• Con las coimas de la obra pública se podrían haber financiado 130 campañas presidenciales
    • Varias localidades bonaerenses amanecieron con pintadas en apoyo a Cristina Kirchner
    • Fin del misterio: lograron identificar los restos de un caído que estaba en una tumba compartida en Darwin
    • Carlos Wagner nombró a once empresas que no estaban siendo investigadas
    • Estela de Carlotto cuestionó que un chofer pueda tener "semejante escritura perfecta"
    • Nicolás Dujovne: "Tuvimos una oportunidad perdida con el kirchnerismo, que fue un gobierno del saqueo"

Cuba: sabor y sinsabores de la isla después de Fidel

Gabriela Esquivada. La periodista trabajó cinco años para entender Cuba. / Alejandra López

“Muerto Fidel se acabó la rabia (comunista)”, deben haber pensado, regocijados, los anticastristas furibundos de Miami aquel 25 de noviembre de 2016, pero la Historia les dijo no: el socialismo cubano sigue allí tras la muerte del Comandante, en esa isla ubicada a escasas noventa millas de los Estados Unidos, que ha dado escritores exquisitos y una experiencia social y política singular en Latinoamérica. En busca de una respuesta al enigma cubano la periodista Gabriela Esquivada viajó, preguntó y escribió durante cinco años y el decantado de ese empeño es su notable libro Ya tú sabes (Debate), una extensa y minuciosa crónica, escrita con una prosa de precisión quirúrgica. La investigación revisita el pasado de la Revolución, sobrevuela su presente bajo la presidencia de Miguel Díaz Canel, analiza la incidencia de la relación con la Unión Soviética durante tres décadas o la gravitación de los exiliados en Miami, entre otros temas. Traza así un mosaico donde puede sentirse el sabor del trópico y las problemáticas que rigen a una sociedad jaqueada por los rigores del bloqueo comercial norteamericano, la propia burocracia estatal y el desguace del campo socialista a partir de la década del 90.

-Hay una frase lacerante en su libro: “Si algo es democrático en Cuba es la pobreza” ¿Percibió asimetrías entre la vida de los dirigentes y la gente de a pie?

-Sí, no sólo las he detectado yo sino que cito en el libro un par de economistas cubanos, que hablan de lo que ya son relaciones sociales no socialistas en Cuba. Ellos tienen datos más generales, mientras que yo puedo contar lo que vi en un restaurante o en las calles. Ellos se refieren a un ingreso de la desigualdad a partir de la gran crisis que se produce con la caída de la Unión Soviética, la “transfusión de nieve”, que es como se le decía al apoyo financiero soviético, y entonces se generan una doble moneda y una serie de fenómenos económicos tras distintas medidas y aciertos, y sobre todo desaciertos. Porque hubo que ir improvisando en una situación crítica, en la que gente pasaba hambre, y después de eso quedó una sociedad más desigual.

Cuando cayó la Unión Soviética hubo que ir improvisando en una situación crítica, en la que gente pasaba hambre, y después de eso quedó una sociedad más desigual”.

-Un antes y un después de la Unión Soviética…

-Si antes existía lo que estos economistas llaman “pobreza con amparo”, de pronto Cuba se empezó a parecer más a otros lugares de América Latina. Nosotros estamos acostumbrados a la pobreza en Latinoamérica, donde no hay una libreta de Abastecimiento como en Cuba, y aunque allá se mantiene la libreta, es mucho más chica que décadas atrás. En los 80 la gente no le daba tanta bolilla, porque no la necesitaba, se tomaban los alimentos porque estaban ahí, porque les salía menos, ahora es algo que necesitan para llegar a fin de mes. Y cuento un caso, es el de un restaurante muy bonito, que se dice que es del hijo de Colomé Ibarra, que es el ex ministro del Interior, un hombre poderoso y héroe de la Revolución, y para montar eso es necesario tener un cierto capital. Son detectables situaciones de privilegio, es decir relaciones no socialistas, pero quizás risibles en comparación con el uno por ciento de los ricos del mundo que en el 2030 van a tener dos tercios de la riqueza mundial.

-¿La escasez material -lo que en la jerga cubana se llama “pasar trabajo”- minó la confianza en los logros históricos de la Revolución en materia de salud y educación?

