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Nanette: basta de reírse de las lesbianas… y abajo Picasso

Más que explícito. El cuadro de Picasso inspirado en Marie-Therese Walter.

Ella tenía armado el cuento para que terminara con una carcajada de su público. Y para contarlo se apoyaba en su facha: una mujer grandota, de pelo corto, vestida de pantalón y saco a la cintura: de lejos podía parecer un varón. Y se apoyaba en su historia: la comediante australiana Hanna Gadsby es una lesbiana pública, que hablaba mucho del asunto en sus shows.

El cuento era así: estaba en una parada de colectivo, donde había una mujer, a la que ella le empezaba a hablar. Unos minutos después se acercaba el novio de la mujer, a los gritos y puño en alto y decía algo como “Puto, puto, dejá de tratar de levantarte a mi novia” (sí, le decía homosexual y a la vez lo acusaba de seducir a la chica… el público ya se ríe). De cerca, el señor se daba cuenta de que no, no era un puto, ni siquiera era un varón. Y retrocedía: “No golpeo mujeres…” 

La cosa terminaba ahí y el stand up de Gadsby fluía. Pero algo cambió en su último show, el que ahora se puede ver en Netflix y se titula Nanette. Primero, Gadsby decidió dejar de reírse de ella misma por lesbiana. “Tirarse abajo a uno mismo… cuando se trata de alguien que de por sí está en los márgenes, no es humildad: es humillación”, explica. Dejar de reírse y dejar de suavizar la vida para que los demás se diviertan. Así que, hacia la mitad del show, cuenta el final de esa historia que tan bien le había resultado: el tipo se dio cuenta de que ella era una lesbiana, que tal vez sí quería levantarse a la novia y le rompió la cara. Nadie intervino y ella ni siquiera fue a hacerse atender. “Si no fui al hospital entonces, si no dije nada, es porque pensé que lo merecía”, dice.

El stand up deja de ser gracioso.

El público se ríe, se calla, se atraganta, la aplaude. Incluso cuando Gadsby -que es Licenciada en Historia del Arte- se mete con héroes como Pablo Picasso. “Odio a Picasso. Sé que tendría que ser más generosa con él porque tenía una enfermedad mental. Pero nadie lo sabe porque esto no pega con su mito. Nos venden un Picasso apasionado, atormentado, un genio viril. Pero sufría la enfermedad mental de… la misoginia”. 

No lo dice solamente Gadsby: “Picasso fue uno de los peores machistas del siglo XX. ¿Vamos a sacar su trabajo de los museos?”, preguntaba al New York Times, en enero, Jock Reynolds, director de la galería de la Universidad de Yale. Para Gadsby no es un tema menor. “Se acostó con una menor”, dice. “Listo para mí, no me interesa más. ¡Ah, pero está el Cubismo! ¡Él lo inventó! Marie-Thérèse Walter tenía 17 años cuando se conocieron: menor. Picasso tenía 42, estaba en la cumbre de su carrera. ¿Eso importa? Resulta que sí. Pero Picasso dijo ‘Era perfecto, yo estaba en mi mejor momento, ella estaba en su mejor momento’ Leí esa frase cuando tenía 17”. 

Entonces, ¿lo sacamos del museo? Gadsby -a quien el sitio especializado Artnet propone como “la más vital crítica de arte del momento”- no se mete con eso pero se burla de algunos postulados intocables: “‘Separar al hombre del arte. Tenés que separar al hombre del arte. El arte es importante, no el artista’. Ok. ¿Qué tal si sacamos la firma de Picasso de esas pinturas que tienen por ahí y vemos cuánto valen esos garabatos en una subasta? Nadie tiene un desnudo de un lego. Tienen un Picasso”. Tan separado parece que no está.

El stand up es in crescendo constante y uno se pregunta cómo queda la ¿comediante? al final. Se acabó la vergüenza, la lesbiana haciendo chistes de lesbianas, el autoodio. “No hay nada más fuerte que una mujer que se ha levantado sola”, dice Gadsby hacia el final.  Aquí está ella, por todas. Agárrense.