminaban juntos –ellas luciendo las prendas de Tapia- por los baños turcos del gimnasio-spa Colmegna.

Pero lo que definitivamente lanzó al éxito a Mary Tapia fue su Pachamama Prêt-à-porter, una colección y desfile de 1969. En la tarjeta de invitación se leía: “En Buenos Aires, la última moda no llega nunca. Porque recién seis meses después hay que ponerse lo mismo que usan las europeas. En cambio, qué bárbaro lo que hacen nuestras kollas, o las mujeres del Paraguay, o las indias de Zuleta, en barracanes, ponchos, tapices y guardas bordadas. En esta colección se mezclan esas texturas con tejidos de otavalo y bayetas a mano, por lugareños de Cuenca, en Ecuador, o tapetes de Quito. Por todo eso, crear una moda argentina se convirtió en mi obsesión”.

Tejidos y diseños. Mirar hacia atrás para construir hacia adelante. / David Fernandez

De ahí en más, vistieron sus prendas personas de la movida intelectual y bohemia de Buenos Aires, como María Luisa Bemberg. Más tarde Tapia pasó a realizar desfiles en París, luego en Nueva York. En medio tuvo un local en la galería del Este, en la Promenade…

A pesar de que en 2002 le otorgaron el Konex de Platino, la diseñadora sigue aún siendo bastante desconocida para el público general. Por eso, la exposición del Museo del Traje hace justicia, para ubicarla donde merece estar: como una creadora vanguardista y arriesgada, una amante ferviente de las producciones nacionales de nuestro norte. Llena de una mirada astuta y amorosa hacia el arte del diseño de indumentaria; conservando también el amor por el oficio manual y paciente.

Cuándo: Hasta el 2 de septiembre.

Dónde: Museo de la Historia del Traje, Chile 832, CABA.

Horarios: De martes a domingos de 11 a 19.

Entrada: Gratis.

El 14 y el 28/7: “Bocetos de Moda”. La propuesta consiste en mirar, concentrarse, interpretar y sintetizar a través de dibujo y el color las sensaciones e ideas desarrolladas durante la observación.

Informes e inscripción: actividades.museodeltraje@gmail.com