Felipe Solá y Facundo Moyano, en una foto con aroma electoral y distantes de Sergio Massa

Sergio Massa junto al gobernador de la Pampa, Carlos Verna, a principios de este mes.

Nunca, hasta acá, Felipe Solá y Sergio Massa hablaron cara a cara de la apuesta presidencial del ex gobernador. Es la postal cruda de la frialdad entre ambos y pulso de sus visiones antagónicas: uno crítico y movedizo; el otro silencioso y replegado.

En una charla, Solá reprochó el mutismo del jefe del Frente Renovador. “Con todas las cosas que pasan en el país y vos no hablás hace 7 meses”, reclamó. El tigrense defendió su mutismo y dijo que opina a través de su bloque: hasta agosto, al menos, mantendrá su perfil bajo.

La distancia sumó, en estas horas, otro protagonista: Facundo Moyano, también diputado del FR, arrancó a caminar con Solá con inocultable coreografía electoral.

Este lunes, fueron juntos a la movilización opositora en la 9 de Julio y más tarde se sumaron al homenaje a los 44 tripulantes del ARA San Juan que sus familiares hicieron en la Pirámide de Mayo.

Moyano Jr termina su mandato en 2019 y administra, aunque nada dice en público, la tentación de anotarse en la grilla de pretendientes a la gobernación bonaerense. Con ese plan se mueve Daniel Arroyo, su compañero de bloque.

Al igual que Solá, Moyano y Arroyo encarnan en el dispositivo Massa al sector que empuja la unidad panperonista. Eso contempla algo que el tigrense excluye de su menú: cohabitar un continente político y electoral con Cristina Kirchner.

Como un mantra que inmuniza, Solá repite que hace 11 años no habla con Cristina. Y que no tiene interlocutor en el planeta K aunque, según cuentan alcaldes del PJ, la ex presidenta lo elogia. 

El vínculo con Massa está congelado. Un episodio agudizó el malestar: el tigrense le pidió que vaya al encuentro de Gualeguaychú promovido por Miguel Angel Pichetto pero Solá se negó por sus diferencias con ese bloque “dialoguista” y por la resistencia de Massa a mostrarse.

Desde entonces, la relación se deterioró.

En paralelo, se movió como de los promotores del G-7, el grupo que comparten con Arroyo, Agustín Rossi, Alberto Fernández, Víctor Santa María, Daniel Filmus y el evitista Fernando “Chino” Navarro.

El Movimiento Evita es otro jugador en el esquema de Solá. Emilio Pérsico, jefe del M-E, fue funcionario bonaerense durante la gestión felipista y desde entonces, aunque las aventuras electorales los pusieron en clubes distintos, el vínculo se mantiene.

En la movilización de este lunes, de hecho, compartió caminata con Navarro, Leo Grosso -diputado del Evita- y Patricia Cubría, legisladora provincial y compañera de Pérsico. De ahí viene otro nexo: Juan Grabois, el militante social preferido del papa Francisco.

Facundo Moyano y Felipe Sola, en Diputados.

Los hermana, con el peronismo K, el rechazo a Macri.

“Todos dicen que Sergio quiere ser presidente pero él no dice nada. Yo quiero ser y lo digo”, avisa Solá sabedor de la incompatibilidad que supone desafiar al jefe de su propio espacio.