El ajuste en Cancillería: habrá más venta de edificios, menos misiones y analizan cómo reducir oficinas y consulados

El Palacio San Martin. Foto: Rolando Andrade Stracuzz

En el Ministerio de Relaciones Exteriores, la crisis fiscal se siente hace rato. Se lo ve hasta en situaciones pintorescas: catering más austeros y una caja chica entre los embajadores en el extranjero bastante más reducida para realizar actividades políticas y sociales que son normales en el cargo.  También ocurre que todos los grandes proyectos de misiones comerciales que se hicieron en 2016 y hasta causaron rivalidades con el ministerio de Producción y en especial con la Agencia de Inversiones han quedado en el pasado. Pocas pueden concretarse.

Sólo hay puesta prioridad actualmente, en las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea, y en la cumbre del G20. Cuando hay un viaje presidencial o un foro en el exterior, el plantel de enviados es mínimo si se lo compara con el “batallón” que viajaba durante la gestión K. 

Los recortes oficializados este martes por decreto en el Boletín Oficial impactan de lleno en el día a día del Ministerio de Relaciones Exteriores que, de hecho, no estuvo ni siquiera entre las prioridades del tesoro nacional del año pasado como sí lo estuvieron Interior, Medio Ambiente, Trabajo, Educación y Desarrollo Social. Ahora, según pudo saber Clarín, en la Cancillería analizan cómo reducirse aún más.

Los hombres que manejan los gastos están viendo qué sedes y qué oficinas en el exterior se pueden cerrar. Y cuáles vender.  La Agencia de Bienes del Estado ya logró la venta del viejo edificio del Instituto Antártico por US$ 9.3 millones. Y tenía otros más para liquidar con la idea de generar dólares: un edificio de la calle R en Washington, que fue sede de la Junta Interamericana de Defensa; otro donde funcionaron oficinas del consulado en Bogotá; un terreno baldío en Colonia Uruguay; la vieja residencia diplomática en Brasilia; y una casita frente a lo fue en Montevideo que fue un centro cultural.

La red en el exterior prevista para el presupuesto de 2018 contabilizó que a junio de 2017 está constituida por 88 Embajadas, 63 Consulados Generales y Centros de Promoción Comercial, Consulados Generales y Consulados Simples y 7 Representaciones ante organismos internacionales y la Unión Europea. En total, 150 oficinas de mayor a menor envergadura. 

​Según supo este diario, el recorte de gastos no implicará cierre de embajadas y sedes como lo hizo Carlos Ruckauf bajo la gestión de Eduardo Duhalde. Eso terminó generando más gastos que austeridad. Reducir personal, traerlo a la Argentina de regreso, y terminar con contratos de alquileres antes de tiempo es contraproducente, afirman. Para colmo, con el tiempo, numerosas sedes fueron reabiertas. Tampoco se piensa reducir la entrada de estudiantes a la carrera del servicio exterior, comentaron a Clarín. Esta se concentra en el ISEN.  Tampoco retocarán los sueldos del personal. Los embajadores en el exterior son definitivamente caros. Sueldos que promedio superan los 15.000 dólares sin descuentos -algunos cuentas son de US$ 20.000 – pero que sin embargo no están entre los más altos del mundo. 

Aún así, los contadores de la gestión actual en el Palacio San Martín están con calculadora en mano para ver dónde pasar con la tijera. Están en la mira las oficinas de consulados y piensan por ejemplo que llevarlos a las edificios de las embajadas puede abaratar costos. Recientemente, hubo anuncios de que se compartirán consulados con Brasil en el mundo. Funcionaron algunas experiencias durante el mundial de fútbol en Rusia, como el consulado compartido en San Petersburgo. Y el plan prevé extenderlo de forma más duradera por otras ciudades en el mundo.

Sin embargo, hay hechos que para muchos diplomáticos hace ruido, y les causa molestia a la hora del ajuste, contaron fuentes en el ministerio. Se trata de la superposición de tareas con el área de relaciones exteriores que funciona y se hizo crecer en jefatura de Gabinete. Desde el Palacio San Martín la vieja guardia diplomática afirma que se trata de actividades tradicionales de Relaciones Exteriores y no de Presidencia. Y que además si se hiciera desde la Cancillería implican salarios ya establecidos porque son funcionarios de carrera y no cargos políticos que generan sueldos extras. Para el caso del G20 son situaciones distintas. La estructura es grande, pero es un presupuesto aparte. Sin embargo a la hora de gestionar protocolo y ceremonial cometió no pocos errores como olvido de invitados como ocurrió durante la cumbre de ministros de Hacienda y Finanzas del grupo.