El chico de 15 años que vio morir a su papá y reconoció al asesino por sus ojos claros

Vanesa Asís y su hijo Juan Ignacio Díaz, en Villa Tesei, Hurlingham. Foto Constanza Niscovolos

“Es éste”. Juan Ignacio Díaz (15) no dudó. Reconoció en la comisaría al asesino de su padre, Juan Gregorio (42), por sus ojos claros. El sospechoso es un año mayor que él y vive a 400 metros de su casa, en Villa Tesei (Hurlingham). Ahora está en un instituto de menores de La Plata. Cuando eran niños, jugaban juntos en la canchita de fútbol del barrio. Sus vidas fueron disímiles y el destino los volvió a cruzar de manera trágica.

Como cada noche de la semana, Juan Gregorio fue a buscar a Juan Ignacio en su moto a la salida del colegio Santa Marta, pasadas las 22.30. Siempre volvía por la avenida Vergara hasta Bonorino, para hacer las diez cuadras hasta su vivienda. Pero el 7 de junio pasado, el hombre iba a cambiar el recorrido.

“No sé qué se le pasó por la cabeza. Será el destino”, reflexiona sin encontrar una respuesta su esposa, Vanesa Asís (41), en el frío de ese hogar que hoy siente la ausencia del padre de familia. Su otra hija, Antonella (5), pregunta por él y cambia los roles por un instante para pedirle: “No llores, mamá. Tratá de no llorar”. Pero cuando va al jardín y llega el momento de rezar, ahí la nena deja soltar sus lágrimas, cuando su mamá no la ve.

Lo concreto es que aquella fatídica noche, Díaz, quien trabajaba como empleado de mantenimiento de la clínica DIM, tomó por Kiernan, la misma donde estuvo cautiva hace siete años Candela Sol Rodríguez (11), la calle donde lo esperaba la muerte.

“No nos dimos cuenta de nada hasta que se nos pusieron a la par en otra moto y nos dispararon . Yo sentí el ruido, ‘pum pum’, nada más, no sentí dolor. Mi papá hizo ocho cuadras, no me decía nada, cuando cayó al piso tampoco me di cuenta que le habían dado un tiro”, cuenta Juan Ignacio, quien todavía no pudo ir al cementerio porque no quiere ver allí a su papá y habla de “los otros” cuando nombra los asesinos.

“Él dejó la moto, la apoyó en el piso y se corrió para el costado, enseguida llegaron los otros, lo único que dijeron fue: ‘Dame el casco o te reviento'”. Luego los asaltantes escaparon con los dos vehículos.

Juan Gregorio Díaz (42) y su hijo Juan Ignacio (15), el 1° de enero de este año en Santa Teresita.

A los pocos minutos llegaron la Policía y las ambulancias. Estaban en Kiernan y Orué, a 200 metros de la casa de los Díaz.

“¿Te pegaron un tiro?”, indagó el padre.

“Sí, pero no me pasa nada, estoy bien… ¿Qué te pasa a vos? ¿Estás bien? ¿Tenés algo?”, contestó el chico.

“No sé, estoy medio mal, algo tengo”, añadió el hombre. 

Juan Gregorio Díaz (42) fue asesinado en Hurlingham. En la foto, con la moto que le robaron (no apareció aún) y su hija de 5 años.

Cuando dieron vuelta a Juan Gregorio, vieron que tenía un disparo calibre 9 milímetros en la espalda. Lo llevaron al Hospital Posadas. Vanesa fue hasta allí con Juan Ignacio y le dijeron que su marido estaba “crítico”. Lo llevaron al quirófano y alrededor de la una de la madrugada murió.

Al adolescente lo trasladaron a la clínica La Trinidad, en Ramos Mejía. Allí lo operaron por una fractura en el brazo derecho. Ya volvió al colegio. Va en un remís que le paga la Municipalidad. “Me hace bien ir. El tema es cuando salgo y no está mi papá esperándome”, comenta con un aplomo y una madurez infrecuentes para su edad.

Cuando tuvo que ir a la comisaría para una rueda de reconocimiento de detenidos, el chico tuvo que señalar quién era el asesino entre cuatro caras diferentes. Nunca dudó y marcó al sospechoso: Ilán Nehuén (16), el mismo con el que jugaba al fútbol a los 5 años en una canchita frente al colegio Santa Marta. Tiene a su madre con arresto domiciliario por una causa de drogas y a su padre en la cárcel por robos. Los vecinos aseguran que cuando tenía 15 cometió su primer asalto a mano armada.

