Tom Hanks, escritor: cada cuento parece una película

Queremos tanto a.. Tom Hanks en “Forrest Gump”.

Es casi seguro que cualquier lector que lea el libro de cuentos de Tom Hanks, oiga la voz de Tom Hanks. De hecho, es harto probable que su libro se venda más en el formato audiolibro -leído por él mismo- que en el formato en papel o digital.

El autor no necesita presentación, se trata del celebérrimo actor de Hollywood, cuya imagen puede resultar más conocida para alguien, que un primo al que sólo ve para las Fiestas. Pero hasta ahora no había tomado la pluma para expresarse y aquí están sus primeras experiencias en la materia.

A los 62 años, el actor lanza su primer libro de cuentos y su primer libro de todo, compuesto por unas diecisiete historias: la mayoría siguen la estructura narrativa clásica del cuento, y otras “simulan” ser un guión de cine o las páginas de un diario dominical. Se trata de los clásicos cuentos americanos que siguen la vieja línea sobre el dulce amargor de la vida y la mayoría terminan bastante felices. No hay grandes conflictos, no hay sangre saliendo a borbotones -sólo en los recuerdos más desgraciados-, no hay asesinos, ni crímenes, ni hay buceo en la oscuridad psicopática de algunas personas. Hay lo que hay en todas las vidas: la búsqueda de bienestar, la angustia y cierta insatisfacción. Tampoco es poco si está bien contado y aquí lo está. Sólo que en el final de algunos cuentos, aparece la sensación de falta de un remate que produzca el suspiro del lector, “la catarsis” la llamaría Aristóteles. O, mejor dicho, tratándose de un actor del porte de Hanks: falta en los finales la indicación que diga: “completar con dramaturgia de actor”.

El libro lleva el título de Tipos singulares porque los protagonistas de estas historias norteamericanísimas son todos hombres un poco en falsa escuadra: uno que se deja dominar por una nueva novia, al punto de sentir que en lugar de salir con ella está haciendo el ingreso a la Academia de Marina; otro que el día de cumpleaños de su hijo es descubierto por éste engañando a la esposa; un cuento situado en 1955 donde un veterano de la Segunda Guerra vive una Navidad perfecta -una Navidad de película de Chevy Chase- y al irse a dormir recuerda cómo mató en la guerra. Y el cuento quizá más extraño del conjunto, con aires a Ray Bradbury y sobre todo a la serie Westworld: un hombre viaja al pasado gracias a la agencia Aventura Cronométricas cuyo lema es “El pasado es importante para nosotros. Allí, en 1939, se enamorará de una mujer, a la par que se desintegrará molecularmente.

De aquí que sea desafortunada el dicho de la escritora Ann Patchett: “Leer Tipos singulares es como descubrir que Alice Munro es también la gran actriz de nuestro tiempo.” Además de ser una frase confusa, hay que corregirla para que el lector sepa con qué se encuentra cuando abre el libro: Alice Munro es Alice Munro y Tom Hanks es Tom Hanks. A la escritora canadiense Alice Munro (Premio Nobel 2013) nadie tiene que alentarla a escribir, simplemente -o no tan simplemente- se levanta y escribe; de Tom Hanks nos gustaría leer un próximo libro y otro y otro. Además, es probable que Alice Munro teniéndoselas que ver con el difícil arte de la actuación, parada dentro de un set hiciera un papelón.

El problema de las historias de Tom Hanks es que tal vez se puedan leer como literatura dentro de cien o doscientos años, cuando la gente ya no tenga presente a Tom Hanks. Mientras tanto, cada historia parece una película que puede ser interpretada por él, con sus miradas, su modo de caminar, las inflexiones de su voz.

Ya el lector había vivido algo parecido cuando se enfrentó a la veta literaria de Steve Martin en dos novelas: Shopgirl (2000) y Un objeto de belleza (2010) y en inglés y aún sin traducir tiene unos siete libros más entre obras de teatro y literatura narrativa. Con Shopgirl se hizo una película donde Martin fue guionista, actor, productor y resultó bastante bueno. Ahora, apadrinó el libro de relatos de Tom Hanks. Cuando el lector leía a Steve Martin, veía a Steven Martin y no a los personajes de Steve Martin, por muy alejados de su persona que estuvieran -que de hecho, la verdadera personalidad de Steve Martin la conocen los amigos y la familia y no los espectadores de sus comedias-; la dificultad de separar autor y narrador puede ser un escollo y también un gran atractivo para el lector. También había pasado con Postales del abismo (1987) de Carrie Fisher, con la diferencia de que allí el libro en cuestión era a medias autobiográfico.

En suma se trata de un libro bien escrito, con historias atractivas, pero sobre todo, un libro indispensable para los fans de Tom Hanks.