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¿Cuántos libros tiene que vender un escritor argentino?

Samanta Schweblin. Una escritora argentina que sostiene las ventas.

Si algo amamos amar, en nuestra cultura argentina, es la existencia de una constelación de editoriales independientes, cada cual con brillo propio. Y cómo no: surgidas al calor de la crisis de 2001 -ese calor de gomas quemadas en las esquinas-, estas editoriales que van de medianas a mínimas (pueden estar formadas por un par de personas con un buen capital o por cinco amigas entusiastas) movieron mucho de lo más interesante de la literatura argentina de los últimos 20 años.

Oh, 20 años ya. Las independientes se consolidaron, entraron a la Feria del Libro, lanzaron autores que tuvieron buena acogida y, como siempre pasa, se les fueron con las editoriales grandes, que tienen mejor distribución y, generalmente, pagan mejores adelantos. Y hasta inventaron una Feria del Libro propia, la Feria de Editores, que se fue llenando de gente. Este fin de semana -de viernes a domingo- se hace la séptima edición en el Centro Cultural Konex. Nadie duda de su éxito.

Del editor al lector en serio, atendidas por sus propios dueños en serio, las editoriales ofrecen a los lectores ese viejo y buen uno a uno y la disposición para hablar de literatura. No habrá grandes “banners” ni empleados uniformados con frases marketineras. Un alivio.

Pero el lado B del entusiasmo independiente es, quizás, igual a su virtud: los libros -muchas veces distribuidos a pulmón por los propios editores, que también serán correctores, traductores y lo que haga falta- no siempre se encuentran en muchas librerías. Los autores no siempre cobran algo por su trabajo. Pero los editores tampoco: una cadena de producción cultural literalmente por amor al arte.

¿Cuántas editoriales independientes sacan el equivalente a un sueldo para quienes trabajan en ellas? Dos o tres, calcula un editor que pide discreción.  Como muchas, su editorial publica entre dos y cuatro libros por año. Y transita esos meses como un equilibrista: tiene que vender unos 1.000 ejemplares de un título para no caerse de la cuerda. Este año la pegó con uno -que resultó a la vez de calidad y atractivo para un público más amplio- y eso le da aire para seguir editando. Así la vida. Y tiene uno, dos trabajos más: eso sostiene la pasión editora.

En general, aporta otro editor, se hacen tiradas chicas, dirigidas a un público específico, un fenómeno heredero del que protagonizó la poesía en los años 90. Conocen a sus lectores, hacen los ejemplares necesarios, sobreviven. Y más de una vez traen exquisiteces no gratas al paladar del gran público y cuyos números no son aptos para una editorial grande.

 “Publicar hoy es barato”, repiten todos. La tecnología hace que no sea necesario imprimir los 3.000 ejemplares de rigor décadas atrás. Y permite hacer la experiencia.

¿Cuántos libros vende un autor argentino? Desde una editorial trasnacional hacen una cuenta rápida: un tanque, 80.000 ejemplares, un libro bien comercial, 50.000; autores más “literarios” pero con nombres conocidos, entre 15.000 y 30.000. Los demás, por bien que escriban, de 1.500 para abajo. Son números optimistas: en empresas equivalentes, otros estiman que un autor argentino “del montón” no vende más de 1.000 ejemplares. No paga ni los costos de los que hablaba el editor independiente…

Quizás las independientes -recordemos otra vez el calor de su nacimiento- respondan al lugar que va tomando la literatura en la época: una experiencia a la que cada vez menos gente le dedica cada vez menos tiempo -así lo i indica, de manera contundente, la última encuesta de consumos culturales del Ministerio de Cultura de la Nación, que muestra que en 2013 el 57% de la población leyó por lo menos un libro y en 2017 sólo el 44: más de la mitad de los argentinos no agarraron un libro en todo el año.

En la década del 80 la ensayista Beatriz Sarlo pronosticaba que, en el futuro, los lectores seríamos bichos raros encerrados en grutas. Sin llegar a tanto, damos lugar a un fenómeno en que “gourmet” también significa “poquitos”. ¿Cuánto se sostiene una literatura hecha a expensas del tiempo libro o la herencia? Esas dudas aparecen junto al florecimiento de las editoriales independientes, que merecen, por supuesto, todos los honores.