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Frida Kahlo: exhiben los objetos que aliviaron su dolor

La pierna ortopédica. Es una de las piezas más destacadas de la muestra, en Londres. /Noel Smart

Frida Kahlo es la Che Guevara del arte. A ciento diez años de su nacimiento y sesenta y cinco años después de su muerte en México , sigue siendo ícono bohemio y único de la estética, una inspiración para la cultura pop y los diseñadores de moda, un modelo a imitar. El Museo Victoria & Albert de Londres ha decidido revelar a la otra Frida, la dolorida, mostrar la verdadera razón de su “look” y la desesperada búsqueda de una nueva identidad , a través de su ropa y sus objetos.

¿Qué hay? un “camuflaje” indígena del istmo de Tehuantepec, collares precolombinos de plata, coral o jade, flores y espectacular maquillaje escarlata para disimular sus discapacidades por la polio y un brutal accidente contra un tranvía. También su famoso corsé, que aprisionaba su cuerpo pero no su imaginación. Frida rehaciendo a Frida para ser mirada y admirada con fascinación, de la cintura para arriba.

El más fascinante objeto de la muestra es su pierna ortopédica. A Frida le amputaron la pierna izquierda en 1953. Para disimularlo, usaba botas de cuero coloradas o de seda. Ella convirtió este artefacto ortopédico monstruoso en un objeto de arte “avant garde”, una extensión de su cuerpo y de su expresividad artística.

El V&A pudo organizar la primera exposición fuera de México, con doscientos setenta objetos personales de la artista. Están sus más íntimas posesiones, comenzando por su pierna ortopédica, sus remedios opiáceos para el dolor, su historia clínica, sus joyas y vestidos, rebozos o chales y enaguas. Un secreto guardado durante 50 años por orden de su marido en el baño de la Casa Azul: el lugar donde su difícil matrimonio con el pintor Diego Rivera creció y sufrió. Este secreto se exhibe por primera vez fuera de México. Frida Kahlo: Making her self up (Frida Kahlo inventándose a sí misma) es la exposición más exitosa que el museo ha organizado en años y su título lo dice todo.

VIctoria & Albert. El museo londinense donde están los objetos de Frida. / Noel Smart

“Esta exhibición ha unido a historiadores de la vestimenta, del arte, a curadores de joyas y de fotografía para mostrar como Frida controlaba y construía su propia identidad, su singular fuerza frente a su enfermedad y la adversidad” sintetizó Claire Wilcox, la curadora de Moda del Victoria & Albert y co curadora en esta extraordinaria muestra.

La exposición comienza con el azul intenso de la Casa de Frida en Cocoyán, que era el epicentro de su vida y hoy está convertida en Museo. “Con amistad y afecto directo desde mi corazón, tengo el placer de invitarlo a mi humilde exposición”. Frida Kahlo de Rivera, México, abril 1953”. La invitación de Frida a ver sus obras. Un indicio de que la icónica artista mexicana vivió a la sombra de su marido y gran muralista Diego Rivera por mucho tiempo, en un complejo matrimonio, hasta que la posteridad reconsideró su obra, su personalidad y la consagró. Su estilo ha atravesado el tiempo. La primera ministra Theresa May utiliza una pulsera con su cara, sus trenzas y sus flores, marca registrada por excelencia.

El corsé decorado. Cómo se sostenía Frida Kahllo. /Noel Smart

Guillermo Kahlo, el padre de la artista, fue un fotógrafo alemán que llegó a México como inmigrante y se especializó en las fotos del patrimonio cultural mexicano. Le enseñó la composición, a posar, a revelar. Se transformó en su asistente. Un vínculo muy fuerte, como el que no tuvo con su madre, con raíces indígenas de Tehuana, de donde Frida iba a reconstruir su identidad deliberadamente birracial: europea-indígena.

La vida y el arte de Frida no pueden ser interpretados sino a través de sus accidentes de salud, sus dolores, sus acciones, sus cuarenta y siete operaciones quirúrgicas y el tsunami de la Revolución Mexicana, que hizo llegar a México a miles de artistas en 1930. A los seis años tuvo polio, lo que exacerbó los costos de salud de una familia ya empobrecida. A los 18 sufrió un accidente en un tranvía, cuando iba a la Escuela Nacional Preparatoria: se rompió veinte huesos, especialmente la columna vertebral. El padre se endeudó para salvarla. Sólo Diego Rivera le devolvió la seguridad financiera pagando sus deudas.

Seria. Una de las imágenes de Frida Kahlo que se exhiben en el museo.

Es en la Caza Azul donde se inicia la carrera artística de Frida. Lisiada, en una cama con dosel -que se convierte en el centro de la exposición de sus objetos en Londres- con un espejo en el techo, ella comienza a pintar con los pinceles que le regaló su padre.“Yo sufrí dos accidentes en mi vida: uno cuando el tranvía me tiró abajo y el otro es Diego” escribió Frida en su diario.

