Fin de la angustia: rescatan de la cueva a todos los menores y a su entrenador y el mundo celebra por Tailandia

El último de los niños atrapados en la cueva Tham Luang es trasladado en ambulancia tras su rescate.

De misión imposible a misión cumplida. Así se siente el final feliz de la masiva y peligrosa odisea que mantuvo a las audiencias de todo el mundo a la espera en la boca de la cueva Tham Luang de Tailandia. Los 12 chicos -de 11 a 16 años- del equipo de fútbol “Jabalíes Salvajes” y su entrenador, de 25, salieron sanos y salvos. Con la amenaza constante de la lluvia y el nivel de oxígeno cayendo día por día, lo mejor terminó por suceder. Después de tres días de operativo, todos fueron rescatados tras haber pasado más de dos semanas atrapados.

Hubo rescates domingo, lunes y martes y los 13 eran atendidos en el hospital último modelo Chiangrai Regional Hospital, a 60 kilómetros de donde los subieron a las ambulancias, cubiertos por completo. La medida es parte de un protocolo de seguridad, que sirve como ejemplo: protegerlos de las cámaras y de un nivel de exposición mundial que escapa a lo que podrían haber imaginado.

La tercera etapa del rescate, el martes, logró sacar a los cuatro chicos y al entrenador que aún permanecían atrapados. “Planeamos rescatar a los cuatro niños y a su entrenador (de 25 años)”, había dicho Narongsak Osottanakorn, vocero de los efectivos de salvataje, sobre los trabajos, que se retomaron a las 10.08 de la mañana (hora local, 0.08 de la Argentina) con la participación de 19 buzos. En la primera jornada, el domingo, la actividad se inició a las 0 y el primer niño emergió de la caverna cerca de las 7.15 (hora de la Argentina). En la segunda, este lunes, las maniobras se iniciaron a la 1 y el primer rescatado del día salió cerca de las 7.

Cada uno de los chicos -con máscaras que cubrían toda la cara y son más seguras que los reguladores tradicionales- fue escoltado por dos buzos. En diversos tramos de los estrechos pasadizos se habían “sembrado” tanques de oxígeno para que pudieran recargar su suministro periódicamente.

Cuando salió el último médico y los tres buzos de la Navy Seal que se quedaron con los niños antes de que salieran de la cueva, hubo aplausos y abrazos entre los más de 1.300 rescatistas y voluntarios que participaron del operativo.

Pero no todo terminó. Aún no se sabe cuándo volverán a tener contacto directo con sus familias. Tampoco cuándo les informarán de la muerte de Saman Gunan, un buzo de 38 años, ex miembro de la Marina tailandesa, que se sumó al operativo y murió al quedarse sin oxígeno en el camino de regreso de llevarles tanques de aire comprimido. Se espera un “tercer milagro”. Que la psiquis de los chicos no se quede en las profundidades de esa cueva, que los mantuvo cautivos.  Terapia y cuarentena: las claves para superar los efectos de haber sobrevivido.

Poco a poco se va explicando por qué hasta colocaron un vidrio entre los chicos y sus padres al momento del primer reencuentro. 

Con el espectacular submarino del magnate Elon Mask, que al final jamás se usó, y una cobertura que llevó esta noticia a las tapas de los principales diarios internacionales, el mundo también se asombra por las medidas que están tomando las autoridades tailandesas para “reinsertar” a los chicos en el mundo exterior. 

Vale recordar que estuvieron sin comer y en la oscuridad absoluta durante nueve días, hasta que el primer milagro ocurrió. El 2 de julio, cuando vieron la luz de las linternas de los dos buzos británicos que los encontraron. El segundo milagro fue haber salido vivos de un rescate sin precedentes. Buzos expertos declararon que “jamás adolescentes han buceado en condiciones semejantes”. 

En principio, como era de esperar ante tan insólita propuesta, los chicos rescatados no podrán aceptar la invitación de la FIFA para asistir a la final del Mundial de Fútbol de Rusia en Moscú.

Los médicos y psicólogos que viajaron hasta el Chiangrai Regional Hospital para atenderlos advirtieron que es necesario que permanezcan al menos otra semana en observación. El grupo, incluido el entrenador, está en la etapa de cuarentena (aunque no sean 40 días de aislamiento).

Todo esto, pese a que las autoridades sanitarias de Tailandia confirmaron que ninguno “sufre problemas de gravedad”. Pero dos de ellos sí muestran leves dificultades para respirar, lo que daría indicios de neumonía. Otro tiene un pequeño corte en la pierna derecha y hay que descartar una infección aguda.

Un helicóptero de la policía tailandesa traslada al hospital al último de los niños atrapados en la cueva Tham Luan.

“Los doctores analizaron la sangre y los pulmones de los menores, además de proveer de manera intravenosa suero para mejorar sus defensas e inyectarles varias vacunas”, dijo en conferencia de prensa el secretario para la Salud Pública de Chian Rai.

La autorización para ver a sus padres sin el vidrio dependerá del médico que realiza su seguimiento y podría ser concedida a partir de estos días. Sin embargo, en caso de que no haya división entre ellos, no serán posibles “besos y abrazos”, por el peligro de que los chicos contraigan infecciones pulmonares tras haber pasado dos semanas en un ambiente tan húmedo y con las defensas aún bajas.

Personal del hospital tailandés y un oficial de policía.

Todo empezó el 23 de junio cuando el “coach Ake” -Ekapol Chanthawong, que en realidad es asistente del entrenador oficial- los adentró en la cueva, pese a que se desaconseja su ingreso durante las lluvias monzónicas. Ya atrapados, el entrenador, que quedó huérfano a los 10 años y vivió una década junto a los monjes, aplicó la meditación budista para que los chicos para que no caigan en actitudes desesperadas. Lo contaron los rescatistas a la CNN. 

Además de la de los menores, los médicos y psicólogos no dejan de lado la salud mental del único adulto en esa cueva. El entrenador fue quien llevó a los chicos a la caverna y, desde su interior, a través de una carta, pidió disculpas a cada uno de los padres. Si bien le respondieron que no lo responsabilizaban por lo que pasó, resta saber si el hombre ya se enteró de la muerte de Gunan.