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¿Qué es lo que nos molesta cuando nos molesta el arte?

Andrea Giunta. El arte como desafío de los lugares comunes. / Alfredo Martinez

Andrea Giunta

Doctora en Historia del Arte

El arte es un ámbito en el que representaciones e ideas no convencionales se expresan. En tanto en muchas ocasiones lo que los artistas proponen con sus obras problematiza o contradice las normas sociales, el arte provoca. Cuestiona nuestro modo común de ver las cosas. Nos interpela. Podemos coincidir o disentir, pero más allá del goce estético o el desagrado que produce una obra, puede irritarnos mucho su contenido.

En ese sentido entiendo que el arte provoca. Desafía lugares comunes, gustos establecidos, ideas asentadas.

Nicola Costantino

Artista plástica

Como Evita. Costantino y una obra que causó controversia. / Ariel Grinberg

El arte debería provocar siempre algo inesperado, incómodo, golpear directo al prejuicio. Si es complaciente y te hace sentir bien no produce ninguna reflexión.

La provocación es natural en el arte, te lleva al circulo mediático, muchos centímetros cuadrados de prensa que no traen ningún beneficio económico como la mala fe supone, porque el artista no tiene nada para vender: la publicidad sirve para productos masivos no para el arte. Además, la prensa esta plagada de banalidades y noticias de política corrupta, no veo mal que los artistas ocupen parte de los centímetros de prensa así la gente se entera de algo que pasa en el mundo cultural.

El Hitler de rodillas rezando, de Cattelan, tuvo precio récord cuando se subastó en mayo de 2016.

El terreno del arte hoy se expandió, está en muchos ámbitos, no sólo en galerías y museos, hay expresiones que no vienen del mundo del arte que impactan y provocan cambios dignos de la más avanzada y critica producción artística

Eleonora Jaureguiberry

Subsecretaria General de Cultura de San Isidro

Eleonora Jaureguiberry, Subsecretaria General de Cultura de San Isidro.

En mi opinión el arte provoca por su propia naturaleza. Provoca estados de ánimo; el más valioso: conmueve. Cuando es bueno, tiene la cualidad de hacernos pensar o transitar eso en lo que no pensamos a menudo, nos saca de los temas de todos los días y nos devuelve a nuestra dimensión temporal y humana. Nos permite ponerle palabras e imágenes a nuestras emociones. También da un poco de miedo, por la misma razón.

Los artistas provocan y, a veces, escandalizan. Algunos a propósito, otros por la naturaleza misma de su trabajo. El arte es sin dudas incómodo, porque trabaja sobre todos los temas que preferimos obviar: la belleza (y su pérdida), el poder, la muerte. En ese camino busca siempre su nuevo límite en su campo, que es el de la forma; eso implica trascender o romper con la anterior, y la forma anterior es sobre todo el gusto establecido, el “buen gusto”.

¿Para qué sirve? No sé, no tengo claro si tiene que servir para algo. Esa es otra de sus características: no “sirve”. Por qué es relevante? Porque nos termina de constituir en humanos.

Andrés Duprat

Director del Museo Nacional de Bellas Artes

Andrés Duprat. En el museo

El arte contemporáneo es un universo complejo que propone una radical distracción de la mirada usual, una respuesta disruptiva a nuestras propias vidas, una subversión o perversión de los modos con que habitamos el mundo.

De ese modo se abre un campo de mutaciones con derivas impensadas que no pocas veces logra, no sin rara eficacia, construir sentidos plausibles para aquellas incógnitas sólo formulables en sus propios términos. Es exactamente allí donde la obra habla, y dice aquello innominado por los discursos sociales más aceptables, como el de las ciencias más o menos humanas.

Quizás la condición más notoria que constatamos en el devenir del mundo de las artes visuales en los tiempos recientes sea su vertiginosa capacidad de cambio, potenciada por la aparición de nuevos formatos y medios de multiplicación, difusión y expresión.

Una de las constantes habituales a la hora de pararse frente a una obra de arte, como experiencia actual, la constituye la exigencia de decodificar un supuesto mensaje o contenido que la misma debería poseer. Ese ejercicio de traducción conlleva el riesgo de simplificar y banalizar las múltiples lecturas que una obra siempre exige. En ese sentido los modos profesionalizados de interpretación habitualmente empobrecen una obra al trasladarla a un plano didáctico y funcional con el objeto de facilitar y seducir la respuesta del espectador.