-Hay un enorme descontento por la economía, porque a nadie le gusta ser pobre, tener las familias divididas, porque los hijos tienen mejores oportunidades afuera. Porque hasta hace poco ir a Estados Unidos bajo la Ley de Ajuste cubano era muy fácil, pero a nadie le gusta ver a sus nietos en la pantalla del celular. Pero también hay casos de cubanos emigrados en Norteamérica que si tienen un problema de salud, se van a La Habana a tratarse. Porque el seguro médico en Estados Unidos es carísimo y si no te atendés en centros de excelencia, tu salud corre peligro. La gente prefiere tomarse un avión y en cuarenta minutos está allá y, como son ciudadanos cubanos, no les sale nada. Confían en la salud cubana. La educación es un tema distinto: la escuela pública no es tan buena como era antes, mientras que la universidad sí mantiene su calidad, entonces el descontento está mezclado, y hay ciertas cosas que se defienden y otras que no.

-¿Cuáles han sido los principales errores y aciertos del proceso castrista?

-El libro está hecho de voces ajenas, porque soy extranjera. Tengo la percepción de que mi lugar es un privilegio, para poder contar esta historia sin las pasiones que se despiertan en las discusiones alrededor del tema Cuba. Miro desde afuera, con una ignorancia que me permite ir a verificar los datos a los libros, pero no me atrevo a decir “esto está bien” o “esto está mal”. De una manera muy general, como un ser humano que podría vivir en Cuba, me parece que cuanta más libertad pueda tener la gente, más rico va a ser el país. Y con “libertad” no me refiero sólo a la política, porque no creo que un chico pobre de una villa argentina sea libre. Por otro lado, en una época en la que aceptamos el triunfo del capitalismo, básicamente porque no quedó nadie del otro lado, hay una pérdida de derechos: parte de los derechos de un ser humano es tener una vida digna, la salud, la educación, la posibilidad de que sus hijos vivan en un ambiente seguro y que no te maten por una zapatilla. Son todas cosas importantes que la Revolución cubana garantizó.

Figura polémica. Fidel Castro, en Cuba es amado y odiado. /AFP

-¿Cómo será recordado Fidel Castro? ¿Como un líder carismático y autoritario o como un héroe que le devolvió la dignidad al pueblo enfrentando al imperialismo?

-El legado de Fidel ya está. Con su muerte todo quedó cerrado. Su final se esperaba, porque era un señor muy mayor y estaba enfermo. Para los cubanos va a ser siempre esa suerte de ser mágico, bifronte. Algunos lo van a ver como una figura enorme, redentora, y otros como una figura enorme, malvada. Es notable, porque ha dejado de ser un ser humano normal y se ha convertido en un ser mitológico, habiendo sido además una leyenda en vida.

Parte de los derechos de un ser humano es tener una vida digna, que sus hijos vivan en un ambiente seguro y que no te maten por una zapatilla. Son todas cosas que la Revolución cubana garantizó”.

-¿Divide a los cubanos?

-Causa mucha división: no es muy distinto a otros grandes nombres como Mandela, o San Martín, que no les dijo a los españoles “se van, por favor”. Todos los grandes hombres y mujeres son divisivos. Dentro de Cuba va a ser esa cosa siempre difícil de mirar: como un superhéroe o un supervillano. Desde el resto del mundo, se lo puede ver como un líder político que llevó adelante una revolución en un momento histórico en que parecía posible hacer eso. No escribió mucho, no deja una obra teórica. Mirado desde afuera, todo empieza y termina con él. Hay que ver qué hace la sociedad cubana, transformada por la gran crisis, en el futuro. Me parece que lo que empezó en 1959 terminó.

Buenos Aires, 1967.

Es periodista, traductora y editora de libros de no ficción. Ha publicado “Noticias de los montoneros. La historia del diario que no pudo anunciar la revolución” (2009) y textos breves incluidos en antologías como “Sam no es mi tío. Veinticuatro crónicas migrantes y un sueño americano (2012).

Además, ha publicado crónicas y reportajes en Página 12, Página 30, La Nación, Rolling Stone, Etiqueta negra, Gatopardo, El País y Crítica, entre otros medios. Actualmente escribe en Infobae.