Atwood, Piñeiro y el aborto: el terror de la ficción roza la realidad

Con el cartel. Atwood, con la imagen del #Niunamenos

No hay como la ficción para hablar de la realidad. Como si fuera un meme, el martes un grupo de mujeres se calzó la pilcha que usan las criadas en la serie El cuento de la criada -basada en una novela del mismo nombre, pero la potente imagen es de la pantalla- y se plantó frente al Congreso. Caminaron con la cabeza gacha, como en la tele. No hizo falta declaración alguna: el texto de lo que querían decir estaba escrito en la ficción de Margaret Atwood. El argumento ya es famoso: con la excusa de un falso atentado terrorista, el extremismo cristiano gana el poder y la sociedad se vuelve totalitaria. Por la contaminación gran parte de las mujeres son estériles y las que no son sometidas a ser “criadas” y producir hijos para los Comandantes y sus esposas. Como yogurteras: se ponen los ingredientes, se les da tiempo y sale el producto. En el prólogo, Atwood cuenta que, entre otras cosas, se nutrió de “el robo de niños en la Argentina por parte de los generales”.

Da escalofríos.

Todo eso dijeron esas mujeres -el colectivo Periodistas Argentinas- con sólo aludir a la novela de la escritora canadiense. Hablaban del terror y de la esclavitud. Anoten esa palabra.

No me sorprende que haya gente que no me lee más”.

La presencia de las autoras en la vida política no termina ahí. Ayer se supo que hubo movida en las redes para bajar a Claudia Piñeiro, la autora de Las viudas de los jueves, de una charla con el cubano Leonardo Padura en agosto, en Fundación OSDE.

Piñeiro es una de las caras visibles del movimiento a favor de la legalización del aborto: en la apertura de la Feria del Libro habló vestida con el verde de la campaña y, por si no se había entendido, al final mostró el pañuelo verde.

Esa exposición no sería gratis. Con la cordialidad que suele aparecer en el anonimato de las redes, la llaman “escritora abortera” y convocan a comunicarse con la empresa de medicina para que no hable en su actividad literaria. Y da el teléfono “para desafiliarse o putearlos”. Piñeiro contó que, desde la semana pasada, cuando esto empezó, llamaron unas cien personas por día. La prepaga dijo a Clarín que no habían sido tantos, pero no dio precisiones. Y aseguró que -para ese momento la ley ya estará votada, por sí o por no- el encuentro entre los autores se hará “como estaba previsto” y sin medidas especiales de seguridad. Porque el tono de los mensajes es el de una amenaza.

“Es una charla de literatura”, dicen fuentes de la empresa. Pero también se trata de eso: ¿la que escribe está tan lejos de la que milita? “No me sorprende que haya gente que me diga que no me lee más”, dice la novelista.

Atwood había calentado las redes el mes pasado, cuando dio un paso fuera de la ficción y se tiró de cabeza al debate sobre el aborto en nuestro país. Desde su cuenta de Twitter interpeló a la vicepresidenta Gabriela Michetti, una de las espadas contra la ley. Este martes se conoció un texto que la canadiense le mandó al diario UNO de Santa Fe. En él decía cosas como: “Las mujeres que no pueden tomar la decisión sobre si tener o no bebés son esclavas, porque el Estado reclama como propiedad sus cuerpos”. Esclavitud, habíamos dicho.

Atwood conoce de cerca lo que pasa en el movimiento de mujeres argentino. En diciembre, cuando estuvo en el país, almorzó con parte del colectivo Ni una menos. Las argentinas le contaron que el aborto era un tema que se venía. Fue en la embajada canadiense: Justin Trudeau, su Primer Ministro, apoya con firmeza y recursos la interrupción voluntaria del embarazo.

Intencionalmente verde. Piñeiro en abril, en la apertura de la Feria del LIbro. / Juan Manuel Foglia

La escritora hizo hincapié en la necesidad las mujeres apoyen a las mujeres. Y mucho en que había que sumar a los varones, no dejarlos de lado. Quedaron en contacto: no sorprenda si en estos días vuelve a salir la canadiense con el tema… o el Primer Ministro.

La canadiense suele decir que en sus historias tremendas no inventa anda, que todo lo que cuenta pasó alguna vez en la Historia. Quizás por eso angustia. Y ayuda a pensar. 

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