Margaret Atwood: “Fuerce partos si quiere, Argentina, pero llame a lo forzado por lo que es: esclavitud”

Ya es un símbolo. El traje de “El cuento de la criada”. / Prensa

“¿En qué clase de país querés vivir? ¿En uno en el que cada individuo es libre de tomar decisiones concernientes a la salud y el cuerpo de ella o él, o en uno en el que la mitad de la población es libre y la otra mitad es esclavizada? Las mujeres que no pueden tomar la decisión sobre si tener o no bebés son esclavas”. Estos son los términos en que la escritora canadiense Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada y una de las escritoras del momento –además de firme candidata al Nobel, antes de que una serie de escándalos sexuales provocaran la temporaria suspensión del premio- se dirige a sus lectores, en una carta pública enviada en las últimas horas al diario UNO de Santa Fe, y en la que da una nueva vuelta de tuerca al cruce que ya la había enfrentado días atrás con la vicepresidenta Gabriela Michetti, que defiende una postura antiabortista y a la que inicialmente había interpelado por Twitter.   

“A nadie le gusta el aborto, incluso cuando es seguro y legal. No es lo que ninguna mujer elegiría para festejar un sábado por la noche. Pero a nadie le gusta tampoco mujeres sangrando hasta la muerte en un baño por un aborto ilegal”, se lee en el texto de Atwood que ya circula en Internet, en inglés –idioma en el que originalmente fue enviado al diario santafesino- y en español y ella titula, sin medias tintas, “¿Un Estado esclavista?”.

La reflexión que decidió hacer pública la escritora llega después del cruce que la enfrentó en duros términos a la vicepresidenta argentina Gabriela Michetti y que también provocó declaraciones de la funcionaria, que mantiene una firma postura antiabortista.

Todo comenzó el 25 de junio pasado, cuando un tweet de la autora canadiense, dirigido directamente a Michetti, encendió las redes y causó fuerte impacto en la Argentina. No era para menos. “No aparte la mirada de las miles de muertes que hay cada año por abortos ilegales. Dele a las mujeres argentinas el derecho a elegir”, había disparado Atwood a días de que el Senado –institución que Michetti preside- encarara la votación que el 8 de agosto terminará de definir la legalización del aborto en el país- y en un momento en que Michetti era acusada de querer retrasar deliberadamente el debate por haber girado el tema a cuatro comisiones para su análisis.

Michetti, por su parte, dijo que conocía a la escritora pero no había leído ni visto ninguno de sus trabajos. Y redobló la apuesta al manifestar al diario La Nación su convencimiento de que la capacidad de gestar es “un don extraordinario que la vida nos dio”.

A nadie le gusta el aborto, incluso cuando es seguro y legal. Pero a nadie le gusta tampoco mujeres sangrando hasta la muerte en un baño por un aborto ilegal”

Quién haya leído o visto la serie basada en la ficción más popular de Atwood (The Handmaid’s Tale) sabe que se trata de una distopía en que las mujeres son esclavizadas y violadas con fines reproductivos-: en palabras de su autora, se trata de “un relato imaginario de lo que sucede cuando ciertos no infrecuentes pronunciamientos sobre las mujeres se llevan a sus conclusiones lógicas”. En este sentido, no sorprende que Atwood haya salido, ya por fuera de los libros, al cruce de Michetti para enfrentarse a esta noción que celebra la gestación –en muchos casos involuntaria- como un motivo de celebración o gratitud disociado de la voluntad de ser madres de las mujeres gestantes. 

En su momento la vicepresidenta, que se manifestó en contra del aborto en casos de violación en el marco de la entrevista concedida al diario La Nación: “Si no te da para criarlo (al hijo/a) porque no tenés, no sé, psicológicamente en ese momento te sentís que no podés y estás limitada totalmente por eso, bueno, entonces lo podrás dar en adopción y alegrarás a una familia. En mi experiencia, de más de 30 años de trabajo social, las mujeres de menos ingresos son las que más hijos quieren tener y además es como una cosa de empoderamiento tener hijos, ser madres. También me pregunto cuánto hay de utilización de ese tema porque es impresionante, cuando conversás con las mujeres de los barrios ellas te dicen con orgullo: ‘Tengo ocho, tengo siete’”, argumentó. También dijo que, ante la ausencia de deseo o imposibilidad de criar un hijo “lo trabajás con el psicólogo, no sé”.

Este martes. Pañuelazo a favor del aborto en la CGT / Diego Díaz

Consultada por UNO sobre la respuesta que dio Gabriela Michetti sobre las mujeres, qué opina que la vicepresidenta de Argentina debería considerar como política y gobernante, y cuál es su impresión acerca de los países dónde el aborto ya es legal, Atwood vuelve al ataque y, en uno de los tramos más fuertes del documento, cuestiona al Estado argentino sobre los derechos de las mujeres y personas gestantes.

 “Las mujeres que no pueden tomar la decisión sobre si tener o no bebés son esclavas, porque el Estado reclama como propiedad a sus cuerpos y al derecho a dictar el uso al que deben someterse sus cuerpos”, argumenta. “La única circunstancia similar para los hombres es el reclutamiento en el ejército. En ambos casos existe riesgo para la vida del individuo, pero un conscripto del ejército por lo menos está provisto de comida, ropa y alojamiento. ¡Incluso los criminales en las prisiones tienen derecho a esas cosas! Si el Estado exige el parto forzado, ¿por qué no debería pagar la atención prenatal, el parto mismo, la atención posnatal y el costo de criar al niño?”, pregunta.

A continuación, plantea que “si el Estado está tan interesado en los bebés, ¿por qué no honrar a las mujeres que tienen más bebés respetándolas y sacándolas de la pobreza? Si las mujeres prestan un servicio necesario al Estado –aunque en contra de su voluntad– seguramente se les debería pagar por su trabajo. Si el objetivo es más bebés, estoy segura de que muchas mujeres se resignarían a la tarea si se las recompensara adecuadamente. De lo contrario, se inclinan por seguir la ley natural: los mamíferos placentarios abortarán ante la escasez de recursos –sostiene-. Pero dudo que el Estado esté dispuesto a brindar los recursos necesarios. En cambio, solo quiere reforzar el truco barato habitual: obligar a las mujeres a tener bebés y luego hacer que paguen. Y que paguen. Y que paguen. Como dije, esclavitud. Si se elige tener un bebé, eso es, por supuesto, un asunto diferente. El bebé es un regalo, dado por la vida misma. Pero para ser un regalo, debe ser dado libremente y libremente recibido. Un regalo también puede ser rechazado. Un regalo que no puede ser rechazado no es un regalo, sino un síntoma de tiranía”.

En el último tramo de su carta, Atwood concluye: “Decimos que las mujeres ‘dan a luz’. Y las madres que han elegido ser madres sí dan a luz y lo sienten como un regalo. Pero si no han elegido, el nacimiento no es un regalo que ellas dan; es una extorsión contra sus voluntades. Nadie está forzando a las mujeres a tener abortos. Nadie tampoco debería obligarlas a someterse a un parto. Fuerce partos si usted quiere, Argentina, pero por lo menos llame a lo forzado por lo que es. Es esclavitud: es reivindicar poseer y controlar el cuerpo de otra persona, y sacar provecho de eso”.

¿Habrá nuevos rounds? El más importante y definitorio será el que se libre en el Senado. En apoyo a un resultado favorable a la legalización, este martes decenas de mujeres salieron una vez más a marchar por las calles…vestidas de criadas, igualitas que en la serie. Con sus túnicas rojizas y sus cofias, levantaron frente al Congreso sus pañuelos verdes.

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