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Media hora en la piel de Frida Kahlo

Un rompecabezas para crear nuevas formas de la naturaleza. / Maxi Failla

El colorido mundo de Frida Kahlo despierta pasiones en los chicos:la película de Disney Coco le rindió un homenaje hace apenas algunos meses y en las librerías porteñas se consiguen novelas gráficas y libros para dibujar que tienen a la artista mexicana como protagonista. Ahora, una particular exposición en la Usina del Arte propone que los nenes de entre 5 y 10 años se acerquen a su figura y hasta experimenten algunas de sus vivencias físicas. Incluso, las más intensas.  

La muestra Frida y yo está subdividida en 13 estaciones. Ya en el ingreso, es posible tomarse una foto en una pequeña reproducción en madera de la Casa Azul que la pintora compartió con Diego Rivera. Los nenes eligen un fondo, que puede modificarse, incluyendo el patio de aquella edificación. Toman un símbolo en las manos: desde un colorido loro a modo de juguete hasta la máscara de una catrina, esa calavera alegre de la tradición mexicana.   

Lejos de obviar la dura historia de la artista, se invita a comprenderla. Los chicos pueden acostarse en una cama con un espejo fijado a modo de techo. Se les proporciona material para que dibujen mirándose en el reflejo. La propuesta actualiza la técnica que utilizó Kahlo para empezar a pintar autorretratos, cuando tenía 18 años, después de sufrir un accidente en micro.  

En las paredes se ven citas de la icónica artista. “El surrealismo es la sorpresa mágica de encontrar un león en el armario donde quería tomar una camisa”, se lee en el ingreso a una mesa imantada en la que, a modo de rompecabezas, hay figuras de animales. Los nenes pueden combinarlas y encontrar sus propias formas: un sapo con pies de loro, por ejemplo. La mesa tiene cajones. En uno de ellos se encuentra la figura de un pie femenino: una alusión no tan sutil a las amputaciones que sufrió la gran pintora.  

En otra pared, se lee: “A los 22 años me enamoré de Diego Rivera, le decía mi Sapo-rana, porque era gordo y tenía los ojos redondos y saltones. Diego era un pintor muy conocido y como yo, adoraba México. Juntos visitamos plazas, mercados, sitios arqueológicos… Coleccionamos durante años con mucha pasión figuras de dioses prehispánicos, ¡casi 50.000!” y allí nomás se ven reproducciones de esas piezas talladas: del dios supremo del México antiguo Quetzalcóatl y del mandamás de las lluvias en aquellas culturas, Tláloc, entre otras. En el espacio también hay audios que la evocan y pantallas en las que se pueden ver fotografías y pinturas. El recorrido -se realiza en 30 minutos- tiene como ejes temáticos el autorretrato, el dolor, la familia y la naturaleza. Fue preparado por el Centro Georges Pompidou de París y la organización Arts & Fun de México.  

Frida y yo.

En la Usina del Arte, A. Caffarena 1, La Boca. Gratis.

Horarios. Hasta el domingo, de 12 a 18. Tras las vacaciones de invierno: martes a jueves, de 14 a 19. Viernes a domingo, de 10 a 21.