Estos objetos personales que se exhiben en Londres fueron descubiertos en 2003, en el museo Frida Kahlo de México, en la Casa Azul. Un tesoro de 6.500 fotografías, 22 documentos, 300 vestidos que pertenecían a ella, así como sus dibujos y sus juguetes. Una ventana abierta a su vida doméstica, sus pasiones, sus opiniones políticas, las incertidumbres y los pensamientos de la pareja, que sólo fue expuesta al público en 2007, después de años de análisis y curaduría. Diego Rivera había ordenado, pocos meses antes de su muerte en 1958, que transcurrieran 15 años al menos para ser abiertos. Pasaron 50.

Otro corsé. La estructura que a veces la artista retrata.

Los dibujos de Frida, las fotos de ella por Edward Weston, Man Ray, Manuel Álvarez Bravo, Tina Modotti, Gisèle Freund, Fritz Henle y su amante, Nickolas Muray muestran la vida de una artista, cuyo estilo André Breton describió como “un lazo de seda alrededor de una bomba”.

Kahlo y Rivera se casaron en 1929, cuando ella tenía 19 años y él, 43. Se divorciaron en 1935 para casarse en 1940. Tres meses después de su boda, ella se afilió al partido comunista y luego alojó como refugiado a Leon Trotsky, con quien tuvo uno de sus tantos affaires. Es en el casamiento donde se la ve por primera con un rebozo, una suerte de chal mexicano o guatemalteco, que ella usaba con única gracia.

También se ponía el huipil, una túnica cuadrada, perfecta para disimular los rígidos corsés que mantenían a su dañada espina dorsal rígida. Bordados, amplios, vienen de Tehuantepec, en el sudeste de México, tierra de los zapotecas. Sus vestidos con enaguas y punto cruz, sus tocados, muestran la belleza y la poesía de la sociedad matriarcal que eligió Frida como su identidad materna: independiente pero fiel a las tradiciones y sus raíces. Kahlo utilizó estas ropas semióticamente: para reafirmar sus raíces, sus creencias políticas y al mismo tiempo, ser entendida.

Una de las más vitales piezas en la exposición son sus botas. Color fucsia, bordadas y con taco mucho más alto una que la otra, para disimular polio y el accidente. A veces las decoraba con dragones chinos en verde.

Vistiendo el corsé. Frida Kahlo y el comunismo en el pecho.

Los corsés de Kahlo están desplegados en la exposición en seis camas con doncel, donde se puede ver los opiáceos que tomaba para reducir el dolor, el maquillaje escarlata para disimular sus discapacidades y su historia clínica mecanografiada y finalmente, terminada a mano. Ellos fueron el objeto de su arte.

El vínculo de ella con estos objetos casi medievales, que mantenían su columna firme, iba más allá de la ortopedia. Los había elegido como una forma de rebelión. En sus pinturas mostraba su cuerpo atravesado por esos hierros mientras en su vida cotidiana los decoraba, les pintaba la hoz y el martillo comunista. Había una geometría en sus vestidos indígenas largos, en su huipil, que ocultaban sus traumáticas cirugías. En sus fotos se puede ver que ella siempre posaba hasta la cadera. En la muestra, sus pinturas son mayoritariamente autorretratos. Cuando pintaba su cuerpo, lo transparentaba. Mostraba el verdadero, con su corsé y su plancha metálica, paralela a la espina, como si fuera una columna griega.

Sus vestidos. Los usaba todos los días.

Frida y Rivera viajaban por Estados Unidos. Eran intelectuales comunistas tolerados y oscilaban entre San Francisco y Nueva York, una ciudad que ella adoraba. Allí deslumbraba con su exótica etnicidad. ”A las gringas les gustan y les prestan mucha atención a mis vestidos y a mis rebozos. Sus mandíbulas caen al ver mis collares de jade”, le escribió a su madre.

“Los adornos se concentran en su torso. Todos los hermosos vestidos y las joyas distraían a la gente de su cuerpo y de su rostro” explicó Circe Henestrosa, cocuradora de la muestra. “Ella comenzó a usar tres o cuatro zoquetes para elevar su piernas y a ponerse esas largas polleras. Pero así como escondía su discapacidad en la ropa, la mostraba en el arte”.

Huipil. Una vestimenta tradicional.

Con sus flores, sus trenzas, su bigote y negras cejas y su ropa étnica, Frida se convirtió en otro ícono: el de la moda y de los fotógrafos en Estados unidos y París. Los 30 vestidos desplegados en la muestra, con sus rebozos mexicanos, guatemaltecos o franceses, no eran vestidos de fiesta. Los usaba todos los días y algunos están quemados con su cigarrillo, que aparece en casi todas las fotos.

Más que una muestra de arte, la exploración arqueológica de una manipuladora de su propia imagen en vida y obra.