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Maqueira: “Lo que marca a esta generación es la falta de satisfacción”

La novela también analiza las nuevas masculinidades. / J. Manuel Foglia.

Cuando Enzo Maqueira publicó la novela Electrónica (Interzona, 2014) descubrió que había un público que estaba esperando un texto literario que le hablara de los temas que lo interpelaban como generación: insatisfacción permanente, triunfo obligatorio, dictadura tecnológica, desencanto con todas las promesas del capitalismo y, por supuesto, las drogas de diseño como esperanza a mano para atravesar la insoportable vida cotidiana. ¿Qué sucedió? Maqueira agotó tres ediciones de Electrónica y se convirtió en una de las nuevas voces de la literatura argentina que trascendió el cerco del gallinero literario: apariciones en televisión, presentaciones en ferias de todo el país, una obra de teatro basada en la novela y una nota polémica que lo ubicó como uno de “los escritores del reviente” le dieron una visibilidad que nunca buscó. Algunos años después, Enzo Maqueira se mueve de ese lugar de escritor generacional y entrega Hágase usted mismo (Tusquets): una novela melancólica y despojada sobre las despedidas y lo que hacen las personas para poder reinventarse en un mundo que no comprenden y los está dejando de lado. Otra vez el escritor viene a decirnos: (I can´t get no) Satisfaction.

– ¿Buscaste ir en contra de un hit?

– Yo siempre había hecho cosas distintas con mis libros. Y Electrónica había sido una cosa distinta a lo que había hecho antes. Algunos recién ahí se enteraron de que escribía y tal vez esperaban que hiciera algo similar. Pero seguí mi camino que es doblar las apuestas con algo nuevo. Los artistas que me interesan, y algunos están nombrados en la novela, hicieron eso cómo método de trabajo: ir en contra de las expectativas de un público e incluso de sí mismos. Muchos escritores van por la fácil que es repetirse. Trato de hacer algo distinto. ¿Cuánto tiempo más te podés repetir? Estaba harto de hablar de drogas aunque todavía me siguen preguntando.

– ¿Cómo nace el texto?

– Me pasó casi lo mismo que le pasa al protagonista de la novela: una relación que no funciona, tener una casa en la Patagonia de unos abuelos y utilizarla como refugio. Yo había ido a terminar de corregir la última versión de Electrónica y me encontré con más tiempo del que esperaba y me pareció bueno escribir sobre ese momento que estaba viviendo y agregarle elementos atractivos. Es decir, alguien que vuelve al lugar donde hizo su educación sentimental a buscar respuestas o salidas porque era un espacio donde todavía estaba presente el futuro, el mañana. Todo estaba por hacerse. Volver a esos territorios le produce un choque con su idealismo porque se ponen en evidencia todos los deterioros: el personal, el de la casa, el del lugar también. Quería encontrar algo que ya estaba definitivamente perdido. Quería volver a la magdalena de Proust. A partir de ahí comencé a hacer literatura.

– En ese sentido, se une a cierta temática que también se perfila en Electrónica: la falta de satisfacción de las personas que atraviesan esta época.

– Un poco lo que marca a esta generación es la falta de satisfacción. Si vos tenés ciertas cosas resueltas como trabajo, una pareja, salud, etcétera, te encontrás en una terrible disyuntiva porque hay un mandato de ser feliz. Uno va en busca de eso y no lo encuentra en ninguna parte. Creo que ahí se unen los dos libros. Es otra historia, otro personaje, otra etapa en la vida de una persona pero la misma marca que es el sello de estos tiempos: la búsqueda desesperada que no encontramos por ningún lado. El hecho de sentirse obligados a trascender la situación personal y ser algo más que un simple mortal que habita esta tierra.

– El discurso de la autoayuda que maneja el protagonista, ¿en la novela funciona como un tipo de adicción actual y generacional?

– La autoayuda florece en los últimos veinte o treinta años a caballo de esta idea de ir a buscar la felicidad, el hedonismo y el placer obligatorios. Esta idea de que hay que viajar y disfrutar de tus vínculos todo con un compromiso muy laxo y con una promesa de felicidad que nunca llega. Y ni hablar de este momento político donde se promete que todos vamos a ser felices: no sabemos cómo pero ese es el supuesto destino. Es más: no importa cómo, pero vamos a ser felices. Eso es lo que te vende la autoayuda: un discurso vacío que te promete felicidades que nunca llegan. Es casi lo mismo que las religiones.

– ¿Investigaste para meterte con el universo de la autoayuda?

– No investigué pero en uno de múltiples trabajos dentro del mundo editorial fui ghostwriter. Durante muchos años escribí libros de terapias alternativas, vida en armonía y demás. Además fui editor de revistas que abordan estos temas. Digamos que es un karma que arrastré durante muchísimos años. Mi carrera en las letras argentinas empieza con una nota en la revista Saber Vivir. De ahí, durante diez años, laburé escribiendo sobre eso. Muchas de esas cosas me las creía también, incluso cuando yo mismo las inventaba. Y salió naturalmente para esta novela que está plagada de cuestiones inconscientes que dejé que salieran.

– La autobiografía funciona como pista de despegue.

– Es así para mí: voy de lo biográfico a lo literario. Deformando lo biográfico para poder hacer literatura. De todas formas creo que esta novela es el cierre de esa etapa o sistema de trabajo.

– ¿Pensás, como Cesare Pavese, que la literatura es una forma de saldar cuentas con la vida?

– Para mí sí. No sólo saldar cuentas: también vengarte, poder mejorar lo que hiciste en la realidad, y además producir catarsis. Esta novela, a su modo, es la despedida de la juventud y todo eso que me movilizaba. Como la infancia perdida en este lugar idílico que pierde su idealismo de la imaginación al presentarse lo real del día a día cotidiano. Por otra parte, en la novela hay muchas referencias al cine porque fue muy importante para mí en los últimos años, porque casi cambió mi forma de escribir. Y creo que ese cine que le dio sentido a mi vida está quedando atrás. En Netflix no hay una película que valga la pena. Me estoy volviendo grande y el mundo se parece cada vez más a algo que desconozco y no entiendo. Quería que eso entrara en la novela.

– Hay un modo del protagonista de ejercer su heterosexualidad que se relaciona con las búsquedas actuales de placer.

– Estamos en un momento de tensión absoluto en el que el feminismo está atravesándolo todo, inclusive la literatura. Se está viendo con el rescate de muchas autoras y el lugar que están teniendo en la escena. En algunos libros se ve cómo el feminismo atraviesa al varón heterosexual. Creo que tenemos cosas para decir al respecto. Obviamente está la deconstrucción del varón en mi novela y se ve cómo vivir la masculinidad en el siglo XXI. Hay que salirse de los estados falocéntricos y cómodos para estar acorde a la revolución feminista que estamos viviendo.