Valiente. Juan Ignacio Díaz tiene 15 años, vio morir a su padre, sobrevivió a un tiro y tuvo que reconocer al asesino en una comisaría. Foto Constanza Niscovolos

“Recuerdo su cara, porque no llevaba casco, y sus ojos claros. Fue él”, afirma Juan Ignacio en la entrevista con Clarín.

La familia vive en la casa de la calle Bonorino desde hace siete años. Los padres de Vanesa se instalaron allí y Juan Gregorio levantó su hogar en la planta alta, ladrillo por ladrillo. Entre medio estuvo un año probando suerte en España, en el 2000, donde vive un familiar suyo. Pero se volvió y empezó a trabajar en la clínica, adonde todos lo lloran hoy.

La Policía todavía no encontró al que manejaba la moto. Hasta Ilán Nehuén llegó porque un vecino se presentó espontáneamente en la comisaría y lo incriminó. Su madre, sin embargo, niega que haya sido él. “Pido como madre que digan la verdad porque mi hijo no fue”, escribió Yesica Gaab (38) en el grupo de Facebook “Basta de inseguridad en Morón”.

El descargo de Yesica Gaab en Facebook para defender a su hijo Ilán Nehuén (16), detenido por matar a Juan Gregorio Díaz (42) y balear a su hijo, de 15, en Villa Tesei, Hurlingham.

“Cuando lo vi en la comisaría me acordé que de chicos jugábamos al fútbol en una canchita del barrio. Es más, él solía andar por el barrio, siempre en una moto y sin casco, aunque nunca me molestó”, relata Juan Ignacio. Su madre acota: “Cuando pasábamos por la casa, a cuatro cuadras, y lo veíamos afuera, en un sillón, con otros chicos, hacíamos el comentario: ‘Mirá el pibe que jugaba a la pelota con vos cómo está'”. Entonces pensaba: tienen la misma edad, yo lo llevo al colegio y él está ahí tirado todo el día”.

Vanesa llora y vuelve a llorar. Lo peor fue cuando tuvo que contarle todo a Antonella. “Llegué de mañana del hospital. Cuando se despertó le dije que papá no había vuelto porque ‘estaba en el cielo’. Siempre fue una nena súper independiente y ahora tiene los miedos que antes no: duerme conmigo, recién hace dos días volvimos a abrir las puertas de las habitaciones durante el día, pide que la acompañes para ir al baño”, comenta, y se estremece.

Juan Gregorio y Vanesa se habían conocido en el 2000. “Él empezó a trabajar con un remís y yo atendía el quiosco del local. A los tres meses estábamos viviendo juntos”, recuerda.

La calle Kiernan 992, en Villa Tesei (Hurlingham), adonde estuvo cautiva Candela Sol Rodríguez (11). Siete años después, a dos cuadras de allí, cayeron heridos Juan Gregorio Díaz (42) y su hijo Juan Ignacio (15). El hombre murió poco después. Foto Néstor García

Cuando su marido estaba tirado en la calle con un balazo en la espalda, hablaron brevemente por teléfono, ya que Juan Ignacio llamó a su madre para contarle lo que había pasado. Lo último que le dijo él fue: “Estoy en Kiernan al 1000”. En el trayecto al hospital sufrió el primer paro cardíaco y luego se quedó en el quirófano. “Nunca se me pasó por la cabeza que se iba a morir, sólo pensaba en si volvería a caminar”, narra Vanesa.

La familia vive con miedo, a pesar de que le pusieron custodia de la comuna y de la fiscalía. “Supuestamente está el código de que si sos del barrio no te pueden tocar, pero esto acá no pasó. O quizás estaban tan drogados que ni los reconocieron”, especula la mujer.

Juan Ignacio no pudo ver hoy por TV la carrera de Fórmula Uno junto con su padre. Seguramente habrían festejado el triunfo del alemán Sebastian Vettel con la Ferrari.

“Empezá a moverte porque matan a otro y se olvidan de Juan”, le aconsejan los vecinos a Vanesa, que este lunes participará de una marcha en Morón contra la inseguridad.

La convocatoria de los vecinos de la zona oeste del GBA contra la inseguridad, en Ramos Mejía.

El caso es investigado por la Fiscalía N° 5 de Morón a cargo de Claudio Oviedo y su par Gabriel Nicolás Crudo Iturri, de la Fiscalía de Responsabilidad Penal Juvenil N° 1, ambos pertenecientes al Departamento Judicial de Morón. También por la comisaría 2° de Hurlingham y la DDI de Morón.